Bye bye Britain

Queríamos viajar a Londres antes del Brexit, just in case, así que compré cuatro billetes de ida y vuelta con ocho meses de antelación por 200 euretes: easyJet es la compañía más lowcost del mundo mundial. Con la misma anticipación reservé nuestro alojamiento a través de la web de AccorHotels en el Ibis London Shepherds Bush–Hammersmith: tres noches en dos habitaciones dobles, con desayuno bufé para cuatro, 400 euros, gentileza de mi tarjeta de fidelidad.

fly to londonEn octubre me llegó vía email una oferta del Club Cliente de Aena, oh albricias, que me ofrecía un descuento del 25% en el parking del aeropuerto de El Prat, válido para reservas anteriores al 31 de enero de 2019. Hay un orden cósmico. Tras desestimar cambiar moneda y decidir tirar de VISA, a falta de pocos días para nuestra escapada familiar solo teníamos pendiente solucionar el traslado de Gatwick al hotel. Después de investigar distintas opciones, descubrimos que la compañía ferroviaria Southern Railway conectaba ese aeropuerto con nuestro Ibis, solo había que hacer un cambio de tren en la estación de Clapham Junction. Reservamos los billetes online y guardamos el código para imprimirlos a nuestra llegada. Ya teníamos todo a punto, empezaba la cuenta atrás, tic-tac, tic-tac, tic-tac.

Viernes 4 de enero. Londres. Comprobamos que nuestro hotel está cerquísma de la estación de tren, de la estación de metro Shepherds Bush de Central Line y de las paradas de ida y vuelta del 94, que conecta con Piccadilly Circus las 24 horas del día. Almorzamos con horario británico en el restaurante Leon del barrio. Nos lo recomendó mi amiga Susana para satisfacer las preferencias vegetarianas de la mitad de mi familia, cuentan con un montón de establecimientos por toda la ciudad. Sí, también en Shepherds Bush.

museo de historianaturalMariola insiste en visitar el Natural History Museum. Millones de familias con niños de todas las edades y un ejército de cochecitos se arremolinan en la sección de dinosaurios. La marea humana nos atrapa y escapar de ella es como liberarnos de unas arenas movedizas, pordiosquésuplicio. Suerte que la zona de mineralogía está mucho menos concurrida y podemos apreciar las rocas y cristales de mil y una tonalidades sin aglomeraciones. Cruzamos la calle y enseguida entramos en el Victoria&Albert: su colección de moda me requetechifla. Sesión de museos finiquitada.

birraLos dos séniors despedimos la agotadora jornada en el pub Red Lion, al lado de Carnaby Street: tenemos la suerte de entrar a las seis y poco, justo cuando acaban de abrir el comedor de la planta de arriba. Como podemos escoger donde acomodarnos, nos instalamos en una bonita mesa bajo los ventanales. Me zampo un fish&chips glorioso y tomamos algunas pintas de medio litro. Awesome.

british coreaEl sábado llegamos al British Museum cuando están abriendo puertas, así podemos cotillear mejor el ingente patrimonio expoliado por los ingleses en Egipto, Grecia y Oriente Medio. La visita de las plantas superiores, que albergan interesantes dibujos, así como algunas espléndidas piezas de Corea y Japón, es mucho menos populosa y nos permite curiosear con más tranquilidad.

En cuanto salimos nos dirigimos a Candem. Almorzamos estupendamente en The Ice Wharf, que funciona como un pub -eso sí, a escala king size por las dimensiones colosales del local-: pides en la barra platos y bebidas, das tu número de mesa, lo abonas todo y te lo traen enseguida. En la carta incluso te animan a usar una aplicación, la Wetherspoon app, para solicitar la consumición directamente, sin pasar por el mostrador ni moverte de la mesa. Qué cracks.

Después de comer damos una vuelta por las mil y una tiendas de los alrededores, sin olvidarnos de Gohil’s, cuyas carteras son de una manufactura superior –sí, cae otra más, y ya van no sé cuántas-. El entrañable artesano -¿artista?- del cuero nos revela, ay, que está a punto de jubilarse, y nos confía que su hija, que vive en Toledo, está desolada porque allí no encuentra queso cheddar. Le pienso en la cara, “será que no hay mil y un quesos mejores que ese engendro”, pero enseguida reflexiono que yo tampoco podría vivir sin aceite de oliva. Al fin y al cabo, somos animales de costumbres. Sobre todo gastronómicas.

En una zapatería regentada por unos pakistanís encantadores me pruebo unos botines fabulosos que, no obstante, no superan la prueba de mi dolorido y cada vez más deforme pie derecho, así que con gran pena desisto de comprármelos. Googleo la marca, New Rock Original, y la fábrica está en Yecla. Qué cosas.

tower bridgeDe mercadillo a mercadillo: el domingo por la mañana nos desplazamos hasta Old Spitalfields Market. El frío hiela hasta las ideas y, tras ampliar mi repertorio de vestidos Collectif Vintage con una nueva adquisición aprovechando las rebajas, nos refugiamos en una cafetería y nos escapamos a la carrera –por aquello de entrar en calor- hasta la London Tower y luego atravesamos, igualmente a paso ligero, el Tower Bridge, a fin de recorrer el tramo del muelle que jalona el Támesis por los aledaños del atómico City Hall. Almorzamos –mal- en el primer comedero con que nos topamos y nos dirigimos al Big Ben a petición de Mariola: qué decepción, está andamiado hasta su cúspide, y mudo desde agosto de 2017 –y hasta el año 2021- por trabajos de restauración. Y nosotros sin saberlo. Es lo que tiene haber ido a Londres en otras ocasiones, que ya ni buscas información sobre los sitios turísticos y vas improvisando, a la caída.

angelLa tarde discurre en apacible paseo desde Covent Garden hasta Regent Street. Compartimos nuestro periplo con muchos menos peatones que los dos días anteriores y sin apenas oropeles: en calles y avenidas están retirando las centelleantes mallas cuajadas de luces de Navidad. Se acabaron las Fiestas y nuestro viaje. Bye bye, Britain. Fue bonito mientras duró.

Anuncios