Burdeos

Los primeros asentamientos humanos en lo que hoy es Burdeos datan del Neolítico y de la Edad de Bronce, según atestiguan los vestigios descubiertos durante diferentes trabajos urbanos llevados a cabo en el siglo XIX –como en Tarragona, que en cuanto excavan un agujero para plantar un seto, descubren un anfiteatro-. Los primeros restos arqueológicos propiamente dichos fechan la ocupación del territorio en el siglo VI aDC. Desde entonces, han pasado por Burdeos griegos, celtas, romanos, vándalos, visigodos, francos, árabes, vikingos e ingleses. A partir de 1453, por fin son franceses, al principio, a regañadientes: les molaba más permanecer bajo el dominio de las secuelas de los Platagenet.

Luego, siguiendo con ese eclecticismo tan suyo, se lucraron –y cómo- con la trata de negros. Eso sí, según explican en el Musée d’Aquitaine, en Burdeos a los esclavos los usaban para trabajar, no para intercambiarlos por las riquezas de las colonias como hacía Nantes, que sí que se hizo de oro comerciando con personas –nótese un poco del infantil “y tu más” en la argumentación-. Ahora bien, hay que reconocer que tienen el valor de hacer autocrítica e incluso exponer, además de los grilletes y las cadenas que se utilizaban, fotografías de esclavos con los pies mutilados o algún ojo amoratado. Todavía espero que por las españas se reconozcan los horrores de la Santa Inquisición. O de las encomiendas. En fin.

Burdeos_museo de aquitaniaAparte de las salas dedicadas al comercio atlántico y el esclavismo, otros aspectos muy interesantes del Museo de Aquitania son la gentileza de su gratuidad –atención familias, solo cobran por las exposiciones temporales- y la manera de exponer la historia del territorio, desde la Prehistoria hasta hoy –es un decir: el pabellón de la historia más reciente está montándose ahora mismo-. Me ha encantado poder ver, para variar, algo más que pantócrators, retablos y vírgenes negras en la sección dedicada a la Edad Media. De hecho, es la primera vez que no la recorro a toda velocidad para saltármela. La exposición de la Gironda y la Revolución Francesa también es muy completa, como era de esperar. Un audiovisual muy ingenioso va borrando paulatinamente a los girondinos de un mismo óleo por riguroso orden cronológico de decapitación. Clac. Clac. Clac. Robespierre, la mano que controlaba la guillotina, no les sobreviviría mucho.

El centro histórico de Burdeos es, por sí mismo, un gran museo al aire libre. Saliendo del Museo de Aquitania, nos hemos topado con la Tour Pey-Barland –aunque no hemos subido a ella-, el campanario gótico que se ubica a ocho metros de la catedral de Saint-André y en cuyo pináculo a algún iluminado se le ocurrió, ya en el siglo XIX, plantificar una virgen que la desluce bastante. Sí que queríamos subir al campanario de la iglesia de Saint-Michel, también separado de su basílica, que los bordeleses han apodado como “la flèche” por su forma puntiaguda. Sin embargo, los aledaños del conjunto estaban en obras y su perímetro, vallado, así que lo único que hemos podido hacer allí ha sido, muy a nuestro pesar, rebozarnos los pies en arena. Un peeling involuntario no muy agradable, cabe decir. Burdeos_porte cailhauTambién nos hemos acercado a dos puertas de la ciudad que me han hecho pensar en aquel juguete de mi infancia llamado Exin Castillos: la Porte Cailhau, que fue la principal puerta de entrada a Burdeos mientras existió el Palais de l’Ombrière, y la Grosse Cloche, lo único que queda de una antigua puerta defensiva que permitía el paso entre la doble muralla.

Hemos acudido a la Fnac en busca de algún libro que me aportara algo más de información sobre esa gran desconocida que es Alice Guy Blaché. Tan ignorada permanece la pobre que, cuando le he preguntado a la tipa de la susodicha tienda si tenían alguna biografía o ensayo que hablara de ella, me ha asegurado que no tenía ni idea de quién era y, tras buscar en la sección cine, me ha confirmado que allí no había nada acerca de esa gran pionera, coetánea de los hermanos Lumière y primera persona que dirigió una película -ahí lo dejo-. Sí que he podido hacerme con, además de una biografía de Leonor de Aquitania, dos curiosos diccionarios, “Le petit dico Franglais-Français” de Alfred Gilder, que propone varios vocablos franceses a cada anglicismo invasor, y “Oxymore, mon amour!” de Jean-Loup Chiflet, que se autodefine como un diccionario inesperado de la lengua francesa. Las típicas reflexiones acerca de la lengua que me chiflan.

Me hubiera gustado contemplar de cerca el Miroir d’Eau, pero hacía un sol tan abrasador que hubiéramos perecido calcinados antes de llegar, tan solo atravesando el Quai de la Douane. O visitar el Petit Hôtel Labottière, aunque solo abre los sábados y nosotros el próximo ya estaremos regresando a Barcelona. No obstante, hoy no podía pedirles más a nuestras adolescentes hijas, que han aguantado estoicamente una jornada turística que les interesaba poco o nada.

Burdeos_esculturaJaumePlensaAntes de irnos nos ha observado telepáticamente, en plan mística, Sanna, una obra monumental de Jaume Plensa que se erige, serena, en la place de la Comédie. A los bordeleses les gusta tanto –formaba parte de las 11 creaciones del escultor barcelonés que se expusieron en las calles de la ciudad desde junio hasta octubre de 2013- que han organizado una recolecta para quedársela. 150.000 eurillos de nada tienen que conseguir. Pues a ver si lo logran.

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