24 horas en Madrid

– ¿Haces algo el fin de semana del 28 de abril?

– Bueno, nada que no pueda moverse.

– Esos días estaré en Madrid, ¡te invito!

Dicho y hecho, mi amiga Valery me montó una escapada inesperada en lo que dura una conversación por teléfono. A veces los mejores regalos surgen de la espontaneidad y la improvisación.

Tomar el metro a las seis de la mañana de un sábado es una edificante experiencia sociológica. Los pasajeros son una ecléctica mezcolanza de profesionales soñolientos a punto de empezar la jornada laboral, rostros surcados por las ojeras del turno de noche y fiesteros todavía adheridos a una lata de cerveza o a una litrona de botellón. Una indefensa criatura, atrapada en su carrito, luce una horridiadema rosa con un lazo que se le desparrama por media cara, la infortunada no puede defenderse de la fechoría perpetrada por sus progenitores. En el andén de enfrente, un grupo de postadolescentes estruendosos generan una onda expansiva de huida a su alrededor. Una de las crías -no tendrá más de 18 años, aunque el maquillaje le hace parecer la madre de todos- persigue a su novio allá donde va, mientras otro miembro de la pandi la busca a ella, sin ser consciente de ello. De hecho, creo que ninguno de los tres ha aprendido a descifrar la reveladora elocuencia del lenguaje corporal.

Un grupo de cincuentañeras llenan de risas y cómplices cuchicheos el vagón número 18 del AVE en que me desplazo a Madrid. Hacemos una única parada en Zaragoza antes de llegar a la Estación de Atocha, 2 horas y 45 minutos después.

Subo por Alfonso XII arrastrando mi maleta de cabina con resonante traqueteo de ruedas, y a mi paso observo algunas de las Meninas de fibra de vidrio que permanecerán instaladas en la ciudad hasta julio. Mientras continúo por Serrano, el viento sopla con tal fuerza que temo que alguna de las ondulaciones de la colosal rojigualda que preside la Plaza de Colón -294 metros cuadrados de nada- me saque un ojo.

tortillaCasaDaniLlego, por fin, a la casa en Madrid de mi amiga, un refugio colmado de luz y plácido silencio desde el que se divisan las azoteas del barrio de Salamanca. En la misma manzana de su edificio, en la cafetería Casa Dani del Mercado de la Paz, se puede paladear la mejor tortilla de patata de Madrid -yo diría que del universo-. Es jugosa, suculenta y, exceptuando la que prepara mi amiga Laura, que cuenta con ese ingrediente tan singular que es el cariño, diría que es la mejor que haya probado jamás.

Una vez bien desayunadas -en mi caso resayunada-, nos acercamos paseando hasta el Museo Thyssen-Bornemisza: tenemos entradas para visitar las exposiciones temporales de Sorolla y Louis Vuitton.

SorollaPara recorrer “Sorolla y la moda” disponemos de las indispensables audioguías, que nos amplían interesante información sobre el pintor valenciano y su afición a ejercer de estilista de su familia. Nos fascinan tanto el retrato de la llamativa transición indumentaria de su época, como la mirada tierna y amorosa del artista que, ante todo, es esposo y padre, así como esa cautivadora capacidad de reflejar la luz mediterránea y la cantábrica.

LouisVuittonEn cuanto entramos en “Time capsule. Louis Vuitton”, una muchacha se nos acerca para invitarnos a una explicación de la sección expositiva que le han asignado. Es muy instructivo contar con distintas informadoras según se avanza -todas monísimas y ni un chico, la política de género la dejamos para otra ocasión-, sus comentarios enfocan con efecto lupa los objetos que se aprecian en las vitrinas. Me parece especialmente sugerente un maletín para guardar el neumático de recambio, pensado para los primeros automóviles que se fabricaron. Resulta curioso presenciar la evolución de los baúles, maletas y bolsones ideados por los Vuitton al ritmo de los tiempos. Hoy son el paradigma del lujo estratosférico y de esa afición a las marcas que me parece inverosímil, pero en sus inicios fueron unos auténticos pioneros. Tremendas ganas de ir a París para visitar la Fondation Louis Vuitton.

Cuando salimos de la Thyssen es tan tarde para almorzar que, tras intentar tomar algo en un abarrotado Mercado de San Antón, decidimos ya casi merendar en Celicioso, la coqueta cafetería del hotel Only You. Tomamos fuerzas con unos exquisitos huevos pochés sobre tostas con guacamole, nos hidratamos con sendos licuados recién hechos y proseguimos nuestra larga caminata desde Chueca hasta Salamanca.

Nos falta tiempo para ponernos al día y las horas se escapan a toda velocidad. Cenamos en Martinete, un restaurante que recuerda un poco a aquella Norma Desmond que interpretara Gloria Swanson de “El crepúsculo de los dioses”. Es sábado por la noche y la clientela es escasa y poco estimulante. El lugar preserva el particular encanto de lo clásico y los camareros son amabilísimos, sin embargo la cocina es simplemente correcta. Por suerte nos da un poco igual porque continuamos enfrascadas en nuestras confidencias, que se prolongan luego en casa de mi amiga hasta que nos vence el sueño y nos retiramos a descansar.

El domingo se despierta lluvioso y frío. Nos escapamos a la carrera hasta la pastelería Mallorca, protegidas por el minúsculo paraguas Samsonite que siempre llevo encima. Cuando le pregunto a la camarera dónde está el azúcar para mi cappuccino, me responde muy resuelta que están recomendando a sus clientes que no tomen azúcar, pero que sí, que si lo prefiero blanquilla o moreno -pero no panela o moscovado-. Además de parecerme una impertinencia, me resulta del todo incongruente -por no decir rayano a la estupidez- que se formule tal advertencia en un establecimiento tradicional -muy tradicional, tremendamente tradicional- donde más de la mitad del mostrador es repostería y bollería y preparan casi todos sus bocadillos con croissants y brioches. Márketing socioconsciente impostado.

Me despido de Val con la sensación de que todavía nos queda mucha charla pendiente, no obstante su vuelo y mi tren no admiten esperas. Gracias, amiga, por regalarme una escapada tan reconfortante. Aunque, como bien sabes, el verdadero obsequio es tu amistad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s