Terapéutica Almagro

Nuestra ya tradicional cita con el teatro barroco español llega un poco a contrapelo, en plena y desbordada catarata laboral -es lo que tiene tener que programarla con un año de antelación-. Y sin embargo, cuánto bien nos ha hecho esta escapada. Muchisísimo mejor que un fin de semana termal.

Nuestro alojamiento, el apartamento de la planta baja de Casa Clavero, es insuperable, no solo por su patio con piscina climatizada, sino por su amplitud de espacios -imprescindible si cuatro mujeres han de compartir el baño-, la calidad de sueño que proporcionan sus colchones de látex y la fabulosa insonorización, que garantiza la privacidad y el silencio incluso entre los dos dormitorios dobles de que disponemos, uno para mis amigas Eva y Valery, otro para mi hija pequeña y yo. Felicidad máxima.

Todavía es de día cuando llegamos a la Tabernilla de Almagro. Acaban de abrir y nos atiende Lucas, un camarero sensacional. Compartimos platillos locales para que Valery, que nos acompaña por primera vez a nuestra tradicional cita, se familiarice con los sabores manchegos: torrezno, asadillo, pisto, migas de pastor… Mariola se pide su ración vegetariana a medida -pisto con huevo de gallina feliz-. Tras compartir los ricos platillos, las omnívoras nos sentimos tan repletas que como postre optamos por compartir una porción de tarta de queso manchego. Mariola le pide a Lucas una naranja.
-¿La prefieres preparada?
– Sí, gracias.
No obstante, como el comedero se ha ido llenando, Lucas no se acuerda del postre de mi cachorro. Cuando se lo reclamamos, le sirve la naranja preparada para jugar a los bolos, porque se la arroja entera, como quien lanza un balín. Estos manchegos son la monda.

Cartel Hospital de San Juan 3Nos acercamos al Hospital de San Juan, ahora Teatro Adolfo Marsillach, para asistir a la representación de El castigo sin venganza de Lope de Vega, a cargo de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Tenemos entradas en la fila uno y nos aterroriza que los actores aperciban nuestra ostentosa fatiga: la función empieza a las once de la noche y estamos exhaustas. A pesar de la titánica lucha contra nuestros plúmbeos párpados, el montaje dirigido por Helena Pimenta nos resulta conmovedor. Nos requetechifla absolutamente todo: la puesta en escena, el trabajo de los actores –inmenso Rafa Castejón en el papel de Federico-, el sobrecogedor e implacable final… Muy, muy fan.

Cuando regresamos de madrugada a nuestros aposentos, el agotamiento nos despista e intentamos abrir en vano el portal del número 24 de la calle Clavería –el nuestro es el 14-. La noche confunde y la extenuación ahonda en nuestro desconcierto. Cuando atinamos con la entrada que nos corresponde, nos apijamamos a toda velocidad y enseguida dormimos plácidamente, presas de un reparador coma onírico.

MicroclásicosEl sábado desayunamos en la plaza mayor y curioseamos sin prisa por las tiendecillas que jalonan su porticado perímetro. Mientras Valery descubre los primorosos encajes de bolillos que hilan las lugareñas, las demás nos entretenemos en observar al grupo de comediantes vestidos de época que promocionan por las terrazas los Microclásicos, piezas teatrales en pequeño formato que se representan en la Iglesia de las Bernardas del 4 al 28 de julio.

Es ya nuestro tercer Almagro y en Alma de Almagro y El baúl de Iris nos reciben con los brazos abiertos. La calidez de los almagreños siempre nos hace sentir como en casa.

TeatroMercedesDelante del Palacio de los Condes de Valparaíso, nos topamos con un actor elegantemente caracterizado de hidalgo español –el negro ala de cuervo de su indumentaria le delata-. Revisa sus réplicas junto a un imponente Mercedes y, maravilla de las maravillas, no transpira. ¿Será el caballero ignífugo? Al entrar en el zaguán, descubrimos que se trata de El teatro de sus Mercedes, una iniciativa de la compañía manchega El Taular y Autotrak Mercedes-Benz de Ciudad Real. El montaje presenta El perro del hortelano de Lope de Vega a un máximo de tres espectadores, que escuchan los diálogos del piloto y la copiloto mientras pasean por la villa en automóvil. Qué formato tan original y refrescante.

Corregidor codilloSobre la una el calor y el hambre aprietan. Hace tres meses que reservamos mesa para almorzar en El Corregidor, que se ubica en una casa solariega del siglo XVII. El ardor solar que rebota contra paredes y adoquines nos anima a avanzarnos al horario acordado y entretenemos la espera en la barra antes de subir al señorial comedor. Pedimos una Coca-Cola y dos cervezas, nos invitan a cuatro espléndidos pinchos de tortilla de patata –no acabamos de acostumbrarnos a esta rara gentileza de las tapas- y nos cobran 5,20 euros. Unbelievable. Luego, ya en nuestra mesa, nos atiende Micaela, la mejor camarera del mundo mundial. Aunque pedimos el menú, nos cambian uno de los entrantes y no nos cobran los extras de Mariola, que con su dieta vegetariana reclama un plato a medida. Se me ocurre que a buena parte del sector de la restauración de Barcelona le vendría muy bien una estancia en Almagro. En fin.

La tarde discurre sin prisa en nuestro magnífico apartamento con piscina. La larga siesta y la hora y pico en remojo cicatrizan los zarpazos de las contingencias de la semana laboral, que se me antoja tan lejana como la galaxia de Andrómeda. Me siento rejuvenecer.

Teatro 10En la Antigua Universidad Renacentista (AUREA), la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico nos deleita con la entretenida comedia El desdén con el desdén, de Agustín Moreto. La versión actualizada de Carolina África sabe aportar divertidos matices al libreto original. Nos fascina el montaje sesentero de Iñaki Rikarte y nos arrebatan las brillantes interpretaciones de todos los actores y actrices. El festival de Almagro nunca defrauda.

El patiejo azulejoMontse, de El baúl de Iris, nos recomienda –mal- que cenemos en El Patiejo. El restaurante es precioso, con sus vistosos azulejos y sus amabilísimas camareras, pero la cocina es tan pretenciosa como mediocre. Ya lo cantaba Alaska: “Eres como el interior de una nave espacial abandonada, brillas por fuera, por dentro, nada. Prometes mucho, no cumples nada, nada de nada”. Sí, Almagro también cuenta con alguna pequeña falla que, una vez detectada, es absolutamente soslayable. Nadie es perfecto.

Aunque Eva y yo teníamos previsto despedirnos del festival de Almagro en esta cuadragésimo segunda edición, el domingo por la mañana, mientras desayunamos en la Churrería La Plaza –su chocolate a la taza Valor hace entrar en trance- decidimos que no, que no importa cuán aterrador sea el mes de julio ni cuán monstruoso sea el torrente de trabajo que nos arrastre: en 2020 regresaremos a por una nueva dosis de nuestra beneficiosa terapia. Ampliada, porque reservamos nuestro apartamento con piscina por una noche más, con un año de antelación.

Almagro forever.

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3 comentarios en “Terapéutica Almagro

  1. Siiiiiiii. Q feliz he sido. Sobretodo sabiendo q finalmente has decidido volver el año q viene y llevarme contigo. Que maravilla como nos lo cuentas todo. ! Gracias

    Enviado desde mi iPhone

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