Viñedos toscanos

Toscana2012.jpgDesde mi subjetivo punto de vista, los paisajes más arrebatadores de Toscana se ubican en las regiones donde se producen sus más renombrados caldos. Tuvimos ocasión de recorrer las provincias de Arezzo y Siena hace cuatro años, durante una de nuestras escapadas románticas. En las deliciosas colinas delimitadas por hileras de cipreses se cultivan tanto el viñedo autóctono, el Sangiovese o Sangioveto, como el Cabernet o el Merlot. Aunque existen numerosas denominaciones de origen toscanas, las más renombradas son, quizás, cuatro: Chianti Classico, Brunello di Montalcino, Nobile di Montepulciano y Morellino di Scansano. Eso, en cuanto a tintos. Hay un vino blanco, el Vernaccia de San Gimignano, que también goza de cierto nombre, para nosotros incomprensible: lo probamos en Siena y no nos gustó. No obstante, reconozco que somos más de tintos, los blancos como que ni fu ni fa.

El territorio vitivinícola toscano más archiconocido es, sin duda, Chianti, la comarca situada entre Florencia y Siena. A pesar de la mala fama conseguida a causa de las malas prácticas de algunos productores poco escrupulosos, que compran uvas en otros lugares y comercializan vinos de ínfima calidad a los que también llaman Chianti, reporta unos excelentes vinos. Eso sí, hay que prestar atención al etiquetado y buscar la distinción específica de Chianti Classico.

Otra denominación de origen mucho más exclusiva es la de Brunello di Montalcino, cuyo precio es inversamente proporcional a su baja producción. Las bodegas de la localidad de Montalcino son elegantes, refinadas y solo accesibles para quienes cuentan con un alto poder adquisitivo. Corona la localidad su emblemática Fortezza, levantada en el siglo XIV y de acceso parcialmente gratuito: hay que abonar entrada para recorrer el camino de ronda de su perímetro. En uno de sus torreones su ubica la Enoteca La Fortezza di Montalcino. En nuestra opinión, Montalcino tiene un aire un poco esnob. Pero, claro, para gustos, los colores. O los vinos.

Nos pareció mucho más interesante la visita a Montepulciano, con una denominación de origen que, además, es bastante más extensa que la de Montalcino. Su gama alta son los de la categoría Nobile di Montepulciano, que acostumbran a madurar de dos a tres años en barrica antes de ponerse a la venta. Montepulciano es una bonita población medieval encaramada sobre una colina, ubicada estratégicamente entre la Val di Chiana y la Val d’Orcia. A lo largo de su calle mayor se alinean palacetes renacentistas y exquisitos establecimientos de degustación donde saborear y adquirir sus magníficos caldos. Si tenéis ocasión de visitarla, no dejéis de hacerlo.

Los Morellino di Scansano, que se producen en la Maremma grossetana, gozan también de cierto reconocimiento. Sus viñedos crecen en zonas más templadas, cercanas al mar Tirreno. Bolgheri Sassicaia es la denominación de origen más prestigiosa de ese territorio litoral. Se elabora con cepas Cabernet de un área específica del municipio de Castagneto Carducci y lo produce en exclusiva la hacienda Tenuta San Guido de Bolgheri.

88.Vista.jpgLamentablemente, durante nuestra incursión toscana de pareja no llegamos a la Maremma: quedaba demasiado alejada de Cortona, donde nos alojábamos –qué maravillosa estancia, durante cuatro días nos alimentamos de vino y bruschette-. Hoy hemos querido aproximarnos, si no a la distante Maremma grossetana, sí a la población de la Maremma livornesa que teníamos más a mano, Castagneto Carducci, donde de nuevo nos ha sorprendido un aparcamiento gratuito a disposición de los visitantes.

A la entrada de la pequeña localidad ha despertado nuestra curiosidad una indicación, Museo dell’Olio. Nos ha costado un poco encontrarlo porque se escondía en la recoleta Piazzeta della Gogna y más que un museo es un recoveco con cuatro vasijas mal colocadas. Hemos conjeturado que, en realidad, funciona de anzuelo para que los turistas se aproximen a la figura del anarquista Pietro Gori, que desde el pasado 8 de enero cuenta allí con una suscinta exposición –con su correspondiente merchandising de camisetas y bandoleras-, Nostra patria è il mondo entero. Todo un personaje, el tal Gori. Wikipedia me desvela que nació el mismo día que yo –aunque 102 años antes- y que fue poeta, periodista, escritor, compositor, criminólogo y abogado. Tomayá. No obstante, no dispuso de demasiado tiempo para batallas dialécticas porque falleció a los 45 años –con tanta actividad intelectual, seguro que de puro agotamiento-.

89.Mosquiteras.jpgEn una plazuela se secan al sol algunas mosquiteras. Estoy por pedir prestada un par de ellas para sobrellevar nuestra última noche aquí: los insectos autóctonos son inmortales. El tul abunda por Toscana, y no solo como barrera de protección contra los bichos: hemos visto crespones rosas y azules colgados de puertas indicando natalicios, y crespones de velo de novia señalando bodas recientes.

89.TorreonSubiendo una empinada costanilla nos encaramamos al punto más alto de Castagneto Carducci, la obviable rectoría de San Lorenzo, cuyo torreón es neogótico –o sea, fake-. El único interés radica en que desde su escalinata se divisa, allá a lo lejos, el mar.

90.AlbaBijouxEn cambio, paseando cuesta abajo por las callejuelas adoquinadas, mi corazón de urraca se desboca cuando me doy de bruces con la tienda de bisutería más maravillosa del mundo mundial. Ante mis hechizados ojos, un sinfín de pendientes, brazaletes, gargantillas y diademas irradian mil y un brillos refulgentes de preciosas y multicolores tonalidades. El tiempo se detiene y, entre tanto, mi pequeña familia se pudre fuera esperando. Como me reclaman varias veces, no sin gran dolor abandono el hipnótico establecimiento, agarrando cual alimaña mi valioso botín de Alba Bijoux, la marca de la artesana joyera Maria Teresa Buccella. Me siento un poco Gollum con my precious.

No puedo pedirle más a Castagneto Carducci y tampoco queremos abusar de los kilómetros la víspera de nuestra partida, así que nos desplazamos sin prisas entre viñedos y olivares. Intentamos asomarnos a las playas rocosas de Quercianella, en la Costa degli Etruschi, pero desistimos ante la formidable humanidad con que nos topamos. Ya definitivamente de regreso, interminables hileras de coches invaden los márgenes de la carretera, mientras sus usuarios disfrutan de la jornada en Cala del Leone y, más delante, ya en Calafuria –denominada así por el ímpetu de los elementos sobre sus escarpados despeñaderos-, en Scogli Piatti. El litoral al sur de Livorno es fascinante y está repleto de interesantes calas, aunque para los amantes de las playas fácilmente accesibles quizás no sea la mejor opción.

Esta noche nos espera, por supuesto, una botella de Nobile di Montepulciano. Qué gran vino. Brindaremos por nuestras vacaciones toscanas y por las venideras, que quién sabe dónde serán, o si tan siquiera serán: la vida mercenaria es siempre impredecible. Per Bacco!

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