Siempre se aprende algo nuevo

museu-ciencies1Hace nada me enteré de que el Institut de Cultura y el Ayuntamiento de Barcelona promueven una actividad gratuita interesantísima: colarse en la trastienda de uno de los once museos municipales que gestionan. La iniciativa se llama In Museu y por lo visto llevan dos ediciones, la primera fue en diciembre, la otra, el sábado pasado.

inmuseuEn cuanto supe de esta maravillosa oportunidad, pregunté en casa si le apetecía a alguien más y Ángela enseguida se apuntó. Cuando se abrió el registro en línea, entré en la web para inscribirnos y le pregunté a mi hija qué opción le apetecía más. Escogió el Museu de les Cultures del Món. El recinto expositivo, que completa la oferta del Museu Etnològic de Barcelona, ocupa dos mansiones de la archiconocida calle Montcada, la Casa del Marquès de Llió, que durante años alojó al Museu Tèxtil i de la Indumentària, y la Casa Nadal, antigua sede del Museo Barbier-Müller de Arte Precolombino.

El recorrido de In Museu nos permitió apreciar, más allá de las obras en exhibición –de escaso interés para mí, por no decir nulo-, las cicatrices de las construcciones históricas, que indican la evolución de las edificaciones según las necesidades de los sucesivos inquilinos. Además de contar con las indicaciones de una simpática guía, dos expertos ampliaron información sobre algunos detalles reveladores.

sostreElena, especialista en patrimonio histórico, nos explicó que la Casa del Marquès del Llió cuenta con tesoros tan singulares como unos preciosos envigados policromados del siglo XIV o una excepcional alcoba barroca -en Barcelona solo restan dos divisorias de madera de este tipo catalogadas, la otra se ubica en una casa cerrada al público-. Si el visitante del Museu de les Cultures del Món se fija bien, distinguirá cartelería específica que instruye sobre estas raras piezas originales que todavía se conservan.

Elena también nos mostró una instantánea que preserva en su móvil desde 2015, cuando se acometieron las obras de rehabilitación y acondicionamiento de ambas residencias para su nuevo uso. Se trata de una escalera que, a causa del montaje del recorrido museístico, permanece oculta bajo un suelo de madera, aunque de manera reversible, como aclaró nuestra apasionada especialista. Qué gran privilegio escuchar a una profesional que desborda entusiasmo en cada explicación.

Para Ángela la visita fue redonda porque en la tienda del museo pudo hacerse con una recopilación de cuentos coreanos. No obstante le supo a poco y amenaza con regresar a por más munición para ampliar su microbiblioteca asiática. En cuanto a mí, además de tomar nota mental de futuras ediciones de In Museu, la guinda del pastel fue relamerme con las indispensables croquetas de calamar de Bar del Pla, parada obligada cuando por cualquier motivo pasamos por sus aledaños. ¡Barcelona sabe tan bien!

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