Ezcaray

echaurrenHoy hace un año que falleció Marisa Sánchez, la cocinera y gastrónoma tan añorada en su ciudad natal, Ezcaray. Hemos brindado por su legado en su querido restaurante, el Echaurren Tradición, que comparte fogones con El Portal, el único establecimiento riojano galardonado con dos estrellas Michelin. Desde 1898, una misma familia se ha estado ocupando de aquella antigua posada para diligencias que reconvirtieran en hotel y restaurante Pedro Echaurren y Andrea García. La quinta generación, los hermanos Paniego, se multiplica entre las distintas áreas del negocio familiar: Francis, reputado chef, José Félix, sommelier, y Marisa, quien nos acomoda en nuestra mesa con una sonrisa.

echaurren croquetasOptamos por el menú degustación porque incluye las renombradas croquetas de Marisa Sánchez, uno de los platos estrella de la casa desde hace décadas. Marisa Paniego nos sugiere que, si nos gusta la casquería, podemos cambiar la albóndiga del menú por unos callos, “los preparamos muy ricos”. ¡Sí, por favor! Me requetechiflan. Para acompañar la comida, seleccionamos un caldo 100% graciano: es una variedad de uva tinta autóctona cuya existencia desconocíamos hasta hace nada y sentimos mucha curiosidad por probarla. ¡Nos encanta! echaurren carpaccioAnte nosotros van desfilando los platillos: las sensacionales croquetas, un carpaccio de gamba atómico, unos pimientos del cristal caramelizados exquisitamente melosos, unos suaves caparrones a la riojana, una merluza a la romana confitada que se deshace en la boca, unos callos tiernos y picantes más la albóndiga para mi marido y, para terminar, una tosta templada con queso de cameros, manzana reineta y helado de miel hipermegaultradeliciosa -y eso que yo no soy muy de postres-.

echaurren postreMientras saboreamos los ricos manjares que nos van presentando, entra en el comedor Félix Paniego, el anciano patriarca del clan, con uno de sus nietos, quien le toma del brazo para acompañar su pausado caminar. Se instalan en una mesa vecina a la nuestra junto con otra allegada. El joven Paniego está pendiente de su abuelo en todo momento, se le transparenta el cariño en cada mirada y cada gesto. A nuestro alrededor todos saludan a todos y se sienten cómodos y como en casa. Qué lugar tan entrañable.

IMG_9689La familia Echaurren, profundamente arraigada a su tierra, ha puesto en el mapa la ciudad de Ezcaray, cuya topinimia bebe de sus primeros pobladores vascos, allá por los siglos IX y X. Es una bonita localidad que ha sabido conservar sus calles jalonadas de soportales, sus casas solariegas y sus palacetes barrocos. Los ezcarayenses son tan distinguidos y tan amantes de su idiosincrasia que elaboran los banderines de sus guirnaldas de fiesta con paños de tejidos nobles.

IMG_9693Muy cerca del emblemático y multipremiado establecimiento de la cadena Relais-Châteaux se alzan dos de las construcciones más conocidas de Ezcaray: justo enfrente, la iglesia de Santa María la Mayor, que destaca por la gran balconada de madera apoyada en ménsulas románicas de su fachada, y, un poco más allá, la antigua sede de la Real Fábrica de Tejidos, que cesó su actividad en 1845.

telaresHoy el inmueble que albergaba la Real Fábrica de Paños aloja el ayuntamiento, mientras que el Edificio del Tinte funciona como albergue, restaurante y espacio expositivo. No obstante, la larga tradición textil de los maestros cardadores, tundidores, tintoreros y tejedores de la ciudad, que se remonta al siglo XV, perdura en Mantas Ezcaray, la empresa que fundara en 1930 Cecilio Valgañón y que todavía hoy fabrica artesanalmente sus mantas de lana, mohair, cachemira o alpaca. La tienda-almacén puede visitarse en la calle González Gallarza número 12. Presentan no solo sus renombradas flazadas, sino también bufandas, capas, abrigos e incluso coloridos cojines, especialmente confeccionados para abrazarse a ellos en las tardes de invierno. Nos ha resultado muy fácil hacernos con un par de adquisiciones porque en Ezcaray hemos experimentado nuestro particular episodio de The Twilight Zone: durante la pasada noche hemos atravesado algún atajo espacio-temporal y cuando nos hemos levantado por la mañana era otoño.

Aunque es una localidad pequeña, las opciones para degustar o comprar buenos caldos son infinitas. Mi marido, que no sabe -ni quiere- vivir sin vino, enloquece y carga con un surtido de Riojas desproporcionado, aunque conociéndole dará buena cuenta de sus provisiones vitivinícolas más pronto que tarde. En cambio, lo que a mí me arrebata de Ezcaray es una cautivadora buquinería -permítaseme el galicismo- donde me podría quedar a vivir: El velo de Isis. Está repleta de pequeños tesoros en cada rincón disponible. Una camiseta-pancarta colgada en la pared de la entrada es toda una declaración de intenciones: Aquí somos más de Faulkner. Como yo soy más de Martín Gaite, escojo “El cuarto de atrás”, obra con que la escritora salmantina conquistó el Premio Nacional de Narrativa en 1978. Fue la primera mujer que lo logró, olé por ella. Y olé por todas. Muchas, muchas ganas de leer mi particular y preciado botín.

Buquinería

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