El mercado de Navidad de Frankfurt

Cuando voy a Frankfurt a ver a mi amiga Valery, suelo vestir cual aficionada al esquí acudiendo a Pas de la Casa –es un decir, no soy carne de forfait-. Como si, en lugar de desplazarme a Alemania, estuviera emprendiendo una expedición a la tundra, pero sin ropa técnica. Qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo, que cantaba Serrat. Así que visualizadme con calcetines y gorro de lana, botas revestidas de franela, pantalones de forro polar y mi amortizadísima chaqueta-manta de Patagonia, que es como llevar el calefactor puesto. Confort total.

Para variar, en esta ocasión volamos con una compañía aérea de las de verdad, Lufthansa, porque encontramos unas tarifas fabulosas. Claro que, para que la emoción nos nos embargara en exceso, a los pilotos teutones les dio por convocar una huelga indefinida una semana antes de nuestra escapada y tuvimos que comprobar a diario la evolución -¿involución?- de las negociaciones. Nacidos para sufrir.

Cuando llegamos al aeropuerto de Barcelona el viernes por la tarde, nos topamos con otra huelga: la de los empleados del servicio de limpieza. El espacio otrora diáfano, níveo, cuasi galáctico, luce un inmundo tapiz de tiras de periódico meticulosamente cortadas por los reclamantes, para evitar la lacerante soledad de los variopintos envases que vomitan las papeleras. Saltando entre la cochambre antes y después del control de seguridad –adentrarse en el baño, toda una hazaña-, nos plantamos los primeros de la fila para embarcar porque deseamos tener a mano nuestras maletas. Tres merluzos alemanes intentan colarse sibilinamente aprovechando el lío de los pasajeros con acceso preferente, sin éxito: una sola mirada maléfica a lo Jack Torrance basta para que no intenten acercarse. No sé si lo logran más atrás. Inciso: los ingenieros que proyectan los aviones deberían desarrollar cabinas de nueva generación, con capacidad para un bulto por persona de manera aneja a cada asiento. Ahí lo dejo.

En Lufthansa son tan sofisticados que hasta han bautizado con un nombre elegante su tarifa reducida: resulta que soy una pasajera Eco Light. Así da gusto viajar por un importe mínimo, incluso te sientes mejor persona. Además de ese breve subidón de autoestima, otra ventaja de volar con una compañía aérea vintage es que regresan esas viejas costumbres en desuso, a saber: un bocadillito, a escoger entre salmón ahumado o queso, y uno o dos refrescos –o una botella de cerveza- como detalles de cortesía. Por no hablar de la sonrisa sinfín de los azafatos y las azafatas. Lo único que da como cosica es el bronceado de rayos UVA que se ha pillado el piloto durante su semana de huelga. Eso, o se le ha ido la mano con las toallitas autobronceadoras. Grandes enigmas de la aviación.

ffm_weihnachtsmarkt_06_panorama

Nuestra amiga Valery y Sophia, su hija, nos recogen en el aeropuerto de Frankfurt y nos conducen directamente al corazón de la ciudad: esta vez visitamos, por fin, el Weihnachtsmarkt Frankfurt, su delicioso mercado de productos artesanos de Navidad. Más de 200 coquetas casetas de madera, engalanadas con sus hileras de bombillas, se extienden a lo largo y ancho del centro histórico, desde el paseo peatonal de Zeil hasta Paulsplatz y Römerberg, donde presiden la bulliciosa feria un carrusel decimonónico y un abeto de dimensiones colosales que se encarama hasta la estrellas y ejerce de mágico vigía del lugar. Caldean el ambiente –literalmente- las peculiares tabernas donde se expenden salchichas de diferentes tipos -sabrosas, de generoso tamaño y de excelente calidad- y sidra y vino calientes. Nos cuenta Valery que es tradición que te sirvan esa bebida en una jarrita de cerámica que cada año incorpora una decoración diferente. Si la devuelves, te abonan 3 euros, aunque muchos lugareños, que conversan arremolinados alrededor de unas altas mesas de madera, atesoran esas tazas con las que se calientan las manos como piezas de recuerdo. Como a Mylove y a mí los brebajes locales no nos acaban de convencer, optamos por compartir una cerveza. Por cierto, también recuperas 50 céntimos si devuelves la correspondiente botella de vidrio. Hay que reconocer que lo de reutilizar lo llevan estupendamente.

Imposible pasear entre las primorosas paradas, se ha acabado la semana laboral y todo Frankfurt se echa a la calle para acudir a su querido Weihnachtsmarkt antes de que cierre –cosa que sucede a las 21:30h-. Lo que me recuerda lo muchísimo que hace que no visito el mercadillo de Santa Llúcia de mi ciudad. Con lo bonico que es, ainsss.

Regresamos el sábado y la afluencia sinnúmero continúa. Una artesana joyera exhibe pulseras y pendientes de bisutería fascinantes, pero ante su expresión de dóberman nos asalta una pregunta inquietante: ¿transmitirán energía negativa sus creaciones? Más allá, artesanos de diferentes oficios presentan belenes de madera tallada, lámparas de pergamino, calcetines de lana tejidos a mano y brochetas de frutas chocolateadas. Impregna el paseo el aroma a almendra garrapiñada, a brasas recién prendidas y a golosa bollería. Entre los transeúntes, chinos, muchos chinos correteando de aquí para allá. Nuestra anfitriona nos desvela que desembarcan en asiática legión para hacerse con artículos de grandes marcas. Muy pintorescos.

man%cc%83anitaLa habitación de invitados de Valery es una buhardilla recoleta y cautivadora. Se inunda de luz natural durante todo el día a través de sus diferentes escotillas e invita a la siesta y al dolce far niente. Al placer de recrearse en el silencio, la serenidad y el íntimo ensimismamiento. Cuando cae la noche tras el hipnótico atardecer, es también un singular mirador desde el que se otean las arrebatadoras luces de los rascacielos vecinos. Qué acogedora guarida propicia a la escritura, la lectura y la meditación.

Y, de repente, la fiesta. Por eso estamos allí, para celebrar con nuestra amiga del alma un nuevo cumpleaños. Corren el prosecco, el blanco, el tinto. Los bocados caprichosos, el exquisito goulash, la ensalada de fruta sublime –superior, me atravería a decir- de Marcela, el budín de Sonia, la mousse de chocolate y el solicitadísimo lemon pie de Valery. Fluyen conversaciones, puntos de vista, complicidades y risas en español, alemán, inglés, italiano, francés. Mientras Tito se afana en preparar sus esperados cócteles, empieza la discoteca. No obstante, al cabo del rato, en vista de que la banda sonora involuciona hacia ritmos latinos, hacemos un mutis por el foro para retirarnos a nuestros aposentos: nos parece inverosímil bailar algo que nos horripila. Qué lastima, porque Mylove es el mejor danzarín de funky que conozco y es un raro placer verle evolucionar sobre la pista. Verdad verdadera. Aunque luego, ya en nuestra alcoba –cada nueva cancioncilla atraviesa las paredes como si fuera un ectoplasma-, mi rey del dance floor se contorsiona requeteconcentrado, intentando descifrar a través de su experto lenguaje corporal el machacón compás. Y ante cada uno de sus intentos espasmódicos, nos viene a la cabeza el spasticus autisticus de Ian Dury, una íntima broma recurrente, y nos da la risa.

Abrimos una ventana, contemplamos desde nuestra privilegiada atalaya las hipnóticas luminarias nocturnas en rojo y azul eléctrico y nos impregnamos de la gélida y vivificante corriente para poder refugiarnos con todavía más ganas en nuestra cama. Permanecemos sumidos en un amodorrado duermevela, acurrucados como cachorros felices bajo la funda nórdica de algodón, hasta que abandonan la casa los últimos invitados.

El domingo por la mañana, el sol que se cuela por una rendija nos despierta dulcemente, sin prisas. Queremos saborear las escasas horas que nos quedan antes de volver y nos desperezamos con una agradable caminata con nuestra amiga por Grüneburgpark, el parque público que se extiende, rodeando la Goethe Universität, por los antiguos dominios de la familia Rothschild, quienes donaron a la ciudad tanto el castillo cbody-of-knowledge-2010-jaume-plensa-ffm-022omo sus vastos jardines en 1935. El palacete fue destruido durante uno de los bombardeos de la II Guerra Mundial y en cuanto finalizó el conflicto los terrenos se ampliaron hasta alcanzar las 29 hectáreas actuales. Cuán afortunados son los estudiantes por contar con esa plácida área de esparcimiento. Y con la extraordinaria escultura Body of Knowledge de Jaume Plensa, recordándoles a diario que la universidad es una extensión de nuestro cuerpo, esto es, un espacio para el intercambio de ideas y, sobre todo, para la comunicación. La humanidad -entendida como cualidad de humano/a- era eso. Pequeña nimiedad: en la placa junto a la imponente estructura de acero del artista catalán no figura su nombre, sino el del patrocinador que sufragó la obra. Abracadabrante concepto del arte en la quintaesencia del saber. En fin. Body of Knowledge es prima hermana de El alma del Ebro, que puede verse en el Palacio de Congresos de Zaragoza y fue creada para la Exposición Internacional del Agua. Quizás me acerque a verla en mi próxima incursión a mañolandia.

aeropuertoDe vuelta a casa, Barcelona nos da la bienvenida con un cálido abrazo de 12 grados más de temperatura y las niñas de nuestros ojos con una cena preparada por ellas amorosamente. La próxima vez que veamos a Valery será aquí, en nuestro hogar: ya falta menos para esas Navidades que disfrutaremos con ella. Tras tantos años de amistad, forma parte de los nuestros. Después de todo, los buenos amigos –incondicionales, comprometidos- son la familia que tú escoges. Y también la que te elige a ti.

Anuncios

2 comentarios en “El mercado de Navidad de Frankfurt

  1. que belleza! que emoción … lo proximo será compartir Navidades!!!!!!!!!! No ouedo creerlo! ya no falta nada y podré yo alguna vez describir el amor y cariño que les tengo con palabras tan perfectas?

    beso del cuore y gracias gracias por venir!

    besos del alma

    val

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s