Praia das Catedrais

entradaA quienes vivimos mediterráneamente nos fascina el flujo de las mareas. Durante nuestras numerosas incursiones a Francia y al norte peninsular hemos contemplado, embelesados, cómo afecta la fuerza de la gravedad al devenir de los océanos. Sin embargo, nada de lo que habíamos presenciado hasta ahora puede compararse con la bajamar en la playa de As Catedrais cuando el día empieza a clarear. Se llega allí desde Rinlo por una agradable carretera costera que orilla el singular litoral, la llamada ruta das praias. Desde ella se accede a las playas de Os Castros e Illas, tan vecinas que se convierten en una misma lengua de arena cuando la marea está baja, y a la de Esteiro. A la derecha, la abrupta roca tallada, a la izquierda, campos recién segados con balas de paja de reminiscencias normandas.

reflejosEn la playa de As Catedrais, denominada por los lugareños Augasantas, hay dos zonas gratuitas de estacionamiento para los vehículos: una a la derecha según se llega desde Rinlo, con vistas al mar, y otra a la izquierda, más cercana al acceso principal. Aunque nos registramos previamente como visitantes en la web que la Xunta de Galicia ha habilitado para tal fin, en ninguna de las tres ocasiones en que nos acercamos a la emblemática playa nos piden la autorización. Una pasarela de madera invita al paseo hasta la cercana playa Arealonga y ofrece un acceso alternativo, mucho menos concurrido, al extremo oeste de As catedrais. No obstante, el descenso es bastante más impactante por la escalinata que conduce al corazón del paisaje lunar de esta playa excepcional. Nosotros hemos tenido la suerte de poder disfrutar de la bajamar al amanecer y al atardecer, cuando la luz embellece todavía más las cautivadoras vistas.

puentesLos acantilados de cuarcitas y pizarras, cincelados por los movimientos tectónicos y la erosión marina durante millones de años, configuran un conjunto geológico que incluye paredes cóncavas y dentadas que se desploman sobre la playa, pedregosas y escurridizas grutas y arcos que desafían a ventiscas y marejadas. Recién replegadas las olas, la compacta y finísima arena, bruñida por la película de agua residual y los primeros rayos del sol, luce un tatuaje de acuáticos vasos capilares. De tanto en tanto, charcas de delicadas transparencias en las que han quedado presos pececillos, quisquillas y cangrejos. Sobre las rocas todavía húmedas, un tapiz de percebes, mejillones y lapas en los que se refugian pequeños crustáceos. Y a nuestro alrededor, esculturas pétreas que se disparan hacia el cielo y crean fascinantes juegos de sombras.

monjitasLa caminata por la playa de As Catedrais es un arrebatador ejercicio de observación, no solo geológico y faunístico, sino también sociológico: un pequeño grupo de monjas de alguna radiante congregación -sus hábitos son de un azul eléctrico reverberante- corretean apuradas sobre la arena dando pequeños brincos, como si llegaran tarde a maitines. Una de ellas se incrusta arácnidamente en el lateral de un promontorio y posa en plan Nosferatu mientras otra, vestida de negro ala de cuervo, la inmortaliza con su smatphone.

Más allá, un fotógrafo o un esnob, no sabría decirlo, pertrechado con una de esas cámaras-reliquia que ya nadie usa, muestra su irritación porque irrumpimos en el ángulo de visión de su objetivo. Madrugar para que turistas como nosotros arruinen tus planes resulta exasperante, pero pretender organizar una sesión fotográfica en pleno agosto es poco realista -por no decir inverosímil-. Entre tanto, no muy lejos de él, un promontorio muestra su perfil de moai de Isla de Pascua. Es tan instagrameable que los escasos visitantes que ya pululan por la playa están más preocupados por el encuadre y los filtros que por recrearse en los mil y un detalles de su pétrea figura. No somos nadie. Y sin las redes sociales, menos.

this is the endNos despedimos de As Catedrais a última hora de la tarde, antes de que se ponga el sol: el horario de las mareas de esta semana no nos da muchas más opciones para disfrutar de nuestra playa favorita con el tipo de luz que nos gusta. Aunque el mar se va retirando paulatinamente, lo perseguimos en su apacible retroceso para refrescarnos los pies y nos resistimos a abandonar ese conmovedor trocito de costa. Solo nos reconforta la certeza de que, cuando necesitemos una bocanada de aire fresco, nos trasladaremos mentalmente allí.

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2 comentarios en “Praia das Catedrais

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