8 de marzo en Sevilla

Cuando los descendientes de los parabolanos que desollaron a Hipatia se incrustaron en el parlamento andaluz, decidí que el 8 de marzo estaría en Sevilla: quería apoyar a las hermanas andaluzas con conciencia de género y a los compañeros que nos quieren vivas, libres e iguales: la lucha feminista será compartida o no será. Mi amiga Eva se apuntó en medio nanosegundo, no tanto por acudir a la manifestación hispalense –aunque también- como por conocer la capital andaluza. Olé.

A las siete menos cuarto de la mañana, mi maleta de cabina violeta sufragista atruena las calles. La jornada de huelga no aplica para una tendera que abre su pollería de madrugada: es la vida de la autónoma, me la sé bastante bien. Ya en el bus que me lleva al aeropuerto, una señora encantadora entabla conversación conmigo por pura complicidad: mi camiseta con proclama, “Ni un paso atrás”, me delata. Eva y yo nos encontramos en la T1 y en menos que canta un Vueling nos plantamos en Sevilla.

Nos alojamos en el Hotel Goya, un alojamiento requetebién ubicado con un personal amabilísimo. A pesar del bullicio nocturno de esa zona, nuestro dormitorio es monacalmente silencioso y tanto el baño como la habitación lucen impolutos. Qué delicioso refugio.

Gracias a las recomendaciones de John, el viajado marido de Eva, almorzamos a dos minutos de allí, en el restaurante San Marco de la calle Mesón del Moro, que ocupa unos antiguos baños árabes del siglo XII. El intenso aroma a jazmín y los buqués de flores frescas diseminados por el recinto nos envuelven como un vaporoso abrazo.

smartcaptureDespués de comer nos acercamos en apacible paseo, atravesando la calle de las Cruces, a los Jardines de Murillo y después a la renombrada Plaza de España. Aunque sus dimensiones son imponentes, nos parece un homenaje cerámico rancio y trasnochado y enseguida nos escapamos al anejo Parque de María Luisa, mucho más agradable.

Proseguimos nuestra caminata buscando la sombra -el sol aprieta- y entramos en el Archivo General de Indias, cuya visita es gratuita. Una exposición temporal, “Sabores que cruzaron los océanos”, detalla cómo afectó el comercio con ultramar, sobre todo con Filipinas, a los hábitos alimenticios patrios. En uno de los plafones leo que algunos bodegueros descubrieron que el vaivén de las olas y la humedad beneficiaban a la evolución de los caldos que transportaban los barcos, de modo que empezaron a pasearlos para mejorar su envejecimiento. Los viajes son enriquecedores incluso para los vinos.

Se acerca la hora de la cita feminista en el Puente de Triana y nos encontramos con la otra Eva de esta escapada en el bar El Cairo, que queda muy cerquita de la cabeza de la manifestación. Nuestra Eva sevillana había trabajado conmigo en Barcelona y ahora reside en la capital hispalense para estar al ladito del padre de su pimpollo. Pero esa ya es otra historia.

En el baño del bar El Cairo, una coqueta setentañera se fija en el color de mi boca.

– Oh, ese pintalabios que llevas sí que es violeta -se dirige a mí, mohína.

– Bueno, mujer, el tuyo también lo es -la consuela su amiga.

– No, el mío es más granate. Esto el próximo 8 de marzo lo tengo que solucionar.

La comprendo perfectamente, yo también pienso que el feminismo no está reñido con la feminidad. Antes muerta que sencilla.

smartcaptureLa calle es una fiesta transversal donde todas tenemos cabida. Me fascinan algunas muchachas hermosas, desafiantes y a la vez risueñas, que alzan orgullosas las pancartas que han rotulado para la ocasión. También detecto a abuelas con mucha mani a las espaldas, la melena al viento o recogida en moño caracoleante. Una Dolly Parton andaluza agita el puño con tanto entusiasmo que su sortija de Shazán, preparada para un sortilegio, deslumbra con sus brillos carmesíes como un faro de Alejandría. Más adelante, una pandilla exhibe su actitud queer con mantillas en las que han bordado, en punto de cruz, “mujer tenía que ser”. Qué a gusto se está entre ellas. La única nota discordante la dan unos sindicalistas viejunos y desnortados: un macho alfa atrona desde su megáfono rodeado por sus compañeras. Así no, caballero. Así, de manera tajante, no.

Nuestra sevillana acompañante nos conduce hasta una abarrotada Alameda de Hércules para cenar y conseguimos mesa en la azotea del restaurante Al Aljibe. Ojipláticas nos quedamos cuando el camarero no incluye en la cuenta un risotto que no resulta de nuestro agrado, el servicio hispalense está en las antípodas del de Barcelona. La noche no se alarga mucho más, estamos exhaustas. Tras despedirnos de nuestra Eva sevillana, quien nos acompaña hasta la puerta del hotel, caemos en coma onírico.

toro disecadoEl sábado por la mañana nos sentamos en el recoleto comedor de la Bodega Belmonte todavía somnolientas. Cuando ya hemos pedido lo que nos apetece para desayunar, levanto la cabeza y me doy cuenta de que nos observan siete testas de toro disecadas. Casi me da un siroco. Y luego otro cuando diviso un gran lazo amarillo en la reja de la catedral. No me restriego los ojos porque me emborronaría la cara de eyeliner y parecería un mapache. Me acerco para verificar lo que tengo delante y sí, es un lazo amarillo, pero por el cáncer infantil, que era su primera adscripción hasta que lo expropiaron los independentistas catalanes. En fin.

Hemos concertado una visita a pie por el centro histórico de Sevilla. A la hora convenida aparecen en Puerta de Jerez cuatro guías de Free Tours y en un momento montan los grupos, uno en inglés, otro en francés y dos en español. Tenemos la suerte de que nos toca con Yis, una chica pizpireta nacida en Tánger y enamorada de Sevilla que nos va desgranando información a lo largo del paseo. Así nos enteramos de que en el barrio de Santa Cruz, las casas más pudientes protegían sus muros y sus esquinas con ruedas de molino y columnas, a fin de evitar el desgaste de los guardaejes de los carruajes al discurrir por las angostas callejuelas.smartcapture

Yis también nos desvela que, aunque se ve blanca, la Giralda es, en realidad, roja, como han manifestado los trabajos de restauración: al parecer la recubrieron para igualarla cromáticamente con la catedral. La función de las rampas de su interior era que los islamitas pudieran subir a rezar a caballo o en burro, ya que tenían que hacerlo cinco veces al día. Así mismo nos detalla que, en realidad, los musulmanes no se lavan antes de orar, sino después de expulsar de su cuerpo orina, heces o gases. Cada cual con sus costumbres.

Yis es antitaurina, sobre todo desde que supo cómo atormentan a los toros de lidia antes de arrojarlos al ruedo: les taponan con cera la nariz y las orejas, les cubren los ojos y los encierran en una angosta caja durante 24 horas, de manera que salgan tan desorientados como asustados a la plaza. La crueldad humana es esperpéntica. Me reafirmo en mis convicciones: la tortura no es arte ni cultura.

Enfrente de la Torre del Oro, Yis nos relata las visicitudes de su heroína, María Coronel, que se desfiguró la cara con aceite hirviendo para evitar que la violara el rey Pedro el Cruel. A pesar del suceso, vivió largos años y dejó instrucciones de que la momificaran cuando falleciera: deseaba ser la prueba fehaciente de que ese episiodio fue real y no leyenda. Quien desee verificar el lance, solo debe acudir al convento de clausura de Santa Inés el 2 de diciembre, único día en que pueden contemplarse sus restos –explicaciones novelescas a parte, el cadáver incorrupto de la aristócrata sevillana fue descubierto por casualidad, con motivo de unas obras que obligaban al traslado de su féretro-.

Nos despedimos de Yis antes de finalizar el periplo de Free Tours: hemos comprado en la web oficial las entradas para visitar los Reales Alcázares y el Cuarto Real y debemos ser precabidas con los horarios. Por suerte, nuestra encantadora guía nos da un consejo que nos resulta de gran utilidad cuando vagamos por los laberínticos jardines: para encontrar la salida, basta con que nos fijemos en que la muralla quede a nuestra derecha.

alcázar2El origen de los Reales Alcázares se remonta al siglo X, cuando Abd al-Rahman II manda edificar la Dar al-Imara, la casa del gobernador. El conjunto se va ampliando durante los sucesivos reinados, también cuando Fernando III invade Sevilla y los reyes de Castilla deciden establecer su regia residencia en los arrebatadores palacios almohades. Pedro el Cruel ordena construir el primer edificio civil de la Baja Edad Media en estilo mudéjar: en sus obras participan alarifes y carpinteros cristianos y musulmanes venidos de Toledo y Granada, y también sevillanos, prueba de que hubo un tiempo en que cristianos, judíos y musulmanes convivieron en provechosa armonía.

alcázar3Vendrían luego nuevas ampliaciones, una de las cuales es el Cuarto Real que, aunque puede visitarse, no es fotografiable porque hoy por hoy son los aposentos de los compiyoguis cuando pasan por Sevilla: si deseas que te invada una humillante sensación de súbdita, es el lugar ideal. El protocolo obliga a pasar los bolsos por un detector y, adicionalmente, guardarlos en unas taquillas. Unbelievable. En la cola, una doble de la difunta Cayetana –la misma boca de pato operada, idéntica pelambrera amarilla, blazer de terciopelo y sleepers en los pies- vive ajena a nuestro plebeyo ajetreo, ella lo comprende todo porque también pertenece a ese rancio abolengo que perdura por-los-siglos-de-los-siglos-amén. Una vez dentro, un segurata perruno husmea cualquier atisbo de abandono de las normas estipuladas, a saber: recorrer todos juntos cada estancia y escuchar, al unísino y de manera simultánea, las explicaciones de la audioguía, que de tan hagiográficas con los sucesivos inquilinos dan náuseas. Ganas de vomitar sobre algún horritapiz o sobre los reclinatorios de los adalides del yugo y las flechas. Nota marginal: el yugo por la inicial de Ysabel y las flechas por la de Fernando. Siempre se aprende algo nuevo, aunque sea intrascendente.

Tanto panegírico de la monarquía nos asfixia, necesitamos salir a tomar aire. Siguiendo la recomendación de nuestra guía de Free Tours, intentamos almorzar en la Taberna Coloniales de la calle Jimio. Imposible, es demasiado tarde para conseguir mesa: una pequeña romería de lugareños se agolpa en la entrada. Nos encaminamos hacia la calle Sierpes y entramos en el primer lugar que nos parece bien, la Taberna El Papelón, al principio de la calle Granada, donde nos atienden divinamente y picamos lo que nos apetece. Luego callejeamos Sierpes arriba. IMG-20190309-WA0016Optamos por no adquirir nada en la célebre Confitería La Campana porque sus nazarenos de chocolate o caramelo nos dan grima. A nuestro lado, unos turistas italianos creen que tienen algo que ver con el kukluxklan.

De cerca, el inexplicable mirador denominado Setas de Sevilla nos parece tan desconcertante como de lejos. Desestimamos subir a “la construcción de madera más grande del mundo” –no somos fácilmente impresionables- porque preferimos continuar nuestro paseo y regresar hacia el hotel. De camino compro algunas hierbas para infusión y unas pastillas de incienso en el Herbolario Esencias de Sevilla de la calle Córdoba, donde una mujer más maja que las pesetas nos da palique un buen rato. Claro que yendo con Eva lo raro sería que no entablase conversación con nosotras: mi locuaz amiga ha dedicido ejercer un pintoresco apostolado de catalanidad integradora.

Nos espera nuestra noche flamenca, así que urge una pausa en el hotel para reponer fuerzas. Me duelen tantísimo los pies que sopeso salir con mis zapatillas de satén de viaje de Woman Secret, pero desestimo la idea porque no coordinan con lo que llevo y soy incapaz de salir a la calle desconjuntada.

Cenamos muy cerquita del hotel, en Las Moradas de la calle Santa Teresa, un nombre que nos define requetebién, no tanto por el violeta feminista de nuestro fin de semana reivindicativo como porque nos ponemos ídem de jamón del bueno, pescaíto frito y un Emilio Moro que nos ventilamos a toda velocidad porque nos aguarda el tablao Los Gallos.mde

Llegamos cinco minutos antes de que empiece el espectáculo, y sin embargo Beatriz, la mejor camarera del mundo mundial, nos hace un hueco en primera fila. Mi amiga Eva se pide un gintonic.

– ¿Qué ginebra tienes?

– MG.

– No la conozco, ¿es buena?

– Nadie ha vuelto para decir que le había sentado mal…

– Bueno, pues tráeme un gintónic de MG.

smartcaptureMG es un bebercio que se fabrica en Vilanova i la Geltrú, pero entonces todavía no lo sabemos y caen dos rondas de combinado. El mío es facilón, Barceló con naranja, pero el de Eva es todo un reto. Suerte que es una hembra aguerrida y se lo bebe todo como si nada, qué grande. Entre tanto Beatriz, que se ha encariñado con nosotras –quizás ayude que seamos las únicas españolas del patio de butacas-, nos facilita una lista escrita de su puño y letra con el programa de la noche, que nos parece fabuloso y nos requetechifla. Que sí, que en el barrio de Triana quizás haya tablaos más auténticos, pero qué queréis, somos prácticas y preferimos la comodidad: en cuanto acaba la fiesta, solo nos separan de nuestras camas tres minutos de paseo, literalmente. Felicidad máxima.

El domingo hemos contratado con Naturanda una espléndida excursión a Itálica y San Isidoro del Campo. Nos recibe Patricia, historiadora, arqueóloga y guía turística, y disfrutamos del privilegio de viajar con ella y otra turista como nosotras en su monovolumen. Patricia es muy maja y el trayecto se nos hace muy corto. En la entrada de Itálica se suman algunos visitantes más, pero entre todos no sobrepasamos la docena.

Durante el recorrido del sitio arqueológico, Patricia pone en contexto todo lo que vamos viendo y nos glosa las costumbres y la manera de vivir de los antiguos moradores de la urbe. Así nos enteramos de que muchos gladiadores, los autoracti, venían a ser como los actuales deportistas de élite, y que no luchaban a muerte porque eran demasiado valiosos –nada que ver con la imagen que nos ha inoculado el cine hollywoodiense-. O que, como los excusados eran públicos, los patricios quedaban para conversar sobre sus negocios mientras depositaban sus heces. Para que luego digan que las tradiciones catalanas son escatológicas.

mdeFinalizada la visita de Itálica, nos subimos de nuevo al monovolumen y nos dirigimos a San Isidoro del Campo, una fortaleza monacal donde nos sorprende, como ya nos había sucedido en los Reales Alcázares, la presencia de elementos árabes en la construcción y la decoración del conjunto arquitectónico gótico: sus murallas presentan almenas almohades y en las paredes del claustro se pueden apreciar hermosos frescos de estilo mudéjar. Pura fusión.

El singular monasterio fue construido por ese ser conocido como Guzmán el Bueno, aunque bien debiera llamarse el Parricida: cuando los musulmanes que asediaban Tarifa le advirtieron de que ejecutarían a su hijo mayor si no se rendía, arrojó su propia daga para que lo hicieran. Eso sí, los apuñalados restos de Pedro Alonso de Guzmán reposan en el panteón familiar. Otro cadáver inverosímil que allí yace es el de Leonor Dávalos, dama de compañía de Urraca Osorio, a quien Pedro el Cruel condenó a morir en la hoguera: una ventolera le arremangó la falda a doña Urraca y doña Leonor corrió a bajársela, por lo que pereció carbonizada con ella. A menudo la estupidez humana no tiene límites.

El paseo por la historia de la mano de Patricia finaliza en La Pañoleta, que es como se conoce popularmente al bar San Rafael de Camas. En cuanto llegamos, un par de gorrillas acechan en la zona de estacionamiento. Patricia tiene esta práctica mafiosa tan interiorizada que les sonríe y les avanza que cuando salgamos abonará el extorsionante impuesto. Eva y yo nos sentimos tan invadidas como cuando en Barcelona, aprovechando un semáforo en rojo, un limpia arroja un trapo pringoso sobre el parabrisas. Qué ascazo. Y sin embargo se nos olvida todo en cuanto el bar nos engulle con sus parroquianos arracimados junto a la barra, sus tapas y raciones servidas en papel encerado y su cartelería cañí. Eva y yo pedimos sendas manzanillas que nos saben a gloria.

Aunque el taxista que nos acompaña al aeropuerto parece un tipo afable e inocuo, a mitad de camino deducimos que es votante de Vox. La banalidad del mal ante nuestras narices. Como estamos ya en la autovía y saltar del vehículo en marcha nos parece una idea extravagante, optamos por trivializar la conversación para que sea asimilable por su minúsculo cerebro. Que no se nos olvide que en estos tiempos hostiles es 8 de marzo durante todo el año.

A ver qué pasa el 28 de abril. Ibsen pensaba que la mayoría –desinformada, añadiría yo- tiene la fuerza, pero no la razón. Y sin embargo prefiero la sabiduría canalla, curtida en la calle, de mi amiga Eva.

– ¿No te preocupa que a tu hijo no le guste el fútbol? –le suelta un mentecato un día cualquiera.

– No, lo que me aterra es que tú votes.

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