Jueces que nos prefieren muertas

Según los promotores de su canonización y quienes creen en su santidad, María Goretti fue apuñalada 14 veces por Alessandro Serenelli por negarse a ser la vasija en la que él saciara sus apetitos sexuales. Recibió curas médicas sin anestesia y falleció 24 horas després del ataque. Ya es casualidad que su virtud se celebre el 6 de julio, víspera de San Fermín. O quizás no tanta.

Ayer tres jueces devotos de María Goretti fallaron abuso en lugar de violación y minimizaron el delito de una piara de cinco energúmenos recién bajados del árbol. Recriminaron a la víctima que antepusiera su vida a su dignidad –seguro que ellos prefieren hablar de honor-, así que, en realidad, la culparon a ella, y por extensión a todas nosotras. A las que osamos andar solas por la calle de madrugada. A las que llevamos escote, prendas ajustadas, faldas o pantalones cortos. A las que bebemos alcohol. A las que coqueteamos con un chico que ha salido de fiesta con sus amigos porque, en nuestra ingenuidad, no se nos ocurre que el filtreo degenere en una violación en grupo. A las que decimos no cuando el verraco está más que dispuesto a embestir. A las que no deseamos ser otra Diana Quer ni otra Nagore Laffage ni tantas otras asesinadas por intentar defenderse de una violación. A las que nos queremos libres.

Creo que desde ayer Carles Puigdemont lo tiene un poco más fácil para evitar su extradición a España, ojipláticos se habrán quedado los jueces alemanes al conocer una sentencia que evidencia cómo se infiltra la idología de los magistrados en sus actuaciones. Esta vez sí, comparto al 100 % su tuit: “cuando el machismo entra por la puerta de la justicia, el estado de derecho salta por la ventana”. En ese goteo incesante de despropósitos judiciales –ya van tantos-, la gota que colma el vaso es acusar a la víctima y exculpar a quienes cometieron el crimen, con el agravante de que dos de ellos todavía forman parte de los cuerpos de seguridad del estado, cuya misión debería ser cuidar, proteger y salvaguardar a la ciudadanía.

Los tres jueces que nos prefieren muertas han dictaminado que inmovilizar entre cinco a una niña de 18 años para meterle un falo por la boca, y por cuantas oquedades de su cuerpo apetezca, no es ejercer la violencia.

Cada vez es más inquietante en manos de quién estamos.

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2 comentarios en “Jueces que nos prefieren muertas

  1. Lo que está pasando con la justicia en los últimos años es una pesadilla inverosímil. En lugar de evolucionar, involucionamos (involución: 1. f. Detención y retroceso de una evolución biológica, política, cultural, económica, etc.). No tengo palabras más allá de esta.

    • Totalmente. Además de que me parece impresentable que alguien se incruste de por vida en una posición que puede hacer tanto daño, no solo a las personas a quienes afectan directamente sus arbitrariedades, sino al conjunto de la sociedad.

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