Isaba y alrededores

IsabaIsaba es uno de los siete pueblecillos del valle de Roncal que se arraciman junto a los márgenes del río Esca, como tupidos cogollos de tejados a dos aguas. Es el enclave ideal para acercarnos a los lugares que deseamos recorrer. Nos alojamos en el Hostal Onki Xin, que en euskera roncalés significa Ongi Etorri. De modo que bienvenidos somos. Lo regentan Raquel y Simon, quien cambió sus clases de inglés para empresas por la oferta de dormitorios y desayunos de su hotelillo. Ojipláticos nos quedamos cuando nos desvela que aprendió a hablar español a los 32 años: su soltura y fluidez son pasmosas. Awesome. Nos recomienda que atravesemos la frontera y visitemos el lado francés para concoer sus tres must. Y sí, lo hacemos, aunque soslayamos el puente de Holtzarte y la cueva de La Verne y nos limitamos a las Gorges de Kakuetta.

VacaMilkaPara llegar hasta allí enfilamos la NA-1370 desde Isaba hasta Larra-Belagua, el techo del Roncal, desde donde las vistas son formidables. Nos rodean verduzcas cumbres peladas y laderas alfombradas de pastos de los que se alimentan vacas, caballos y ovejas. Cuando pasamos por El Ferial, una prieta y nutrida manada ovina dibuja un lunar blanco en el cerro. Ya en Francia, nos acechan barrigudas nubes de lluvia en gelatina. El día gris y las peludas ovejas autóctonas nos hacen sentir como en Escocia. En mitad de la carretera, la vaca de Milka nos mira con sus ojos lánguidos e impertérritos. No se mueve ni un milímetro ni muestra la menor intención de hacerlo, suerte que podemos vadearla.

GorgesKakuettaEl congosto de las Gorges de Kakuetta, aunque bello y frondoso, me parece un socavón de humedad asfixiante. Hay que abonar seis euros por persona para acceder a un recorrido incomodísimo, no solo por el sendero en sí, estrecho y resbaladizo, sino también -o sobre todo- por la afluencia de familias con niños pequeños, que ralentizan el avance de todos. Además de la mala educación de algunos padres, que crean monstruos cuellicortos insufribles. En fin. En agosto, el costado francés es muy evitable. Es infinitamente mejor el lado navarroaragonés. Ondevaaparar.

ValleBelaguaLa NA-1370 asciende hasta Francia desde Isaba atravesando el valle de Belagua, el único de origen glaciar de cuantos hay por estos lares. Por esa carretera se accede a tres de los 30 senderos imprescindibles por Navarra. O eso nos cuentan en la oficina de turismo de Isaba. Nos atrevemos con el camino de Zemeto, que parte del refugio Belagua, ahora cerrado y en proceso de reconstrucción. En el folleto informativo que nos han facilitado indica que es un recorrido circular de 4,5 km y una hora y media de duración, y que solo debemos seguir las balizas azules y rojas para hacerlo. Sin embargo, las balizas con que nos topamos son blancas y rojas o blancas y amarillas, así que al final vamos un poco por donde nos parece, sin mapa ni cobertura. En efecto, somos, más que osados, arrojadizos. Penetramos en un hayedo tan hermoso y refrescante que proseguimos nuestra caminata, ufanos e inasequibles al desaliento. Hora y media después, al no avistar de nuevo el punto de partida, nos encaramamos a una cima para atisbar por dónde andamos. Pues no era la ruta circular, no. Subimos la siguiente ladera para averiguar por dónde continúa la vereda, pero por fin decidimos desandarlo todo, a ver si entre tanto llegamos a Roncesvalles y nos ponemos a recitar La Chanson de Roland. Cuando salimos de nuevo a los alrededores del refugio Belagua, es ya la una del mediodía y el sol implacable nos saluda.

VentaJuanPitoLo bueno -además de que no nos hemos topado con absolutamente nadie desde hace horas- es que se nos ha hecho tan tarde que ya podemos acercarnos a almorzar a la Venta de Juan Pito, que tanto nos habían recomendado. Aunque es temprano, el comedor está casi lleno. Nos sientan en una de las grandes mesas de madera que comparten todos sus comensales, nos entregan dos cartas y nos hacen esperar un buen rato hasta que vienen a tomar nota de los platos: atienden con calma a todo el mundo por escrupuloso orden de llegada. El menú es tentador y ultrabarato, pero yo quiero, sí o sí, migas de pastor. Están riquísimas, y también los pimientos de piquillo rellenos de merluza que escojo como segundo, aunque lo que más me emocionan son sus natillas caseras, que me teletransportan a mi infancia feliz.

Mata de HayaOtro de los famosos 30 senderos imprescindibles está en la misma NA-1370, pero un poco más abajo: Dronda-Mata de Haya. Es mucho más accesible. De hecho, es un itinerario recomendado para familias. Incluso dispone de un paseo por el inmenso hayedo por el que pueden circular sillas de ruedas, el Sendero de los sentidos. Nunca habíamos conocido nada así. Impresiona bastante iniciar este recorrido circular por la entrada de la derecha desde la zona de estacionamiento: las hayas dibujan un arco ojival perfecto que recuerda a una catedral gótica, solo que verde y exuberante.

No muy lejos de Mata de Haya, una pastora catalana, Marina, fabrica sus quesos con la ayuda de su madre, que llega en primavera, cuando se inicia el ordeñe de las ovejas. La joven artesana quesera seBordaMarengo formó con el anterior pastor, quien le cedió el negocio. Moscas, perros y el intenso olor de los fermentos lácteos nos dan la bienvenida en cuanto bajamos del coche. En la pared, un brillante eguzkilore nos saluda con su luminosa corola. La Borda Marengo, una construcción de una sola planta, lo mismo sirve de quesería que de tienda: basta con bajar un tablón de madera para convertir la entrada en un improvisado mostrador. Nos ofrecen un queso de tres meses de maduración, todavía le faltan tres o cuatro semanas para alcanzar su punto óptimo, de modo que nos dan instrucciones para prolongar el proceso en casa: debemos mantener el queso, bien arropado por el papel de embalar con que nos lo envuelven, en el último cajón de la nevera. Una vez abierto, hay que guardar la porción restante en el frigorífico dentro de una fiambrera, junto con un trozo de pan seco, que absorbe la humedad y evita que se enmohezca. Cuando el pan de reblandece, hay que retirarlo y sustituirlo por otro mendrugo. Esos buenos trucos de pastora.

Museo del quesoAl lado de Isaba, en Uztarroz, se anuncia un flamante museo del queso. Cuando, llenos de curiosidad, nos acercamos a verlo, nos topamos con una quesería que, con más buena intención que criterio, ha acumulado una especie de almacén de antiguallas relacionadas con el producto más conocido del valle, incluso exhiben una rueca y lana de oveja sin hilar. A cualquier cosa le llaman bicicleta. O museo del queso.

davEl valle de Roncal limita al este con la Jacetania: desde Isaba, el valle de Hecho queda a menos de una hora de coche. La carretera serpentea entre agradables colinas y brinda unas preciosas vistas de los montes circundantes. La primera población aragonesa, Ansó, ha sabido preservar su encanto y luce, coqueta, sus bonitas callejuelas y sus primorosas fachadas de piedra cuajadas de trabajos en forja, que siempre me hacen pensar en mi abuelo paterno y sus bíceps de Popeye, fraguados a golpe de yunque. El último domingo de agosto, un bullicio excepcional se cuela por todos los rincones de la villa: es la jornada en que se exhiben los trajes tradicionales ansotanos, cuyo origen se remonta a la alta Edad Media. Los lugareños visten sus mejores galas, orgullosos de sus basquiñas de lana abatanada, sus sayas plisadas en abanico y sus camisas, enaguas y calzones de hilo.

HechoMuy cerca de Ansó, la localidad de Hecho también ha conservado sus arrebatadoras casonas, que se caracterizan por sus vistosas balconadas y sus airosas chimeneas cilíndricas, uno de los distintivos arquitectónicos del valle. Tiempo atrás estas chamineras se remataban con espantabrujas, para evitar que las hechiceras se colaran por ellas volando sobre sus escobas. Para reforzar esta protección, en los fogariles donde desembocaban las chamineras se dejaban unas tenazas abiertas en forma de cruz, o bien, una vez apagado el fuego, se dibujaba una cruz sobre las cenizas, antes de retirarse a dormir.

CorderoEn Hecho almorzamos en el Restaurante Gaby, cuyo nombre puede llevar a confusión: su actual cocinero, sobrino de la Gabriela fundadora, se llama José Félix, aunque todos lo conocen como Pepo. Es todo un personaje, gracioso, carismático y excelente anfitrión. Realmente merece mucho la pena comer allí, no solo porque los platos son exquisitos -soberbias las pochas-, sino porque, además, todos son más majos que las pesetas. Claro que los maños suelen ser muy buena gente.

Selva de OzaMás allá de Hecho, y una vez hemos dejado atrás Siresa y su sobrio monasterio románico, la carretera abre un boquete en la montaña y penetra en el desfiladero que ha esculpido el río Aragón-Subordán, la llamada Boca del Infierno, y finaliza en la Selva de Oza, un bucólico paraje que ofrece numerosas opciones para practicar el senderismo o la observación faunística y megalítica, aunque a nosotros nos basta con mantenernos a salvo del calor adentrándonos en el espeso hayedo que cubre buena parte del bosque.

Selva de IratiLos polícromos hayedos forman parte del paisaje allá a donde vamos, aunque donde son los grandes protagonistas es en la Selva de Irati. La carretera que parte desde Ochagavía hacia la mayor masa arbolada peninsular es una lengua gris que discurre sobre un centelleante tapiz esmeralda de hayas, abetos, musgo y helechos. Estacionamos nuestro coche en la zona habilitada a tal fin en las Casas de Irati y abonamos los 5 euros que nos solicitan para colaborar en el mantenimiento del lugar. En la caseta de información, una mujer muy amable nos facilita los detalles relevantes del camino circular que deseamos recorrer: Errekaidorra. A lo largo de tres horas, paseamos por tramos de pista forestal, nos encaramamos en veredas aptas para cabras montesas y nos detenemos en los rincones que explican la explotación de la madera de Irati, desde la construcción de mástiles para navíos hasta cómo se acarreaban semejantes troncos a lo largo de vastas distancias. El itinerario está perfectamente señalizado y lo seguimos sin problemas, otra cosa son los abruptos ascensos con que nos topamos de tanto en tanto, que nos duelen hasta el resuello. En cualquier caso, la inmersión en el inmenso hayedo es sobrecogedora y el agradable silencio nos colma de serenidad.

FInalSe acabaron las vacaciones de verano. Estas tres semanas de asueto nos han proporcionado la renovación necesaria para afrontar el último cuatrimestre del año. Me siento afortunada. Ahí voy. Ahí vamos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s