¿Y mañana?

2-_demain_le_filmTodos deberíamos ver Demain –Mañana-, el documental de Cyril Dion y Mélanie Laurent. El punto de partida no es nuevo: estamos dilapidando nuestros recursos naturales como si dispusiéramos de varios planetas. El enfoque, en cambio, es seductoramente audaz y surge de una reflexión en voz alta de Rob Hopkins: ¿qué pasaría si, en lugar de imaginar el catastrófico futuro que nos espera, nos centráramos en explicar las alternativas transformadoras que ya están intentando revertir esta situación?

Esa es la propuesta de Demain. A través de un discurso didáctico, clarificador y muy bien hilvanado, nos adentramos en el fascinante mundo de la permacultura, descubrimos que un aerogenerador es, además de una apuesta por una energía limpia, una inversión muy rentable, o que existen tantas maneras de aprender a leer como niños hay en un aula –y todas son válidas-.

El documental desovilla un complejo concepto que Barcelona en Comú incorporaba entre sus propuestas antes de ganar las elecciones, y que personalmente jamás acabé de comprender: la creación de una moneda local. La prensa explicó esta idea con cuatro trazos gruesos que desvirtuaban una iniciativa que ya está funcionando con éxito en varias ciudades, y que consigue logros muy significativos, como apoyar la economía autóctona o evitar la evasión de capitales a paraísos fiscales.

Ilumina e inspira el ejemplo de una empresa de Lille, Pocheco, donde la máxima diferencia de remuneración de los asalariados es de cuatro veces entre quien más gana respecto a quien tiene el sueldo más bajo, y en el que se reinvierten constantemente los beneficios obtenidos en reducir el impacto medioambiental de su actividad.

Demain no solo es una pieza admirable por su excelente realización –el guión, la fotografía, el montaje y la postproducción son impecables-, sino porque ha sido capaz de abandonar el discurso apocalíptico para construir un nuevo tipo de relato, alegre, soleado, pletórico, lo que le confiere un efecto positivo multiplicador y contagioso. Demain retrata a comunidades de personas empoderándose del mundo desde sus pequeñas e íntimas parcelas. Soslayando instituciones o prescindiendo de ellas. Recuperando una intensa, beneficiosa y colaborativa humanidad.

Os adjunto el enlace y os animo encarecidamente a que veais este documental imprescindible en cuanto os surja la ocasión. Hay un antes y un después de ver Demain.

http://www.demain-lefilm.com/

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Inmenso Tomatito

Hasta hace poco más de 20 años, el edificio que hoy alberga la sala Barts era Studio 54. El norteamericano Mike Hewitt tuvo la ocurrencia de trasladar el espíritu -¿el negocio?- de la mítica discoteca neoyorkina a Barcelona, aunque a la beautiful people de la zona alta le costó lo suyo bajar al Paralelo. El éxito se desató cuando empezó a pinchar Raúl Orellana. Cuántos jueves sin dormir. Y cuántos viernes arrastrándome, cual lombriz recién descubierta en una zanja, por los pasillos de la agencia de publicidad donde trabajaba. Al echar la vista atrás no doy crédito a la incombustible energía que desplegaba en aquella juventud mía. Y sin consumir estupefacientes. En fin.

De aquel lejano Studio 54 solo resta el fabuloso techo, discreto vestigio de su pasado glamuroso. El recinto es ahora aséptico y funcional, aunque a mi amiga Isabel y a mí nos ha dado bastante igual: hace unas horas Tomatito lo ha colmado con un cálido viento del sur de agradables reminiscencias andalusís.

TomatitoBarts.jpg

A José Fernández Torres empezaron a llamarle Tomatito en su Almería natal por su abuelo y su padre, ambos apodados El Tomate. Acompañó al toque a Camarón y tejió mimbres de complicidad con Paco de Lucía, los dos dioses del olimpo flamenco. Algo de divino tiene él también, porque toca la guitarra española como nadie. Doy fe.

A Tomatito le han arropado hoy sobre el escenario grandes profesionales y el resultado ha sido un espectáculo redondo. Perfecto en su imperfección desbocada. Me ha fascinado especialmente el percusionista, cuyas manos se multiplicaban como unas martilleantes y elásticas aspas de molino, arrancando melodiosos latidos del cajón y la batería. Me ha enternecido la guitarra de José del Tomate, jovencísimo hijo de Tomatito –“el nene”, le llamaba él cariñosamente-. Y me ha robado el corazón la belleza arrebatadora y la sensualidad desbordada de la bailaora Karime Amaya -sobrinanieta de la legendaria Carmen Amaya-, que aprendió a bailar en su México natal y llegó a España de la mano de Antonio Canales. Se ha curtido en tablaos para turistas de mi ciudad y es poderosa como ella sola. Salvaje y delicada a un tiempo. Su voluptuoso danzar corta el aliento.

He salido de la sala Barts taconeando con paso firme, encaramada sobre mis fabulosos zapatos jerezanos de Fátima Canca. En el metro de vuelta a casa, con el ánimo todavía arrobado, un par de espectadores me han regalado un quejío inspirado en el espectáculo que acababa de presenciar y ya echaba de menos. Ganas, muchas ganas de regresar a Jerez.

Cármina Burana

Cármina Burana –aunque el término en latín no la lleva, la RAE recomienda la tilde para facilitar a los hispanohablantes su correcta pronunciación- podría traducirse como Cánticos procedentes de la abadía de Benediktbeuern. El libreto de la cantata que hoy conocemos forma parte de una colección de cantos y poemas medievales. Fueron descubiertos en 1803 durante la Säkularisation, un proceso equivalente a nuestra popular Desamortización de Mendizábal.

Los 228 poemas originales –materiales complementarios aparte- fueron escritos fundamentalmente en latín, aunque también hay algunas piezas en alemán medieval y occitano. Con ciertas dosis de humor y no poco regocijo, en aquellos versos suyos los jóvenes y goliardos autores celebraban los placeres terrenales y satirizaban los abusos de las autoridades civiles y eclesiásticas.

Aunque fueron publicados en Alemania en 1847, aquellos cánticos solo tuvieron cierta repercusión cuando Carl Orff se aproximó a ellos aportándoles su propia base musical. Ayudado por Michael Hofmann, un estudiante de derecho experto en griego y latín, Orff escogió 24 poemas para crear lo que él denominó una “cantata escénica” en tres actos, “Primavera”, “En la taberna” y “La corte del amor”.

La obra fue estrenada el 8 de junio de 1937 en Frankfurt con su título completo en latín: “Cantiones Profanae Cantoribus Et Choris Cantandae Comitantibus Instrumentis Atque Imaginibus Magicis” –que más o menos podríamos traducir como Canciones profanas para voces y coros para ser cantadas junto con instrumentos e imágenes mágicas-.

En su momento fue muy valorada por los rampantes fascismos que dominaban buena parte de Europa: Cármina Burana formaba parte de esa épica banda sonora que, según Woody Allen, impelía a invadir Polonia.

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Esta tarde el teatro Tívoli acogía la última representación en Barcelona de la obra de Carl Orff versionada por La Fura dels Baus, que ha estado en cartel del 10 al 13 de marzo. Hemos llegado unos veinte minutos antes de las seis y nos hemos acomodado en nuestros asientos del segundo piso: los precios de la platea y el anfiteatro se escapaban del presupuesto. No obstante, previsora que es una, estábamos ubicados en las mejores localidades, fila 1, butacas 44 y 45, en mitad del cielo de la sala –más arriba, el techo-.

El suelo temblaba bajo nuestros pies según entraba cada nuevo grupo de espectadores. Inquietante. La acomodadora ha incrementado nuestro desasosiego con una perentoria advertencia: “No os apoyéis en la barandilla, podría caerse el proyector y os tendríamos que poner una multa”. A mí la penalización monetaria me ha parecido un tema insignificante comparado con la verdadera amenaza: el artilugio estaba suspendido, precariamente sujeto a una estructura bastante básica, sobre algunas personas del primer piso. Solo de pensarlo me entraban sudores fríos. Pero ha sido apagarse las luces de la sala, comenzar el grandioso espectáculo y pasar pantalla.

“Oh, Fortuna” ha desatado todo un torrente de emociones, desbordado por la magnífica puesta en escena –escenografía, vestuario, iluminación, montaje audiovisual-, las soberbias voces y los extraordinarios músicos, dirigidos por un Josep Vicent en estado de gracia. Ante nuestros ojos, borbotones de imágenes proyectándose sobre la pantalla cilíndrica que preside el escenario. Alegres ninfas recreando una ducha virtual bajo cascadas de agua o correteando, traviesas, por todos los rincones, cual perfumadas luciérnagas. Vendimia y taberna unidas en chapoteos de vino. Hombres que lloran por amor. Y vírgenes ondulando las cadenas de sus húmedos sueños. Tras el “Oh, Fortuna” de cierre, aplausos atronadores. Y, de repente, la grata sorpresa: unos bises. Tras permanecer ocultos al público durante la hora larga de representación, Josep Vicent y los músicos, flanqueados por los coros, han interpretado con un ímpetu insospechadamente renovado el emblemático tema. Qué gran ovación.

Hoy hace 78 años que nació mi padre. Le hubiera encantado este espectáculo. Y a mí todavía más disfrutar de su siempre grata y eternamente añorada compañía.

Guionistas y cineastas pioneras

Este mes de julio me he inscrito en el seminario “Pioneres del cinema”, que imparten Ingrid Guardiola y Marta Sureda en el Institut d’Humanitats de Barcelona del CCCB. Cada nueva y estimulante lección me impele a ampliar información sobre los múltiples fragmentos que se van pespunteando en el aula, a la manera de un gigantesco y armónico patchwork.

aliceguyLa primera sesión, “Guionistas: la perspectiva femenina desde la retaguardia”, versó, básicamente, sobre las guionistas de las primeras décadas del siglo XX. Quien puso la primera piedra fue la francesa Alice Guy, que en cuanto vio “La Sortie des Usines Lumière” de los archifamosos hermanos –un mero testimonio documental, sin ninguna intención narrativa- vio clara y diáfanamente el asombroso potencial de ese nuevo soporte. De modo que dirigió la primera película con vocación artística, “La Fée aux Choux” (1896), adelantándose en unas semanas a Georges Méliès. Aunque eso a Ingrid y Marta les da bastante igual: lo importante no es saber quién fue primero en qué, como si se tratara de una competición olímpica, sino que un grupo de personas, en un mismo marco temporal -con frecuencia solapándose y a menudo coincidiendo sin saberlo-, gracias a ciertos avances técnicos fueron creando eso que luego se calificó como séptimo arte.

loisWeberAlice Guy contagió su pasión por ese nuevo medio de expresión a la primera guionista norteamericana, Lois Weber, una mujer fascinante –la primera que realizó un largometraje- que escribía, dirigía y montaba sus propias creaciones como ejercicio de reflexión de la realidad que la rodeaba: el control de la natalidad, las clases sociales más desfavorecidas, el alcoholismo, la prostitución o la pena capital son algunos de los temas que abordó Lois Weber –desde su punto de vista conservador y muy de su tiempo-, hoy prácticamente ignorada, como tantas otras mujeres ninguneadas en esa historia escrita en masculino. Como viene al caso, aprovecho para apostillar que la toma de conciencia sobre el androcentrismo del pensamiento occidental me lo inculcó hace más de dos décadas Amparo Moreno, Catedrática de Historia de la Comunicación en mis felices años de facultad.

anitaLoosOtras guionistas de la época del cine mudo fueron la ingeniosa y ácida Anita Loos, que dotó de cierto carisma al atlético Douglas Fairbanks –los espectadores esperaban sus excelentes intertítulos repletos de juegos de palabras e ironías-, Frances Marion, que hizo tándem repetidamente con las míticas Mary Pickford y Lillian Gish, y June Mathis, quien descubrió a Rodolfo Valentino cuando lo seleccionó para que protagonizara “Los cuatro jinetes del Apocalipisis”, una de las primeras películas antibelicistas de la historia, basada en la novela homónima de Vicente Blasco Ibáñez. También escogió al director, práctica muy frecuente en la época: los guionistas supervisaban todo el proceso de producción y participaban en el casting del personal técnico y artístico, fabricaban a las estrellas protagonistas, se ocupaban de la publidad y la promoción, asistían a los rodajes, se sentaban en la sala de montaje –recordemos la importancia de los intertítulos en el cine mudo-, marcaban el ritmo de la historia, resolvían problemas narrativos… De hecho, June Mathis fue contratada por la MGM para reescribir y remontar los 530 minutos del film “Avaricia” de Erich von Stroheim y ajustarlo a una duración más comercial.

Fueron precisamente los criterios de mercado los que borraron del mapa a ese grupo de mujeres brillantes que tanto habían contribuido a la evolución de las técnicas cinematográficas. Los inicios del sonoro coincidieron con la aplicación del fordismo y el taylorismo en la industria del cine, que se transformó en una monstruosa máquina de hacer dinero, con un proceso fabril de estructura piramidal donde el productor lo decidía todo y las grandes majors controlaban la producción, la distribución y la exhibición. Aunque las guionistas reconocidas sobrevivieron al cataclismo –obviamente a costa de perder su poder de antaño-, en general las mujeres fueron catapultadas lejos de donde se tomaban las grandes decisiones y quedaron relagadas a vestuario, maquillaje y otras fruslerías inherentes al denominado woman’s touch, salvo raras excepciones, como Mae West e Ida Lupino.

mae_westMae West saltó a Hollywood en los años 30 desde Broadway, donde había triunfado con obras escritas, producidas, dirigidas y protagonizadas por ella misma, como “Sex” o “Diamond Lil”“Drag” no llegó a estrenarse en los escenarios neoyorquinos porque la homosexualidad era un tema tabú-. Sus continuos conflictos con el tristemente famoso Código Hays la hastiaron tanto que regresó al teatro, donde disfrutaba de mucha más libertad creativa, aunque continuó colaborando esporádicamente como actriz en alguna que otra película.

La británica Ida Lupino también dio un giro a su carrera a finales de los años 40. Abandonó el estrellato para montar su propia productora, dirigir sus películas y tratar temas como el aborto, la bigamia, o la violación desde el punto de vista de la víctima en su largometraje “Outrage”. Un planteamiento bastante novedoso, por cierto. Precisamente ese fue el eje vertebrador de la segunda sesión del seminario: “Cineastas: la mirada inconformista”.

La pionera Alice Guy vio enseguida que había que romper la rigidez del escenario teatral y ampliar el espacio diegético, de modo que empezó a rodar en más de una localización e incorporó, aun todavía muy rudimentariamente, el primer plano para enfatizar lo que sentía o pensaba un personaje. Su visión crítica del patriarcado se reflejó en “Les Résultats du feminisme” (1906), donde hombres y mujeres intercambiaban sus papeles. Suspense1913En “Suspense” (1913), Lois Weber incorporó el fuera de campo, dividió la pantalla para mostrar tres escenas que se estaban desarrollando simultáneamente y empleó la angulación de cámara con intención expresiva. Otras pioneras innovadoras en cuanto a contenidos fueron Lea Giunchi, quien en “Lea e il gomitolo” (1913) apuesta por una identidad femenina alternativa y conquista su derecho a leer en lugar de hacer calceta, y Olga Preobrazhenskaya, codirectora junto con Ivan Pravov de “Baby ryazanskie” (1927), que Marta Sureda nos recomendó fervientemente.

Conviene contextualizar con algunas pinceladas básicas esta pequeña gran rebelión de las cineastas que desafiaron las convenciones de su tiempo. Los inicios del cine se gestan en la sexofóbica sociedad victoriana del siglo XIX, después de que Joseph Proudhon excluyera a la mujer de sus teorías para cambiar el mundo –siguiendo la estela de la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano”, que no de la mujer ni de la ciudadana- y cuando Paul Moebius ahonda en este menosprecio y escribe “La deficiencia mental fisiológica de la mujer”. Cuánto daño ha hecho el psicoanálisis al feminismo.

DulacNo es de extrañar, pues, que Germaine Dulac fuese vilipendiada por los -hombres- surrealistas, a pesar de ser la autora de la primera película feminista, “La souriante madame Beudet” (1923) y de la primera obra surrealista en celuloide, “La Coquille et le clergyman” (1928), con permiso de “Un chien Andalou” de Buñuel (1929), quien copió algunas técnicas de representación cinematográfica surrealista aportadas por Dulac. Injusticias que perpetra quien escribe la historia.

También es surrealista –y también acabaría convirtiéndose en una fuente recurrente e inagotable de inspiración para David Lynch, igualmente de incógnito- la indómita Maya Deren, quien afirmaba que hacía sus películas – “obras de cámara”, según sus propias palabras- con lo que Hollywood se gastaba en pintalabios.

A Cecilia Bartolomé el trabajo de fin de carrera en la Escuela Oficial de Cine, “Margarita y el lobo”(1969), le costó 10 años de mordaza. Con su documental “Después de…” denunció la falsedad de la transición española mientras se estaba gestando –“Primera parte: no es os puede dejar solos”– y anticipó el golpe de estado del 23-F –“Segunda parte: atado y bien atado”-. Otra cineasta antifranquista, además de antisistema y anticapitalista, fue Helena Lumbreras, una militante combativa y comprometida que usaba como arma su cámara de 16 mm y dirigió “Spagna 68” (España 68: el hoy es malo, pero el futuro es mío) y “El cuarto poder” (1970) antes de fundar con su compañero Mariano Lisa Colectivo Cine de Clase. Juntos produjeron “El campo para el hombre” (1973), “O todos o ninguno” (1976) y “A la vuelta del grito” (1978).

foroughLas cineastas más transgresoras suelen ser las que, más allá del reduccionista marco cultural occidental judeocristiano, dan voz a quienes no la tienen. Fuera de tiempo ya de nuestra segunda lección magistral, Ingrid y Marta solo pudieron comentar una breve aproximación a la singular pieza “The House is Black” (1963), a mitad de camino entre el documental y la poesía visual, de Forough Farrokhzad. Acabo con cuatro versos suyos que definen muy bien el espíritu de esas mujeres inconformistas que, lejos de resignarse a ser objeto, luchan por ser sujeto y parte activa de la construcción del relato de la historia:

“Hundiré en el jardín mis manos,

germinarán, lo sé, lo sé, lo sé,

y las golondrinas pondrán sus huevos

entre mis dedos sucios de tinta.”

Vinos y territorio en Casa Usher

puntRajolaAntes que librería, el local donde ahora se ubica Casa Usher fue una antigua bodega de barrio. Desde el precioso patio se ven los vistosos azulejos que todavía revisten las paredes. Allí hemos escuchado esta misma tarde a Oriol Pérez Tudela, todo un filósofo del vino que hoy nos ha transmitido su pasión por la Denominación de Origen Terra Alta, esa lengua de polvo entre el Ebro y Aragón donde la garnacha –blanca, negra y peluda- ha sabido desafiar los asaltos del cierzo desde el interior y los embates del garbí desde el Mediterráneo.

Nos ha contado Oriol que si en la comarca de Terra Alta hay ahora tan buenos caldos es porque en su día hubo un nutrido éxodo a Barcelona y los viñedos, recios, de solera –allí el promedio de edad de las viñas es de 40 a 50 años-, permanecieron congelados en el tiempo. Pertinaces. Inmutables. Arraigándose cada vez más a ese terruño de secano –de ahí la acidez mineral de los vinos de esos pagos-. Saber preservar la manera de producir el vino hizo el resto.

Previo paso a los dos vinos dispuestos para la cata, Oriol nos ha recomendado el Aureo de Muller, un vino rancio, de los llamados de misa, que, si bien tiene la Denominación de Origen Tarragona, se elabora con garnacha de Terra Alta. Es, según él, un vino muy complejo que marida muy bien con foie u otras exquisiteces gastronómicas.

Hemos empezado con el Ciutats, un vino de cooperativa que combina garnacha con cariñena y cuyo aroma recuerda a la algarroba e incorpora también alguna nota de fruta roja –son matices que hoy he aprendido a apreciar, es mi primera cata guiada por un profesional-. Luego hemos probado el Mesies Garnacha, un vino ecológico que se produce artesanalmente siguiendo criterios biodinámicos y priorizando la calidad a la cantidad. Son vinos sencillos que acompañan el cotidiano devenir de manera cercana, como una pequeña sorpresa.

Alguien le ha preguntado a Oriol a cuántos grados debía tomarse un tinto. Por lo visto, lo de mantenerlo a temperatura ambiente –le vin rouge chambré– se empezó a decir en París. Hay que tener en cuenta que allí las condiciones climatológicas no son las de aquí, por lo que sería del todo absurdo tomar el vino a 35 grados: solo notaríamos el alcohol. Lo ideal es servirlo de 14 a 16 grados, máximo 18.

Cuando nos íbamos, Gerard, de Casa Usher, nos ha comentado que el segundo jueves de cada mes continuarán su recorrido por las denominaciones de origen catalanas. Personalmente, espero que más adelante hagan también maridajes de vino y literatura: disfrutar del íntimo regocijo de la lectura mientras se saborea, sin prisas, de una copa de buen vino es uno de los mayores placeres que existen.

Hace falta valor

11No había estado nunca en el Círcol Maldà. Es un precioso salón decimonónico con capacidad para 50 personas que comparte rellano con el histórico Cine Maldà –donde recuerdo haber visto “Blue Velvet” de David Lynch en mi lejana juventud- y acoge espectáculos de música y teatro de pequeño formato. Allí se presentó ayer “La descoberta de valors, ensenyar, educar”, escrito por Anna Molas, exdirectora del centro concertado donde todavía estudian mis hijas. Inició la charla –y llevó el peso de la presentación- la cineasta Rosa Vergés, cómplice y amiga de Anna y madre de un exalumno. Ella ayudó a que algunas formas de expresión artística –cine, teatro- se integraran en el horario escolar de Escola Projecte.

Escuchando a Anna Molas siempre se aprende algo nuevo. Leyendo el centenar de páginas en las que comparte generosamente su dilatada experiencia en las aulas –más de 40 años, según sus propias palabras-, se comprende mejor su vocación. Más allá de enseñar, la idea de Anna siempre ha sido ayudar a crecer a esas pequeñas grandes personas que han asistido a sus clases –y al colegio que ella misma fundó- a través de la educación en valores como pilar fundamental.

Ya desde sus inicios, en 1980, Projecte se especializó en atender las necesidades especiales de niños y niñas con hemofilia. Cuando, poco después, el SIDA apareció en escena, los niños que convivieron con la enfermedad de sus compañeros –algunos de los cuales se quedaron por el camino, lo mismo que uno de los pedagogos fundadores, Hermini Tudela- aprendieron una gran lección de vida.

Ese espíritu permanece. Todavía hoy, lo mejor que se llevan los alumnos y alumnas de Projecte es una mochila repleta de respeto, solidaridad y espíritu de cooperación. Siempre que las familias también sumen, claro: a menudo, el peor enemigo está en casa. En lo que respecta a nosotros, intentamos acompañar a nuestras hijas por la senda de la reflexión, de no quedarse solo con una versión de las cosas –la oficial- y permanecer con la mente muy abierta.

STOPP-TIPP-300x300Justo hoy se celebraba en toda Europa una manifestación contra el TTIP, así que le pregunté a Ángela si consideraba que debíamos participar en ella.

– ¿Qué es el TTIP?

– El Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Europa.

– Y eso, ¿qué significa?

– Mira, para resumírtelo un poco, si se aprueba el TTIP en el parlamento europeo, cualquier empresa privada podrá demandar a cualquier estado si éste legisla contra sus intereses. O sea, cualquier corporación multinacional podría imponer su beneficio particular sobre la soberanía nacional.

– No lo entiendo.

– Por ejemplo, imagínate que por fin conseguiéramos tener un gobierno que apostara por las energías renovables. Y que esto fuera en contra de los intereses de una gran compañía energética que tuviera garantizado el suministro por el anterior gobierno. Pues con el TTIP, el estado tendría que indemnizar a esa empresa. Nosotros, con nuestros impuestos, tendríamos que pagar a una empresa privada un montón de dinero por querer ejercer la voluntad popular.

– Entonces tenemos que ir, mamá.

TTIPNada más llegar, un activista repartía ejemplares de la edición especial de Cafè amb Llet –con todo lo que los grandes medios ocultan sobre el TTIP y una excelente y didáctica infografía- y algunos participantes cantaban “L’estaca” y “Bella ciaio”. Nos hemos ubicado en la cola de la manifestación, junto a los Iaioflautas, y Ada Colau se ha acercado a saludarles. Se les notaba felices de reencontrarse en una nueva reivindicación. Enseguida hemos adelantado unas cuantas posiciones, atraídas por el eco de la batukada que animaba la marcha. Hasta que, justo delante de la pancarta de ICV, hemos podido ver, por fin, a cinco percusionistas de TokemXTutocamos por ti– que han sido el alma de la convocatoria. Desplegando una energía incomparable, sin dejar de atronar con su ritmo contagioso y ejecutando divertidas coreografías, nos han acompañado desde Paseo de Gracia hasta la Plaça de Sant Jaume sin desfallecer. Lo que ha servido de aliciente para Ángela: “Estoy muy cansada, mamá, pero si ellos continúan, que deben de estarlo más, yo también”. El mejor momento ha sido cuando una mulata sesentona ha animado a bailar a todo el mundo al grito de “¡Alegría, alegría, un mundo nuevo!”, sin dejar de mover las caderas con una agilidad pasmosa.

Entre la ecléctica multitud han desfilado banderas republicanas, alguna estelada –pero ojo, no la azul, sino la roja, la de los trabajadores- y alguna comunista, el sindicato de taxistas, Comisiones Obreras, la cooperativa Som Energia, camisetas violetas de Podemos, los técnicos en huelga de Movistar, que vendían bonos de ayuda de 2 euros para su caja de resistencia –en http://www.teleafonica.net indican números de cuenta para colaborar-, y la recogida de firmas para la ILP que pide la gratuidad de la enseñanza desde la guardería hasta la universidad.

– Mamá, me gusta porque hay gente muy diferente.

– Sí, eso es lo bueno de las personas que intentan unirse sumando sensibilidades distintas para conseguir algo mejor para todos. Pero también es lo malo: los del pensamiento único se visualizan compactos como un monolito. Y también se ponen de acuerdo más fácilmente, claro.

Ya de vuelta a casa, nos hemos topado con una desagradable sorpresa: la parada de los ferrocarriles de la Generalitat en la que nos hemos apeado ha cambiado de nombre y se llama CosmoCaixa Avinguda Tibidabo. Increíble pero cierto. “Toda la estación, desde el vestíbulo a los andenes -incluyendo ascensores y pasillos- luce ahora la imagen corporativa de Cosmocaixa”, leo, todavía estupefacta, en un artículo de La Vanguardia publicado hace dos días. Habrá quien opine que se ve estupenda, pero lo cierto es que le hemos vendido una estación de un transporte público a “la Caixa”. ¿Qué será lo siguiente? ¿Que Tous patrocine algún edificio público y un osezno gigante trepe por su fachada? Horrorizada estoy.

Hace falta valor, en el sentido de desvergonzado atrevimiento. Porque para perpetrar tamaña desfachatez hay que ser, más que osado, arrojadizo. Así que, si me disculpáis, voy a escuchar el legendario tema de Radio Futura, a ver si me distraigo un poco y se me olvida antes de que me dé un jamacuco.

https://www.youtube.com/watch?v=GYuwLyD2qJ4

No habrá paz para los corruptos

corrupcióAyer me acerqué a Cinemes Girona para asistir a la proyección de “Corrupción: el organismo nocivo”, un documental de Pandora Box TV en el que denunciantes de corruptelas varias y expertos en transparencia, derecho y ética toman la palabra. Es un proyecto que recabó fondos de donantes particulares para llevarse a cabo –yo misma colaboré con una aportación- y no está contando con repercusión alguna en los grandes medios de comunicación. Todos sabemos cuál es la mano que mece la cuna. O deberíamos saberlo.

Gracias a “Corrupción: el organismo nocivo” podemos escuchar a Fernando Urruticoechea, un interventor municipal consecuente y honesto que allá donde va –Ermua, Leganés, Castro Urdiales, Crevillent, ahora mismo Orihuela- descubre tramas opacas y las denuncia, lo que le ha condenado a una permanente trashumancia laboral. Ante nuestros atónitos ojos comenta que, para devolver una caja de vino, el último regalo con que han intentado comprar su predisposición a hacer la vista gorda –siempre lo hacen-, ha tenido que poner dinero de su propio bolsillo. Cualquier cosa antes de aceptar un soborno, por simbólico que sea: se empieza por algo baladí y se acaba con un sobre como los que repartía Bárcenas con tanta alegría como despreocupación.

Durante el visionado del documental, también conocemos de primera mano los testimonios de Maite Carol y Albert Gadea, que proporcionaron documentación clave para el Caso Pretoria, el de Carles Martínez, que denunció el desvío de subvenciones destinadas a cursos de formación para desocupados, el de Jaume Llansó, que dimitió de su cargo en el Instituto Municipal de Promoción Económica de Mataró para no colaborar con ciertas irregularidades, y el de Itziar González, que presentó su dimisión como regidora del distrito de Ciutat Vella para no participar en una maniobra de recalificación de edificios catalogados, instigada por Millet y sus secuaces con la connivencia del alcalde de Barcelona y sus adláteres.

Todos ellos, cuando se encontraron en situaciones comprometidas, mostraron una entereza indestructible, aun teniendo tanto en contra: la partitocracia y sus múltiples tentáculos –presiones, amenazas, incidentes-, colegas de trabajo que preferían mirar hacia otro lado, y el maltrato y el ninguneo de los medios. Son personas honestas. Valientes. Y, sobre todo, antisistema, como apuntó Albert Sanfeliu, el director del documental, en el breve coloquio que prosiguió a la proyección y en el que también participaron Maite Carol y Teresa Soler, la productora.

La soledad del corredor de fondo es la misma que la del verdadero antisistema, que es quien no se deja comprar. Quien denuncia. Quien da la cara sin amedrentarse. Y, sí, quien nos reconcilia con la especie humana. Creo que se merece que le arropemos y le acompañemos. Qué menos.

Las elecciones municipales están a la vuelta de la esquina, es nuestra oportunidad para dejar de ser cómplices y recuperar la soberanía perdida. Entre tanto, contamos con más armas para combatir las malas prácticas enquistadas en nuestras instituciones. El documental no solo denuncia la corrupción y la impunidad, sino que además anima al empoderamiento de la ciudadanía y presenta una plataforma que proporciona herramientas para controlar la gestión de los ayuntamientos, http://ocmunicipal.net/. Paralelamente, la prensa alternativa –que haberla hayla- colabora con https://filtrala.org/, una plataforma independiente que facilita hacer pública aquella información que se nos oculta al garantizar la confidencialidad de los denunciantes.

A por ellos, que son pocos y cobardes, aunque se hayan blindado tan bien. No habrá paz para los corruptos. O no debería haberla.