Los niños vienen de Portugal

Mi madre fue una novia yeyé. Se casó de corto porque quería lucir piernas y, contando con un presupuesto limitado para el bodorrio, priorizó la luna de miel, que en aquella época solía suceder en Mallorca. “Papá, prefiero un banquete más modesto y viajar a Portugal”. El enlace se celebró tal día como ayer hace exactamente 50 años. Ya es casualidad que mi prima Marta, un bebé de días por aquel entonces, escogiera mi compañía, Porto y estas fechas en concreto para conmemorar su natalicio: fui concebida en el tren que llevó a mis padres a territorio luso. Así que, en cierto modo, el pasado fin de semana también empecé a festejar mi inminente estreno como cincuentañera. Doy por inaugurada la cuenta atrás, tic-tac, tic-tac, tic-tac.

29-ruas6Me encanta Porto, podría quedarme a vivir allí. Es una deliciosa ciudad vintage en la que resulta tan fácil como placentero callejear entre fachadas-sirena con escamas de azulejos primorosos, acogedoras cafeterías con aroma a golosa mantequilla y boutiques que exponen, como una ofrenda, bonitas prendas tejidas artesanalmente, hierbas y especias envasadas en probetas de cristal, mermeladas presentadas en tubos de pintura al óleo, vírgenes y santos pintados como personajes de cómic, gallos queer y bolsos de cuero forrados de corcho y armados en madera. Es el paraíso del diseño cálido, amoroso, vivencial.

1-sabatamartaEl sábado empezamos la jornada desayunando en la agradable Antiga Leitaria, en el número 55 de la Rua Passos Manuel, y enseguida nos dirigimos a la tienda Eureka que se ubica en esa misma calle, un poco más arriba: hace tres años me compré allí un bolso divino. Cuando todavía estaban extendiendo la alfombra de la entrada, nos precipitamos sobre los estantes repletos de primorosos zapatos. Mi prima, que calza un 35, estaba fascinada de poder escoger entre tanto tacón a su gusto, además disponible en su minúsculo número.

10-bolhao2Paseamos luego sin rumbo fijo, según nos apetecía, que es la mejor manera de tomarle el pulso a la ciudad. O, lo que es lo mismo, de vivirla a tu manera. Cotilleamos bajo la desvencijada estructura del Mercado do Bolhão. Entre los turistas y las refrescantes paradas de fruta y verdura, un cubo albergaba unos vistosos ramos montados con ramas de ciprés, hortensias secas y mazorcas de maíz. Qué extraordinaria inventiva, capaz de crear algo tan bello a partir de tres elementos de desecho. A los portuenses se les escapa el arte popular por los rincones.

Entramos a admirar los azulejos de la Estação de São Bento y, de camino hacia la zona de la Cedofeita, pasamos por la Torre dos Clérigos y la archiconocida Livraria Lello, a la que ahora se accede previa compra de una entrada –qué excelente idea, habría que establecer algún peaje similar para acceder al Mercat de la Boqueria de Barcelona-.

14-comida_sabado_blogLa hora del almuerzo nos pilló paseando por la Rua José Falcão, donde por suerte para nosotras se ubica el restaurante Achas na Fogueira, todo un descubrimiento. Optamos por el menú del día y escogimos una crema de garbanzos tan suave como sabrosa, aderezada con pimienta y aceite de oliva virgen, más un arroz con pulpo cuya textura recordaba al risotto, meloso pero al dente, con una tierna pata del cefalópodo a la brasa coronando el plato. Espectacular.

Callejeamos sin prisas por los aledaños hasta alcanzar la Rua de Miguel Bombarda, cuajada de galerías de arte, y desandamos el camino hasta el hotel perezosamente, hasta que la lluvia nos invitó a descansar un poco en nuestra habitación, antes de cumplir el deseo de mi prima: asistir a un espectáculo de fados.

Elegimos el decimonónico Café Guarany, en parte porque nos quedaba a 10 minutos, pero también porque Marta deseaba que fuera una cena un poco especial. Cuando reservamos mesa por la mañana solo había dos anotaciones más en la libreta. No obstante por la noche, a pesar de llegar temprano, intentaron colocarnos en las mesas más distantes del improvisado escenario. Como nos atendió un camarero que, al parecer, no estaba enterado del protocolo de ubicación de los comensales –más tarde vimos que le caía una buena bronca-, le pedimos si podíamos sentarnos en otra mesa más cercana y accedió. No comprendimos muy bien cuál era el criterio, el orden de reserva desde luego no. En fin.

22-fado4El primer tañido de guitarra, previo al inicio, mientras la fadista Joana Costa se estaba cambiando, me recordó al tema principal de la película “El tercer hombre”. La cantante, menuda y enjuta como un suspiro, lucía una camisa de tercipelo negro, una larguísima falda negra de ondulante satén y, colgado del cuello, un llamativo rosario de azabache que deslucía los pendientes que asomaban de vez en cuando entre los mechones de su melena castaña. Tenía unas preciosas manos blancas, de finos dedos y roja manicura, que revoloteaban como delicadas libélulas cuando no asían el micro, y cerraba los ojos mientras cantaba: solo los abría cuando su mirada se posaba sobre sus dos guitarristas, quién sabe si por timidez, por inseguridad o con la finalidad de concentrarse mejor. Su voz antigua, atávica, atemporal, estremecía y transportaba a otra época y a otro lugar, igualmente atlánticos, pero más salvajes y a la vez más personales. Mientras cavilaba sobre todo ello durante la pausa, mi prima, que a menudo observa los acontecimientos con rebelde irreflexión, interrumpió abruptamente mis pensamientos: “Mira, ya vuelve el del bisoñé”.

De regreso hacia el hotel, con la lluvia hostil embarrando y volviendo del revés nuestros paraguas, comprobamos que las ambulancias portuenses lucen las mismas siglas que nuestro Instituto Nacional de Empleo, INEM. Al fin y al cabo, ambas atienden urgencias que, en el fondo, no son tan distintas.

24-desayuno_domingo2Como el domingo nuestra querida Antiga Leitaria cerraba por merecido descanso semanal, desayunamos en Casinha Boutique, una cafetería cool donde sirven bocadillos correctos, zumos detox demasiado aguados y unos galãos tamaño brontosaurio que solo cuestan 0,90 euros. Lo mejor, que la zona lounge de la planta superior es acogedoramente luminosa, y que en el espacioso y cómodo baño, el secador de manos Dyson, oh maravilla de las marvillas, ¡seca!

En la misma acera de la Rua Mouzinho da Silveira que Casinha Boutique, pero un poco más abajo, si entráis a curiosear a la tienda Em Movimento podréis conversar con Caterina, una pizpireta dependienta que está deseando dar rienda suelta a su encantadora locuacidad. Caterina nos contó que esa inventiva portuguesa que nos enamora es la respuesta a la crisis que asola Europa y que tanto se está cebando en los países del sur –lo sabemos demasiado bien-. Cuando las opciones de prosperar escasean, se desata la imaginación.

37-tranvia6Orillamos la riba del Douro desde el Ponte de Dom Luís I hasta el exquisito 1872 River House, el hotelito ideal para una escapada romántica. Cerca de allí, en la Praça da Liberdade, se toma el tranvía de la línea 1 que lleva hasta Foz bordeando el Douro. Del techo del carro eléctrico cuelgan algunas correas de cuero con asideros, parecidas a las que pendían como agarraderos en los autobuses de mi niñez. Una curiosidad: tanto el asiento del conductor como su palanca de manejo son portátiles y se trasladan con él en cada cambio de sentido.

La incursión a la costa nos obligó a posponer el almuerzo hasta las cuatro. Mientras meditábamos sobre dónde podríamos ir, un bronco chaparrón nos invitó a permanecer en el Mercado Ferreira Borges, al que habíamos entrado simplemente para admirar su imponente estructura. Recomendación: O Mercado-Cervejaria do Porto es una opción, como su nombre indica, para beber en un entorno agradable, pero no para comer. Da la impresión de que su presupuesto ha sido generoso con los interioristas, pero cicatero con los profesionales que llevan su día a día. Claro que el domingo por la tarde los camareros parecían tener la edad de mis hijas. En fin, ni se os ocurra picar nada que no sean sus bolinhos de bacalhau.43-comida_domingo0

De vuelta callejeamos un poco más –era domingo por la tarde pero había muchos establecimientos abiertos- e hicimos una pausa para tomar sendas infusiones en la Mercearia das Flores, donde vendían y servían cositas ricas y se estaba la mar de bien. Después cenamos en Canelas de Coelho, cuyo interior tiene poco o nada que ver con el restaurante que conocí hace tres años. Aunque estaba vacío y la noche no estaba demasiado –¿nada?- animada, la camarera nos instaló en una minimesa. En cambio a una pareja que llegó media hora más tarde le concedió una mesa para cuatro. En fin, qué podíamos esperar de una veinteañera que llevaba un jersey de Mark Darcy.

57-fabrica_de_pielAyer desayunamos temprano en nuestro hotel para aprovechar más las horas de que disponíamos antes del vuelo. Nos echamos a la calle contentas, bajo un cielo brillante y soleado, y nos perdimos entre los portuenses que atendían los quehaceres de su devenir cotidiano y los escasos turistas diseminados por el barrio de Baixa, en una de cuyas callejuelas descubrimos el arrebatador edificio del Deposito de Sola e Cabedais Vieira da Silva, cuya fachada luce un colorido friso de azulejos publicitarios. Otro ejemplo del precioso embaldosado luso con vocación de cartelería es el de una tienda de ultramarinos que se ubica junto al Mercado do Bolhão, Apérola do Bolhão. Pero no solo de joyas vintage vive Porto. Los diseños lusos contemporáneos de Marita Moreno, Lemon Jelly o Maria Maleta pueden verse y tocarse en The Feeting Room, la tienda física de un proyecto colaborativo en el que diferentes marcas y creadores locales venden sus productos en línea, http://www.thefeetingroom.com.

Nos despedimos de Porto con el completo brunch de la Antiga Leitaria, que incluía dos pequeños cruasanes de mantequilla increíblemente exquisitos. Como no pudimos consumir todo lo presentado sin padecer un colapso, dispusieron las piezas no ingeridas –un cruasán, un bollito de maíz, un par de pastelillos- en una práctica cajita de cartón que fue a parar al bolso de Mary Poppins de mi prima: su trayecto Porto-Barcelona-Palma necesitaba un buen avituallamiento.

En el aeropuerto Francisco Sá Carneiro, contemporáneo, diáfano, luminoso aun con el cielo nublado, dos músicos tañían sus guitarras sobre una tarima y se despedían de los pasajeros en tránsito con evocadoras melodías de fados. Sus notas se nos colaron en los entresijos del alma y echaron raíces en forma de íntima saudade. Claro que, en mi caso, es algo lógico. Prácticamente innato. Después de todo, me hicieron en Portugal.

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Señor, dame paciencia, ¡pero dámela ya!

Si no tenéis descendencia os recomiendo que, por lo menos una vez en la vida, os coléis en alguna reunión de inicio de curso de cualquier colegio: es un edificante ejercicio de observación sociológica -más bien antropológica- que os ayudará a comprender el advenimiento de personajes como Mariano Rajoy o Donald Trump –otra manera de hacerlo es ver de un tirón las cinco temporadas de The Wire, pero exige muchísimo más tiempo-.

Ayer se celebró en la Escola Massana la reunión de madres y padres de 1º de Bachillerato Artístico. Presidían la mesa de la sala de actos Xavi, director del centro, Santi, coordinador de bachillerato, y las tutoras de los grupos uno y dos, Imma y Lídia. El tutor del grupo tres, Romà, que permaneció de pie y apostado junto a la entrada mientras duró el encuentro, acomodó amablemente a los que llegamos cuando ya no quedaban asientos disponibles y sacó taburetes y sillas de los rincones más insospechados.

Inició la presentación Xavi, a quien escuché toda orejas porque lo que me había ido llegando a casa durante estas primeras semanas de curso me tenía absolutamente arrebatada: los estudiantes salen a callejear para reflejar conceptos a través de fotografías, escudriñan versos de poemas expresando cada idea mediante ilustraciones y encaran las asignaturas comunes a otros bachilleratos con un enfoque filosófico y artístico, a la medida de sus intereses. Estaba el buen hombre desglosando algunos conceptos clave para la introducción del curso cuando le interrumpió, abruptamente y sin venir a cuento, una madre grosera: “Ya que eres el director quiero preguntarte por la seguridad, mi hija me ha contado que ha visto a gente con muy mala pinta fumando hierba”. Se ve que la mujer andaba un poco despistada y todavía no se había dado cuenta de que la Escola Massana está plantada en mitad del Raval -nota marginal: en las inmediaciones de los colegios elitistas de la zona alta se consumen otro tipo de estupefacientes, solo aptos para presupuestos de niñobién con aspecto de no haber roto nunca un plato-. El director le recordó que el patio de la escuela, la magnífica zona ajardinada encerrada en el claustro gótico del antiguo Hospital de la Santa Creu, es un espacio público. Y que los policías de paisano también patrullaban por allí. Aunque añadió algo más, me lo perdí porque otra mamá inverosímil se había olvidado de silenciar su móvil –no fue la única persona que no había apagado o enmudecido el dichoso telefonillo-.

Progenitores insólitos al margen, la reunión siguió su curso. Desde un lateral se acercó a la mesa Mònica, la coordinadora del viaje a Euskadi de 1º de Bachillerato, quien nos explicó que no se trataba de una escapada de final de curso, sino de un trabajo de la asignatura Talleres Básicos de Bachillerato –TABAT-, que aúna Volumen y Audiovisual en un programa específico del centro. El arte, afirmó, también se aprende vivencialmente, de modo que el periplo incluye parte del temario para que el proceso de aprendizaje se desarrolle de una manera diferente. chillida-lekuAdemás de visitar la Fundación Museo Jorge Oteiza y el ineludible Guggenheim, el propio Eduardo Chillida hijo abrirá las puertas de Chillida-Leku, que permanece cerrado desde 2010, y hará de guía de excepción para los estudiantes entre los que se cuenta mi hija. Solo ese singular privilegio ya hace que el viaje se convierta en una experiencia única. Pues no, a un padre no le pareció suficiente. “¿Cómo no visitan el Museo Balenciaga, el mejor museo del País Vasco?”, sí, dijo el mejor, con enfática arrogancia, y no desde mi punto de vista, según mi criterio o en mi opinión. De haber sabido lo que sé ahora Google mediante -ese templo de la alta costura, de titularidad pública, se gestó con no pocas irregularidades, os animo a que indaguéis un poco-, le hubiera arrojado a la cara uno de mis sonoros discrepo. Por no hablar de lo poco que tiene que ver el creador del vestido de novia de la nietísima de Franco con los contenidos de TABAT. Sin embargo, como ayer desconocía no solo la existencia de tal museo, sino también los enervantes detalles de su construcción, hice caso omiso y continué prestando atención a las palabras del profesorado.

Otro de los temas que desató la contrariedad de algunas exóticas familias fue el trabajo de investigación, cuyo tema se decide en febrero de este curso y cuyo fruto se expone en enero de 2018. “¿Es obligatorio hacerlo en grupo? Es que mi hijo no sabe trabajar en equipo, trabaja mejor en solitario. Además, si es tan importante para el expediente académico, individualmente conseguirá mejor resultado”. El director del centro respondió con contundencia: “Saber trabajar en equipo es una competencia más, no solo porque en la Massana trabajamos así, sino porque el mundo que nos rodea evoluciona hacia ahí”. Imma, que además de tutora es profesora de Dibujo Artístico de Ángela, apostilló: “Dejad que vuestros hijos os sorprendan con su trabajo de investigación conjunto, unos alumnos crearon una empresa de estampación de camisetas e incluso ganaron dinero con ella”.

Aunque en el turno de preguntas continuaron las interpelaciones inverosímiles, mylove y yo decidimos quedarnos un poco más porque algunas respuestas del colegio incluían reflexiones que convenía tener en cuenta. La más importante de ellas fue la del cambio de planteamiento en la metodología de aprendizaje: ya no se trataba tanto de memorizar información para volcarla en un examen –que por desgracia también, aunque en menor medida que en otros bachilleratos-, como de practicar en casa lo aplicado en el aula. De la misma manera que un pianista debe ejercitar su tecleo o una gimnasta entrenar durante horas un mismo movimiento, una estudiante de bachillerato de la Massana debía destinar un promedio de tres horas al día a, entre otras tareas, adiestrarse y profundizar en su instrucción artística, mejorar su trazo y pensar en cómo podía desarrollar una mirada propia y transformadora. Que la inspiración me pille trabajando, como decía Picasso.

Soportamos pacientemente el goteo de intervenciones irrelevantes –mi hija esto, mi hija lo otro- y el diálogo para besugos que protagonizaban algunos progenitores, que presentaban graves problemas de comprensión oral. No obstante, nuestro aguante se desmoronó cuando la madre escandalizada por los porros volvió a sacar el tema de los trabajos en grupo, pordiosquécansina. Se me ocurre que su esforzada hija debería hacer el trabajo de investigación con el alumno que no sabe colaborar en equipo, así las respectivas madres podrían torturarse mutuamente durante meses.

Mientras escapábamos a la carrera, echamos de menos a mi amiga Eva, que hubiera sabido escupirles alguna de sus frases memorables –“si no estás preparado, no salgas a la calle”-. Y admiré todavía más a mi amigo Aureli, profesor de bachillerato: cuánta indispensable y prodigiosa paciencia.

OuiShare Fest Barcelona 2016

La semana pasada se celebraron en Barcelona dos jornadas sobre economía colaborativa. Aunque por compromisos laborales solo puede asistir el día 26, me llevé información muy interesante. Por eso me gustaría compartir desde aquí algunos apuntes sobre el encuentro.

El recinto que lo acogía, el Parc Tecnològic de Barcelona Activa, se distribuye a lo largo de una estructura horizontal y un patio interior que invita a la pausa distendida. Ubicado en el Parc Central de Nou Barris, extiende las actividades de dinamización de Barcelona al conjunto de la ciudad: el socio de acogida de OuiShare Fest es el consistorio municipal, especialmente sensible a iniciativas que apuesten por lo común.

screenshot193Nada más llegar, dos puntos de aprovisionamiento animaban a saborear ingredientes de proximidad, como mermeladas, embutidos y quesos artesanos. La bebida –leche de vaca orgánica o de avena, agua con menta y limón, café, agua caliente para las infusiones- se mostraba en grandes jarras dispensadoras para que cada cual se sirviera a su gusto y lo saboreara en los bancos de madera que ofrecían acomodo. Entre tanto los asistentes podían revisar el programa para montar su propia agenda, según sus intereses. Las principales actividades se desarrollaban en cuatro salas, un par de ellas para ponentes que abordaban temas diversos, desde la movilidad urbana hasta el matchfunding, pasando por el empoderamiento de los pacientes a través de la cocreación de servicios sanitarios, mientras que otras dos estancias albergaban talleres donde tomar parte activa en el diseño o la práctica de nuevos enfoques.

En la presentación de esta edición, la segunda que se celebra en Barcelona, nos avanzaron que saldríamos de OuiShare Fest con más preguntas que respuestas y con más pistas que soluciones. El objetivo de las jornadas es generar la reflexión y el diálogo respetuoso desde la diversidad de opiniones: quien discrepa, quien cuestiona, quien duda, fomenta el pensamiento crítico que nos permite avanzar como sociedad. El formato de las intervenciones, en cápsulas acotadas de hasta un máximo de 45 minutos, propiciaba que todas las materias quedaran abiertas para que el razonamiento colectivo continuara más allá del evento.

Participar en OuiShare Fest fue muy estimulante. Me resulta imposible resumir todo lo aprendido en una sola crónica, de modo que apuntaré algunas ideas clave que, por sí solas, dan para una larga meditación.

Podríamos empezar por una obviedad que, sin embargo, no se suele tener en cuenta: el crecimiento económico vigente tiende al infinito, mientras que los recursos del planeta son finitos. Si no evolucionamos el modelo de desarrollo hacia un nuevo paradigma, no conseguiremos revertir los efectos del cambio climático. Esta necesaria transformación, de la que depende nuestra supervivencia a medio y largo plazo, no se conseguirá desde el purismo o la intransigencia porque las posiciones extremas generan rechazo en buena parte de la población. En este sentido, es fundamental acordar puntos de encuentro entre los activistas de la economía solidaria y los emprendedores de las startups, a fin de aspirar de manera realista a construir una sociedad diferente y evolucionar a un nuevo modelo postcapitalista.

rethinkremixPara desmontar el sistema económico vigente, centrado en el beneficio, es necesario poner a la persona en el centro. Desde el punto de vista empresarial, lo común cuenta con el apoyo de personas que se agrupan, cada vez más, para desarrollar proyectos en los que creen: el progreso tecnológico reduce la escala óptima de utilidad productiva al tamaño de la comunidad, por eso ahora cooperativas como Som Energia consiguen rentabilidad a partir de 15.000 usuarios. Paralelamente a la deconstrucción del modelo empresarial, en una sociedad postcapitalista focalizada en el bien común se redistribuirían las horas de trabajo: una parte de la jornada se dedicaría a obtener un sueldo y otra a actividades de utilidad para la comunidad. Pensar en la colectividad y el vecindario e incluir en el sistema económico las tareas de cuidado no es perroflautismo, sino toma de conciencia para regenerar y preservar el medio. Pura economía circular.

Cocrear un nueva economía es cocrear una nueva sociedad. Las ciudades inteligentes empiezan a evolucionar hacia ciudades colaborativas cuando ponen la tecnología al servicio de las personas y apuestan por el emprendimiento cívico, el empoderamiento ciudadano y la toma colectiva de decisiones, priorizando lo que es mejor para la comunidad. Estas prácticas ya están en marcha a través del liderazgo en red, donde cada persona se convierte en promotora del cambio y contribuye con su talento en actuaciones a las que puede aportar valor. Los nódulos de ciudadanos que comparten esfuerzo y conocimientos con un objetivo común –por ejemplo, perseguir la corrupción desde Xnet o denunciar la injusticia de la legislación hipotecaria desde la PAH- trabajan en red de manera más ágil que los partidos. Esta idea entronca con qué entendemos por participación, que no debería limitarse a votar cada cuatro años o a escoger entre dos opciones dicotómicas en un referéndum, sino a formar parte de un procedimiento de inteligencia colectiva, en el que las personas piensan y crean nuevas propuestas a través de un proceso de democracia deliberativa.

Para que se desarrolle ampliamente este ecosistema de personas que aportan lo mejor de ellas en beneficio de la comunidad, las raíces deben estar bien implantadas a través de la educación. FabCity, la ciudad autosuficiente que produce desde lo local pero se conecta a escala global, empieza por propuestas de aprendizaje como la FabLabSchool. Muy cerca de Barcelona, en el Liceu Politècnic de Rubí, ya se está aplicando con éxito esta nueva aproximación pedagógica.

Reviso mis notas y veo que todavía quedan muchos aspectos en el tintero, además de los de la segunda jornada de OuiShare Fest que me perdí. Me reconforta saber que el próximo año volveré a tener la oportunidad de asomarme a esa plataforma tan enriquecedora, de modo que intentaré bloquearme las fechas mejor. ¡Espero veros por allí!

Ese tabú llamado sequedad vaginal

La menstruación me llegó sin avisar cuando tenía once años. Muy pronto. Innecesariamente pronto. Hasta hace no tanto fantaseaba con el momento en que se me retirara la regla definitivamente. Después de todo, los pequeños inconvenientes que me habían contado no me parecían tan graves comparados con la libertad de no vivir pendiente de compresas, tampones y otros artilugios pensados en hacernos más llevadera la higiene íntima. Por cierto, aprovecho para comentar que la famosa campaña de Evax “¿A qué huelen las nubes?” es una de las mayores gilipolleces que se hayan perpetrado jamás. Demasiados machos-alfa en los departamentos creativos de las agencias de publicidad. En fin.

sequedad.jpgPero volvamos a la menopausia. Mis amigas sénior me habían hablado de los incómodos sofocos, del insomnio recurrente, de la temida osteoporosis, del inquietante descenso de la libido. No obstante, nadie me advirtió de lo peor de lo peor, la implacable sequedad vaginal. Por eso estoy escribiendo estas líneas sobre mi particular experiencia: una información que atañe a tantas mujeres hay que compartirla con generosidad y sin recato.

Las palabras de la doctora Susana Sánchez, mi querida ginecóloga, no me reconfortaron demasiado cuando le comenté los primeros síntomas de agostamiento de las entretelas. “Cuanto más pálida es la epidermis, más fácil es que se manifieste”. Así que mi níveo cutis de dama antigua, además de acarrear algún que otro extrabonus para padecer cáncer de piel, conllevaba esa otra sorpresilla inesperada. Y todavía existen cretinos que creen en la supremacía de la raza blanca, buf.

Ahora bien, desde el punto de vista biológico, tiene su lógica: en cuanto pierdes la capacidad reproductiva, la perversa madre naturaleza pone en marcha los mecanismos necesarios para que dejes de practicar el sexo por puro placer. En plan bíblico.

A mí la regla se me fue a mis madurescentes 48 años, tan pronto como había venido. ¿Debía aceptar, como una condena, tamaño castigo? ¿Se trataba de alguna penitencia inverosímil que tenía que cumplir? Si hubiera sido creyente hubiera ido a ponerle una vela a San Isidro. Como no lo soy, le manifesté mi desazón a la doctora Sánchez. “Hay un tratamiento nuevo de Isdin, se trata de unas infiltraciones intravaginales de ácido hialurónico que al parecer están funcionando muy bien, hay estudios médicos que avalan su eficacia. Me han invitado a participar en un taller de demostración y puedo llevar a una paciente para aplicárselo. Piénsatelo y me dices si quieres participar”. “¡Sí, sí, sí!”, lo medité como tres nanosegundos.

El centro al que debía acudir como conejillo de indias –nunca mejor dicho- estaba a un corto paseo desde mi casa. En 10 minutos me planté allí en el día y a la hora convenida –aunque ya había hecho una visita previa de primera toma de contacto-. Me atendió la esteticista, que me acompañó a una cabina, me acomodó en una camilla, me pidió que me desnudara y me pusiera una bata quirúrgica y me aplicó Emla –esa milagrosa pomada anestésica para depilaciones láser- a cascoporro, tanto intravaginalmente, jeringuillazo mediante, como en los promontorios del monte de Venus, extendiendo el ungüento como si fuera crema pastelera. Luego cubrió la zona con papel film, me proporcionó una braguita de papel, me cubrió con una sábana y me dejó allí, estirada y reposando.

Como ya me habían avisado de que la espera sería larga, me dispuse a leer plácidamente en mi libro electrónico. Entre tanto fueron llegando los doctores que asistían al taller. La doctora Sánchez entró en la cabina a saludarme. “¿Estás lista? Cuando llegue todo el mundo nos darán la clase teórica, después yo te aplicaré el tratamiento, ¡nos vemos luego!”

Creo que pasaron más de dos horas desde que me estiré embadurnada en la camilla y me vinieron a buscar, aunque en realidad la pomada hace efecto al cabo de 45 minutos. Envuelta en mi batilla clínica y calzada con unos peucos plásticos, de extranjis y sin que nadie me viera, bajé a la sala aneja al aula donde la cirujana plástica Eva Guisante impartía su clase magistral. Era un espacio íntimo y acogedor donde supuse que también se desarrollaban trabajos de estética. Habían dividido la estancia en dos mitades gracias a tres pequeñas sábanas que pendían, cual colada en la azotea, de un cordel, de tal modo que los doctores podían presenciar la aplicación del tratamiento sin verme a mí. Mejor dicho, sin poder reconocer a quién pertenecían ese pubis y esas dos piernas. Desde mi parapeto, muy bien acompañada por la encantadora asistenta, quien de vez en cuando me invitaba a aspirar un poco de gas de la risa a través de una mascarilla, escuchaba los comentarios de la doctora Guisante y la conversación de los doctores.

Además de la pomada con que se había adormecido la zona, me inyectaron un anestésico cuyo pinchazo me escoció un poco y me recordó a mis visitas al dentista. “Es que es el mismo producto”, puntualizó la doctora Guisante. Empecé a notar esa parte de mi cuerpo tan insensible como el corcho. Me recordó a la extraña impresión en las piernas, como si no formaran parte de ti, que te queda cuando te inyectan la epidural –¡oh maravilloso invento!-.

Una vez que estaba todo requetedormido, la doctora Sánchez empezó a aplicarme el fabuloso ácido hialurónico, cuyo efecto dura unos 12 meses porque el cuerpo lo va reabsorbiendo. ¿Qué es lo que pasa tras aplicar ese mágico invento en los más recónditos rincones intravulvares? Pues que la cavidad vaginal, en ese momento lisa, blanquecina y deshidratada, recupera el volumen, la rugosidad y el tono sonrosado que la habían caracterizado siempre. Hasta el maldito climaterio.

Mientras Eva Guisante y Susana Sánchez se ocupaban de mí, se dejó oír una voz masculina: “¿Y este tratamiento no puede hacerse sin anestesia?”. La doctora Guisante le respondió tajante: “Sí, claro, aunque la paciente se sentiría muy molesta. Soy más partidaria de facilitar al máximo la comodidad y el confort”. Y entonces pensé que qué le parecería a él que le perforaran con finas agujas el glande, así, a pelo. Y me reafirmé, una vez más, en la sabia decisión de haber escogido una ginecóloga y no un ginecólogo.

Cuando finalizó el tratamiento gentileza de Isdin, Susana apartó una de las sábanas para acercarse a darme un abrazo. “Te espero en la consulta dentro de un mes, ¡tienes que contarnos cómo ha ido!”

Hoy puedo decir que, una semana después de su aplicación -había que esperar un mínimo de siete días para comprobar su eficacia-, el tratamiento de Isdin superó todas mis expectativas. Sin dolor, sin molestias, sin incomodidades. Con una lozanía juvenil especialmente vivificante gracias al feliz redescubrimiento: hacía demasiado que no disfrutaba plenamente de mi sexualidad. Así que, una vez más, gracias, Susana: no solo trajiste al mundo a las dos niñas de mis ojos, también me has devuelto el arrebatador placer de mi feminidad.