Un brindis (o los que haga falta) por el 2020

PenjatsSanMillanEmpezamos el año en Ezcaray con la intención de explorar sus aledaños y, de entrada, San Millán de la Cogolla se nos resiste: nuestro coche empieza a renquear poco antes de Berceo. Nos detenemos en el arcén y, tras cruzar algunas llamadas con nuestra compañía aseguradora y el servicio de asistencia de Nissan -cielos, ¿cómo sobrevivíamos antes de que existiera el teléfono móvil?-, esperamos pacientemente a la grúa que nos ha de llevar a la capital de La Rioja. Entre tanto, a nuestro automóvil-refugio le abraza un gélido aliento de Mordor: estamos a -3°C y la densa niebla se podría enrollar como algodón de azúcar.

pochasLogroñoPrimera lección del año: tomarse cualquier contratiempo de la mejor manera posible. Por ejemplo, con unas pochas con almejas en la calle del Laurel de Logroño.

SanMillánDayAfter24 horas después, insistimos en acudir a la cuna de la lengua castellana. Inasequibles al desaliento, detenemos nuestro vehículo de sustitución en la misma esquina de la carretera donde nos quedamos tirados. En esta ocasión, luce un sol radiante y aprovechamos para otear los campos salpicados de escarcha y los árboles desnudos, que de tanto en tanto sostienen racimos de muérdago. Más adelante atisbamos, por fin, San Millán de la Cogolla, la aldea que les creció a dos monasterios cuyos nombres derivan del latín: Suso, de sursum, arriba, y Yuso, de deorsum, abajo. En efecto, una toponimia digna de Barrio Sésamo.

SusoInfantesLaraEl origen del pequeño monasterio de Suso es la gruta donde el eremita Millán oraba entre los siglos V y VI: nuestra guía nos explica que el santo vivió 101 años. También nos refiere abracadabrantes milagros y pérfidas maniobras de los infieles, e hilvana un relato entre trasnochado y maniqueo en el que no falta la pincelada gore de los cadáveres decapitados de los siete Infantes de Lara, que yacen en el claustro del monasterio. El malvado personaje culpable de todas las fechorías es Al-Mansur bi Allah –el victorioso de dios-. Sí, el mismísimo Almanzor.

SusoCapitelesAlabastroLos devotos de Millán fueron mejorando poco a poco la cueva que cobijaba los retiros espirituales del santo. Así, pronto llegó una primera construcción visigótica y, ya en el siglo X, una interesante ampliación mozárabe, entre cuyos vestigios destacan los característicos arcos de herradura y dos primorosos capiteles de alabastro, que sobrevivieron al incendio provocado por las huestes de Al-Mansur en el año 1002. El recinto se recuperó con alguna última mejora en estilo románico antes de trasladar las reliquias de San Millán al flamante monasterio de Yuso, que se levantó, entre otros motivos, para consolidar la nueva liturgia romana y finiquitar los ritos mozárabes hispanos del viejo cenobio emilianense -obviamente, nuestra católica y apostólica guía omite esta información-.

SusoMozárabeLa iglesia es lo único que se conserva del famoso monasterio, cuya importancia radica, más que en el santo que propició su fundación, en los manuscritos que se crearon en su desaparecido scriptorium, uno de los más prestigiosos de la Edad Media: la Biblia de Quiso (664), una copia del Apocalipsis del Beato de Liébana del siglo VIII, el Códice Emilianense de los Concilios (992), las famosas Glosas Emilianenses y la Vida de Santa Oria de Gonzalo de Berceo, primer representante del mester de clerecía.

YusoAunque ya hice la visita guiada a Yuso con mis amigas Maite y Marta hace un par de meses, me encanta volver a hacerla: además de disfrutar de los nuevos detalles que aporta Leire -ninguna guía comenta el recorrido de manera idéntica-, me arrebata volver a escuchar de primera mano el fascinante uso del alabastro para preservar frescos y cantorales.

Nuestro interés por el tinto graciano nos conduce a la Bodega Abel Mendoza, en San Vicente de la Sonsierra. Nos recibe Maite, enóloga y esposa de Abel, quien enseguida nos invita a acomodarnos en una cálida cocina-comedor que se nota muy vivida -al fondo, un jamón en proceso de mengua, detrás de nosotros, una chimenea colosal en la que todavía se aprecian las cenizas de la última velada entre amigos-. Es una afable mujer que nos va desgranando los orígenes de su proyecto de vida, hace ya 30 años, las peculiaridades de la orografía de la zona -es un territorio riojano que comparte margen del Ebro con Álava en alegre promiscuidad- y cuánta enjundia encierra cada una de sus botellas de vino.

BodegaAbelMendozaMaite nos detalla el proceso de maceración carbónica con que elaboran sus caldos: la uva se recoge a mano, se transporta a pequeña escala y se vierte en un lago -así es como se denomina el gran depósito abierto de cemento-, donde los granos enteros fermentan intracelularmente. En ese inmenso lagar se sigue prensando la uva como antaño: pisándola. Mediante este proceso se obtienen tres calidades distintas de vino: el de lágrima o yema, procedente de los racimos rotos, el corazón, que proviene de la pulpa de los granos de uva enteros, y el de prensa, fruto del último estrujado. En Abel Mendoza solo embotellan el vino corazón, el de lágrima y el de prensa lo venden a empresas que comercializan vinos a granel.

Cinco familias viven de su producción vitivinícola, que por decisión propia se restringe a 70.000 botellas al año. Comercializan quince vinos distintos, uno de los cuales combina las cinco variedades de uva blanca autóctona que cultivan: malvasía, viura, garnacha blanca, torrontés y tempranillo blanco. Por desgracia, nos quedamos con las ganas de probarlo, porque ya no les queda ninguna botella. Sí que nos llevamos, entre otras preciosas adquisiciones, su vino 100 % graciano, aunque nos advierte de que debemos dejarlo envejecer unos meses más en su botella, cuantos más, mejor. Así lo haremos.

Haro_decadenteDurante nuestros días de asueto riojano visitamos también Haro, cuya sobrecogedora decadencia nos conmueve, y Santo Domingo de la Calzada, en cuya catedral un gallinero gótico alberga dos insólitos y plumíferos huéspedes: los mitos y leyendas de la zona nunca dejarán de sorprenderme. Ambas poblaciones despiertan en nosotros entre compasión y ternura: los carteles de inmuebles en venta, los más tan regios como desvencijados, son legión.

Desde nuestro subjetivísimo punto de vista, nada puede compararse a Ezcaray, tan pequeña y, a la vez, tan afín a todo aquello que nos gusta.

Los lugareños se muestran quejosos por la falta de nieve, que impide abrir las pistas de esquí de Valdezcaray, aunque se consuelan con los preparativos de la cabalgata del 5 de enero. Desde las ventanas de nuestro apartamento contemplamos la comitiva, encabezada por Herodes, que conduce un carro romano tirado por un burro, y un grupúsculo de centuriones con las piernas y los brazos al aire, eso sí que es ardor guerrero. A pesar del rucio, la puesta en escena promete. Pero no: tras la guardia pretoriana del rey de los judíos, avanza una colorida locomotora (¿?), luego tres comparsas de películas infantiles en plan carnaval anticipado y, por fin, las tres carrozas de los magos de Oriente. Y sí, lo habéis adivinado: Baltasar es Al Jolson en “The Jazz Singer”, pordiosquédespropósito.

Pero no hemos venido a aquí a ver la cabalgata, sino a almacenar botellas de vino para los próximos meses y a saborear las exquisiteces locales.

PulpoCasaMasipReservamos mesa en Casa Masip y no puede gustarnos más. El salón es clásico pero acogedor, y nos instalan en una mesa soberbia, bajo una de las ventanas que dan a la calle. Me pido una sensacional carbonara con setas capuchinas y trufa negra, y perdiz escabechada con una vinagreta muy particular, suave, dulce y jugosa. Regamos el almuerzo con un Allende Graciano de 2005 y salimos del restaurante pletóricos.

En cambio El Cuartito del Echaurren nos decepciona terriblemente. La ensalada de aguacate y langostinos es un cóctel de gambas versionado que nada en salsa rosa -un aderezo que me repugna-, el tartar de salmón estilo salpicón, que podría ser un plato exquisito, está innecesariamente bañado en mayonesa, y la pasta fresca con huevo escalfado, verduritas y gambas está ahogada en mantequilla. Tras ese abuso de aliño a traición, salgo del restaurante con el estómago revuelto. Nadie es perfecto, ni siquiera los Paniego.

De todos modos, nuestro restaurante preferido ezcarayense es el coqueto bistrot que improvisamos cada noche en nuestro cálido apartamento abuhardillado, alumbrados por el hipnótico fuego de nuestra chimenea de hierro colado. Por muchas cositas ricas y muchos descorches más.

CenitaEnCasa

Arnedo

Reconozcámoslo: saber de quién te hablan cuando nombras a Nadia Comaneci delata una flagrante madurescencia. La famosa campeona de barra de equilibrio de los años 70 inspiró el nombre de guerra de uno de mis grupos de whatsapp, las komanechis, que por algo reinamos las tres en la barra de los bares que nos gustan o en el balcón de mi casa, donde compartimos mojitos cuando necesitamos terapia de amigas.

Una de aquellas noches en las que nos arropamos con risas y confidencias, Maite, la komanechi riojana, ofreció su casa de Arnedo y su automóvil para nuestra primera escapada juntas: ya iba siendo hora después de tantos años –nos conocimos hace muchisísimo a través de nuestras hijas-. Aunque me atrevo a afirmar que Marta, la komanechi más noctámbula, fue la verdadera instigadora de nuestra escapada otoñal, que agendamos con meses de antelación.

Llegamos a Arnedo a tiempo para asaltar uno de los outlets de la localidad. Maite nos cuenta que algunos vascos se acercan un par de veces al año para comprar ropa de deporte, calzado o prendas de vestir. No me sorprende, jamás hubiera imaginado que existiera una oferta así en mitad de La Rioja. Abracadabrante.

Sopitas_privéDespués del largo trayecto en automóvil desde Barcelona, cunde el cansacio, pero sobretodo el hambre. La oferta de restauración de la población riojana es, aunque limitada, sensacional. La mejor es, quizás, la del restaurante Sopitas. Excavado en el subsuelo, cada recoveco es un reservado donde nos cobijamos como en un refugio, a salvo de miradas ajenas y tan solo salpicadas por la cháchara y las risotadas de las conversaciones aledañas.

Sopitas_pimientosAntes de acordar nuestra selección de platillos, Maite nos advierte de que las raciones son más que generosas. Qué sabio consejo. Saboreamos unas cazuelitas de migas de pastor como entrante de bienvenida y luego compartimos los indispensables pimientos de cristal asados, una soberbia sartenada de alcachofas, unos canelones de foie trufados y unas manitas de cerdo tan melosas que se volatilizan en el paladar. Por supuesto, todo ello regado con el vino de Rioja que nos recomienda nuestra anfitriona.

Aunque ella nació en Barcelona, la familia de Maite procede de Arnedo, donde disponen de una vivienda increíblemente espaciosa en la que pueden hospedarse cómodamente 14 personas. Como el espíritu de nuestra escapada es el de unas colonias madurescentes, optamos por compartir una habitación con dos literas, en cuyos lechos nos agusanamos enfundadas en nuestros sacos de dormir, felices como colegialas.

Frutería_bróquilEn cuanto me levanto y salgo a la terraza a colgar la toalla de la ducha, me llena de nostálgica ternura divisar una hilera de macetas pintadas a mano -la base de un color, la cenefa superior de otro-, exactamente igual que en el patio de la casa de mi abuela la maña. La añoranza baturra me persigue: compramos pimientos del cristal ya asados en una verdulería donde exponen sus productos con primoroso esmero, y no puedo evitar comprar también borrajas, una hortaliza que me teletransporta a mis veranos infantiles en Zaragoza. En Arnedo todo tiene un aire muy familiar.

La hora de la excursión. De camino a San Millán de la Cogolla, contemplo un paisaje de reminiscencias moncayas: la hipnótica aridez rojiza, acentuada por los cobrizos viñedos, contrasta con los níveos perfiles de los molinos de energía eólica.

Yuste_glosasLos monasterios de Yuso y Suso son independientes el uno del otro. Aunque la copia de las famosas Glosas Emilianenses se exponen en el primero, en realidad se escribieron en el segundo: un monje anónimo, seguramente vasco –también apunta alguna palabra en euskera-, se enfrenta a un códice escrito en latín y anota en lengua romance algunas acotaciones para comprender mejor los giros gramaticales y los significados de algunos términos. Él no es consciente de estar creando el primer testimonio escrito en castellano. O, por lo menos, el más antiguo que se conserva. Hay quien, equivocadamente, piensa que el autor de las Glosas Emilianenses es el también monje Gonzalo de Berceo, el primero que firma un texto en castellano, aunque unos doscientos años después.

Yuste_unicornioAdemás de admirar el inacabado claustro de bóvedas góticas y concepción renacentista, la visita guiada a Yuso permite observar un pintoresco óleo que representa a San Millán cabalgando en un caballo que se parece bastante a un unicornio, así como apreciar los frescos del techo de la sacristía, que preservan la riqueza de sus pigmentos tricentenarios gracias a que el suelo de alabastro regula la temperatura y absorbe la humedad.

Yuste_cantoralesY sin embargo, lo que me cautiva de esta primera incursión al santuario de las rarezas bibliográficas monacales es el armario donde se conservan los cantorales de los monjes. Escritos sobre pergamino de piel de vaca y encuadernados en madera, cuero y herrajes, han resistido a lo largo de los siglos a través de un sistema habilitado por los benedictinos en el que los elementos primordiales son la ventilación y de nuevo el alabastro para controlar las condiciones óptimas de conservación.

Me arrebata la visita a Yuso.

BodegaInVinoVeritasAl salir de allí nos dirigimos a la vecina Badarán para almorzar en el Club del vino de la bodega David Moreno, donde la familia de Maite tiene su propia barrica. Todos quienes guardan su tesoro vitivinícola allí tienen derecho a usar un par de pequeños comedores que albergan lo necesario para disfrutar de los víveres que lleves y de tu propio vino. Como un pícnic, pero instaladas cómodamente en las entrañas de la bodega.

LaguardiaCallejaTras una efímera parada en Cenicero para atisbar la decepcionante estructura de titanio ideada por Frank Gehry para Marqués de Riscal, estacionamos el coche en Laguardia, la capital de la Rioja Alavesa. La encantadora villa medieval se distribuye, abrazada por su perímetro amurallado, a lo largo de tres calles principales y algunas plazas y callejuelas en las que abundan restaurantes y alojamientos relacionados con el vino.

LaguardiaTorreDecidimos subir a la magnífica Torre Abacial, levantada entre los siglos XII y XIV. Se llama así porque se cree que pudo formar parte de un monasterio templario. Aunque se construyó como atalaya de defensa, posteriormente se utilizó como campanario de la cercana iglesia de Santa María de los Reyes, con la que estuvo unida hasta el siglo XIX por un pasapuente. Las vistas desde su amplia terraza superior merecen mucho la pena.

LaguardiaPlazaMayorLa arisca ventisca nos azota como látigos de hielo. Antes de abandonar la torre exenta, le preguntamos a la responsable del monumento si conoce alguna cafetería donde tomar un buen chocolate a la taza. La mujer, tan estupefacta como si le hubiéramos pedido dónde tomar una zarzaparrilla, nos mira con una mezcla de desdén y compasión y nos envía a la Plaza Mayor, “allí hay un par de bares antiguos, quizás os sirvan algo así”. Pero no, ni rastro de tisana alguna. Eso sí, coincidimos con el pintoresco momento en que tres figurillas asoman en alegre danza mecánica bajo el reloj del ayuntamiento. LaguardiaRelojDebajo, en la zona porticada, una tienda con prendas de Dolores Promesas y La compañía fantástica nos llama con sus cantos de sirena. Maite y yo nos entretenemos probándonos piezas. Estoy en el vestidor zafándome de una camisa cuando nos avisan de que debemos salir a toda prisa: hay un encierro de vaquillas y la tienda permanecerá cerrada durante una hora. Como no abreviemos, nos quedaremos allí atrapadas. Pordiosquéestrés, ya podrían habernos avisado antes. Me enfundo el suéter del revés, me calzo las deportivas en modo chancla, arrastro chaqueta y bolso como puedo y escapamos a la carrera. Ríete de “La huida” y de Steve McQueen.

Minutos después, en la cafetería extramuros donde nos guarecemos.

– ¿A qué viene el encierro? 
– Es por la fiesta de acción de gracias. 
– ¿Pero eso no es algo que solo se celebra en Estados Unidos? 
– No, damos las gracias a que hemos tenido una buena cosecha y ahora están los bolsillos llenos para gastar.

Pues nada, que corran la cerveza y el vino y las ternericas por las callejuelas.
Sin duda transtornada por el suceso, Marta manifiesta solemne: “Ha llovido agua”. Va siendo hora de regresar a Arnedo.

Tras la gratificante experiencia en el restaurante Sopitas la noche anterior, y aunque en las antípodas en cuanto a tipo de local, los ingredientes de proximidad sabiamente preparados son igualmente característicos en la cocina del bullicioso bar Hugo. Probamos la especialidad preferida de Maite, champiñones a la plancha, y también unas alcachofas con foie y unos chipirones en su tinta gloriosos. Nos fascina que la camarera se multiplique para atender a los numerosos parroquianos: reparte bebidas y platos con habilidad de croupier. La proclamo, desde ya mismo, camarera del año.

A las once de la mañana del domingo tenemos cita en el ayuntamiento para conocer el patrimonio rupestre de Arnedo. La entrada para la visita guiada es un mismo y minúsculo recibo donde se escribe a mano el nombre de quien reserva, el número de personas y el importe total. 90% sostenible –solo le falta estar impreso a una sola tinta-.

En la iglesia de Santo Tomás, coronada por su nido de cigüeñas y con sus capillas excavadas en las entretelas de la loma, se inicia el entramado urbanístico rupestre de Arnedo, propiciado por la roca arenisca presente en todo el valle del Cidacos. La orografía del municipio la configuran tres perforados cerros, el de San Fructuoso, con un complejo de cuevas de origen religioso, el del castillo, cuyas cavernas se usaban como vivienda, y el de San Miguel, donde se ubicaban tanto bodegas como viviendas horadadas en la colina.

CuevaAlpargatasEn las viviendas-cueva se preservaba fácilmente la temperatura. Sin luz ni agua corriente, las fuentes eran el centro de reunión del pueblo, y la iluminación se solucionaba con lámparas de aceite, candiles y velas. Como complemento a los ingresos domésticos, se cosían alpargatas, una industria que con el tiempo se transformaría en la principal actividad económica de la localidad.

CuevaCocinaLa cultura del aprovechamiento estaba muy arraigada entre los habitantes de las casas-cueva. En el caso de los ingredientes perecederos, se conservaban para utilizarlos durante el invierno, como el pimiento de pincho -asado, limpio y deshidratado-, el tomate seco, los orejones de manzana, las mermeladas, el membrillo… En aquella época libre de plástico, los desperdicios se reutilizaban, bien para darles un nuevo uso, bien para alimentar el hogar o a los animales.

CuevaColumbariosLa Cueva de los cien pilares, también conocida como monasterio de San Miguel, es una de las 184 cuevas de Arnedo de origen religioso. Siguiendo creencias paganas vinculadas a las palomas como guardianas de los espíritus, también se agujereaba la montaña para construir colmenas de columbarios que habían de albergar urnas funerarias. Estos columbarios convivían en alegre armonía con numerosos palomares, que etimológicamente guardan con ellos un íntimo parentesco.

En las cuevas era fácil defenderse de los saqueadores despeñándolos por los estrechos pasos que jalonaban los barrancos, o escapando hacia las cuevas superiores por estrechos agujeros que, o bien se blindaban retirando las escaleras de acceso, o bien se utilizaban como trampa mortal en cuanto asomara la cabeza de cualquier bandido.

Al finalizar la visita, albergo cierto recelo sobre algunos datos que nos ha proporcionado nuestro guía, un ser repelente y soberbio que utiliza como unas 35 veces por minuto la expresión “a la definitiva” y está encantado de conocerse. Maite asegura que su padre –un culto arnedano de memoria prodigiosa- contrastará todo lo que cuenta cuando asista a esta actividad pendiente. Si pudiera presenciar el encuentro, me sentaría a disfrutarlo con un cucurucho de palomitas.

Qué fin de semana tan estupendo. A ver cuándo programamos la próxima escapada de komanechis.

Ezcaray

echaurrenHoy hace un año que falleció Marisa Sánchez, la cocinera y gastrónoma tan añorada en su ciudad natal, Ezcaray. Hemos brindado por su legado en su querido restaurante, el Echaurren Tradición, que comparte fogones con El Portal, el único establecimiento riojano galardonado con dos estrellas Michelin. Desde 1898, una misma familia se ha estado ocupando de aquella antigua posada para diligencias que reconvirtieran en hotel y restaurante Pedro Echaurren y Andrea García. La quinta generación, los hermanos Paniego, se multiplica entre las distintas áreas del negocio familiar: Francis, reputado chef, José Félix, sommelier, y Marisa, quien nos acomoda en nuestra mesa con una sonrisa.

echaurren croquetasOptamos por el menú degustación porque incluye las renombradas croquetas de Marisa Sánchez, uno de los platos estrella de la casa desde hace décadas. Marisa Paniego nos sugiere que, si nos gusta la casquería, podemos cambiar la albóndiga del menú por unos callos, “los preparamos muy ricos”. ¡Sí, por favor! Me requetechiflan. Para acompañar la comida, seleccionamos un caldo 100% graciano: es una variedad de uva tinta autóctona cuya existencia desconocíamos hasta hace nada y sentimos mucha curiosidad por probarla. ¡Nos encanta! echaurren carpaccioAnte nosotros van desfilando los platillos: las sensacionales croquetas, un carpaccio de gamba atómico, unos pimientos del cristal caramelizados exquisitamente melosos, unos suaves caparrones a la riojana, una merluza a la romana confitada que se deshace en la boca, unos callos tiernos y picantes más la albóndiga para mi marido y, para terminar, una tosta templada con queso de cameros, manzana reineta y helado de miel hipermegaultradeliciosa -y eso que yo no soy muy de postres-.

echaurren postreMientras saboreamos los ricos manjares que nos van presentando, entra en el comedor Félix Paniego, el anciano patriarca del clan, con uno de sus nietos, quien le toma del brazo para acompañar su pausado caminar. Se instalan en una mesa vecina a la nuestra junto con otra allegada. El joven Paniego está pendiente de su abuelo en todo momento, se le transparenta el cariño en cada mirada y cada gesto. A nuestro alrededor todos saludan a todos y se sienten cómodos y como en casa. Qué lugar tan entrañable.

IMG_9689La familia Echaurren, profundamente arraigada a su tierra, ha puesto en el mapa la ciudad de Ezcaray, cuya topinimia bebe de sus primeros pobladores vascos, allá por los siglos IX y X. Es una bonita localidad que ha sabido conservar sus calles jalonadas de soportales, sus casas solariegas y sus palacetes barrocos. Los ezcarayenses son tan distinguidos y tan amantes de su idiosincrasia que elaboran los banderines de sus guirnaldas de fiesta con paños de tejidos nobles.

IMG_9693Muy cerca del emblemático y multipremiado establecimiento de la cadena Relais-Châteaux se alzan dos de las construcciones más conocidas de Ezcaray: justo enfrente, la iglesia de Santa María la Mayor, que destaca por la gran balconada de madera apoyada en ménsulas románicas de su fachada, y, un poco más allá, la antigua sede de la Real Fábrica de Tejidos, que cesó su actividad en 1845.

telaresHoy el inmueble que albergaba la Real Fábrica de Paños aloja el ayuntamiento, mientras que el Edificio del Tinte funciona como albergue, restaurante y espacio expositivo. No obstante, la larga tradición textil de los maestros cardadores, tundidores, tintoreros y tejedores de la ciudad, que se remonta al siglo XV, perdura en Mantas Ezcaray, la empresa que fundara en 1930 Cecilio Valgañón y que todavía hoy fabrica artesanalmente sus mantas de lana, mohair, cachemira o alpaca. La tienda-almacén puede visitarse en la calle González Gallarza número 12. Presentan no solo sus renombradas flazadas, sino también bufandas, capas, abrigos e incluso coloridos cojines, especialmente confeccionados para abrazarse a ellos en las tardes de invierno. Nos ha resultado muy fácil hacernos con un par de adquisiciones porque en Ezcaray hemos experimentado nuestro particular episodio de The Twilight Zone: durante la pasada noche hemos atravesado algún atajo espacio-temporal y cuando nos hemos levantado por la mañana era otoño.

Aunque es una localidad pequeña, las opciones para degustar o comprar buenos caldos son infinitas. Mi marido, que no sabe -ni quiere- vivir sin vino, enloquece y carga con un surtido de Riojas desproporcionado, aunque conociéndole dará buena cuenta de sus provisiones vitivinícolas más pronto que tarde. En cambio, lo que a mí me arrebata de Ezcaray es una cautivadora buquinería -permítaseme el galicismo- donde me podría quedar a vivir: El velo de Isis. Está repleta de pequeños tesoros en cada rincón disponible. Una camiseta-pancarta colgada en la pared de la entrada es toda una declaración de intenciones: Aquí somos más de Faulkner. Como yo soy más de Martín Gaite, escojo “El cuarto de atrás”, obra con que la escritora salmantina conquistó el Premio Nacional de Narrativa en 1978. Fue la primera mujer que lo logró, olé por ella. Y olé por todas. Muchas, muchas ganas de leer mi particular y preciado botín.

Buquinería