Parc naturel régional de Camargue

Marismas

Hermoso lugar donde se alternan los campos de arroz, las marismas y las llanuras por las que pastan, libremente, los caballos y los toros camargueses. Tuvimos la suerte de hacer una pausa para almorzar en un agradable merendero, Mas Saint Bertrand (http://www.mas-saint-bertrand.com), regentado por un matrimonio encantador que aún recordaba, con memoria fotográfica, su luna de miel en Peñíscola, 50 años atrás. Nos facilitaron información y disfrutamos de un paréntesis muy agradable en su soleado jardín.

Nuestra recomendación para visitar la Camarga es que os acerquéis hasta la cuna del imperio Solvay, Salin-de-Giraud, y aprovechéis para ver las salinas antes de tomar la D36c para bordear el Étang du Vaccarès. La siguiente parada podéis hacerla en los aledaños de la Digue à la mer: tras aparcar el coche se puede llegar paseando hasta el Phare de la Gacholle por un camino completamente llano que atraviesa las marismas. De vuelta a vuestro vehículo, rodeáis el estanque y vais parando a discreción para disfrutar de las vistas cuando os apetezca. Desde Pioch-Badet se toma la Route de Cacharel, que atraviesa un hermoso paisaje en el que se pueden avistar flamencos y otras aves autóctonas y lleva hasta Les Saintes-Maries-de-la-Mer, población costera tipo Lloret o Calella de la Costa (lo advertimos por si, como a nosotros, os horripila ese tipo de lugar: podéis obviar la visita).
Flamencos

Anuncios

Aigues-Mortes

– ¿Por qué la ciudad de Aigues-Mortes tiene un nombre que no es francés?

– Sí que es francés, lo que pasa es que no lo pronuncias bien.

El chovinismo francés salpica con la misma creatividad y fantasía pósteres, folletos y conversaciones, y lo mismo ningunea el occitano -mientras Frédéric Mistral se revuelve en su tumba- que se mira el ombligo o analiza con precisión de entomólogo la pronunciación de los esforzados extranjeros, que nos sentimos más étrangers que el de Camus. Aunque no todos los franceses son chovinistas, por suerte para todos. Sobre todo para ellos.

La ciudad en cuestión existe gracias al trueque que hizo Luis IX de Francia (o San Luis si sois devotos) para alcanzar el Mediterráneo e irse de cruzadas a decapitar infieles (qué absurda es la naturaleza humana… todavía hoy). Suponemos que el trueque no fue demasiado difícil, porque esas tierras eran unas marismas fétidas y pantanosas (de ahí el nombre del villorrio).

Imagen

En fin, historietas aparte, la ciudad tiene mucho encanto, con esa fortaleza imponente jamás violada (no por nada: el puerto oficial de la monarquía francesa se trasladó a Marsella a la primera de cambio) desde la que se pueden contemplar tanto las espléndidas vistas hacia las cercanas salinas como las fascinantes azoteas de las casas de los lugareños. Algunas callejuelas deparan agradables sorpresas para la mirada curiosa, desde fachadas de casitas de cuento hasta pequeñas tiendas repletas de objetos de mil y un colores y cosquilleantes aromas que gritan “¡llévame contigo!”.

Camarga y Provenza

AlojamientoLas pasadas vacaciones de Semana Santa decidimos acercarnos a una zona de Francia que está a cuatro horas de coche desde Barcelona. Gracias a la recomendación de nuestra amiga Alicia Billon nos hospedamos en el Domaine des Clos, entre Bellegarde y Beaucaire. Os lo recomendamos mucho (siempre en temporada media o baja, en pleno verano es escandalosamente caro), tanto por su ubicación (“entre Provenza y Camarga”, como reza su publicidad), como por la calidad y el buen estado de sus instalaciones, la amplitud de espacios y las diferentes posibilidades de alojamiento. Nosotros optamos por uno de sus apartamentos por razones obvias (somos dos adultos y dos no-tan-niñas y hacer todas las comidas fuera de casa durante una semana es insostenible), pero también disponen de habitaciones que comparten algunos espacios comunes, como comedores o pequeñas cocinas. Si queréis, podéis echar un vistazo a su web: http://www.domaine-des-clos.com

Nuestro apartamento, Le Pigeonnier, tenía las camas ya hechas a la llegada y, además de toallas para todos, contaba con trapos de cocina e incluso un mantel de algodón para la mesa. Impecable, bien decorado, acogedor, muy luminoso y con limpieza final incluida. Para nosotros, perfecto.

En Camarga y Provenza hay tantos lugares de interés para visitar que se nos hizo muy corta la estancia. Hubiéramos necesitado por lo menos una semana más para, además de completar la lista de incontournables, disfrutar de nuestro excelente alojamiento. Definitivamente, los días de fiesta deberían ser de goma elástica. En fin, à la prochaine, que dicen los franceses.