Adentrándonos en Jutlandia

1.StonesGeográficamente Dinamarca es un archipiélago anejo a una península: su único territorio continental es Jutlandia. De camino a Aarhus, la segunda población del país en cuanto a número de habitantes, decidimos detenernos en Jelling, el asentamiento donde el caudillo vikingo Gorm el Viejo estableció el trono real danés, aunque fue su hijo Harald I Dienteazul quien unificó los territorios daneses y cristianizó el territorio. Así lo explica una de las dos estelas rúnicas que se conservan en Jelling, que está dedicada a los progenitores de Harald, Gorm y Thyra. A escasos metros de las estelas merece la pena entrar en el Kongernes Jelling, un museo nacional de acceso gratuito cuyo recorrido interactivo da algunas pinceladas sobre la vida vikinga y la transición de la mitología nórdica al cristianismo, además de plasmar en un mural la indestructible tenacidad de la casa real danesa: es la dinastía más antigua de Europa. No obstante, lo mejor de este centro de interpretación se ubica en la azotea: unos prismáticos digitales que apuntan a la iglesia y los dos túmulos funerarios de Jelling permiten disfrutar de una recreación de la evolución del paisaje a través de los siglos.

2.Pg_DelganbleEste par de días que nos hemos alojado en Aarhus –por cierto, qué fabulosa nuestra habitación familiar abuhardillada del hotel The Mayor- han dado mucho de sí. Personalmente, me ha entusiasmado Den Gamle By, un museo al aire libre en el que se levantan casas históricas procedentes de todos los rincones de Dinamarca. El objetivo es rememorar cómo vivían los daneses en tres períodos distintos: 1864, 1927 y 1974. Además de admirar las magníficas construcciones trasplantadas, en Den Gamle By se puede contemplar cómo se distribuía el espacio doméstico y se vivía la cotidianidad y cómo y con qué instrumentos trabajaban los artesanos. En cuanto a los inmuebles dedicados a los años de mi más tierna infancia, me encantó descubrir un taller de electrónica gemelo al que tenía mi padre, así como curiosear en los apartamentos que reproducen un consultorio ginecológico setentero y diferentes tipos de inquilinos, desde una familia hasta una pequeña comuna: vestidos pop en los armarios, muebles de fórmica, vajillas de duralex, vinilos… ¡qué lejano y, a la vez, qué familiar me resultaba todo!

4.Exterior museo2Otro lugar más que recomendable en los aledaños de Aarhus –y donde, al igual que en Den Gamle By, la entrada es gratuita para los menores de 18 años- es el Moesgaard Museum, especializado en antropología y etnografía. Arquitectónicamente es todo un hallazgo: el exterior, que se alza como si a la colina donde se asienta se le hubiera abierto una colosal rendija, es una mullida y extensa pendiente tapizada de césped, mientras que el interior ha sido adaptado para albergar tanto las exposiciones permanentes –sí, también hay sección vikinga- como el conjunto de salas donde ahora se exhibe “The Journey”, una interesantísima creación audiovisual que invita a reflexionar sobre la condición humana. En estos tiempos en los que se tiende a focalizar en aquello que nos divide, “The Journey” recoge diferentes testimonios en siete lugares del planeta sobre siete elementos básicos que compartimos pero experimentamos de maneras diversas: el nacimiento, el amor, el miedo, la pérdida, la fe, la racionalidad y la muerte. En efecto, lo que nos une es más –o más importante- que lo que nos separa, aunque a veces lo olvidemos.

Desde Aarhus queda relativamente cerca –está a menos de 50 kilómetros- el llamado Distrito de los Lagos, donde se ubica el mayor lago de Dinamarca, el Mossø, y también el río más largo, el Gudenå. Desde Silkeborg, la principal localidad de la zona, parte el Trækstien -en danés camino de sirga-, un apacible sendero peatonal que orilla el Gudenå hasta Randers. En su origen, a mediados del siglo XIX, era la vereda desde la que se tiraba de las barcazas de remolque que se usaban para transportar mercancías desde y hacia Silkeborg.

5.Pico_AltoA unos 15 kilómetros de Silkeborg el paisaje se ondula en Himmelbjerget, que con 147 metros de altura es la colina más alta de Dinamarca. Merece la pena acercarse allí para pasear por los frondosos alrededores y contemplar las vistas. Aunque lo que más le ha gustado a Ángela de nuestra incursión a Søhøjlandet –que así se llama en danés esa zona- es el vikingo que nos ha atendido durante nuestro almuerzo en Rye. De hecho mis dos adolescentes hijas están tan fascinadas con los lugareños que les adivino unas inminentes e irresistibles ganas de aprender danés. Y si no, al tiempo.

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