Mi primer pregón de la Mercè

Jamás había presenciado el pregón de las fiestas de mi ciudad porque, por lo general, las aglomeraciones me repelen –qué lejos queda el concierto de Los Ronaldos en el Sot del Migdia en aquella pretérita Mercè ochentera-. No obstante, en cuanto supe del contrapregón que habían organizado un payaso –óptese por la acepción que prefieran, la de artista cómico o la de mamarracho- y sus fascistoides adláteres, sentí que debía acudir como muestra de adhesión a esas otras Barcelonas que hasta ayer habían sido reiteradamente ninguneadas por parte de las instituciones. Además de que me irrita profundamente que se desprecie la naturaleza diversa, indomeñable y plural de los barceloneses –sí, las personas antes que el terruño, llamadme excéntrica-.

Qué extravagancia, el programa de este año abría la fiesta, más allá de los lindes habituales, hasta la antigua fábrica de Fabra i Coats y el Parc de la Trinitat, ubicado en una encrucijada de vías que penetran en Barcelona por la puerta de atrás. Y qué insolencia, el pregonero era Javier Pérez Andújar, sobre quien buena parte de sus detractores rebuzna de oído, de la misma manera que jamás se han adentrado en las Barcelonas que flanquean la Meridiana.

Paseos-con-mi-madre.jpgJavier Pérez Andújar, portentoso pugilista de las letras que sacude con cada escrito, que argumenta siempre, pero sobre todo cuando discrepa, es erudito, agudo, intrépidamente coherente y autor de Paseos con mi madre, que en mi opinión debería ser de lectura obligatoria en todos los institutos de Barcelona. Lo mismo que habría que impartir unas nociones básicas de todas las lenguas del estado en cada rincón de la península: el desconocimiento es la madre de la incomprensión y, demasiado a menudo, del atrincheramiento ideológico.

Mi amiga María y yo llegamos a la Plaça de Sant Jaume sobre las siete menos cuarto de la tarde. Pululaban por allí algunos espectadores, entre ellos una docena de vecinos de la Barceloneta que trompeteaban contra los pisos turísticos, a quienes se les agregó, viéndose en franca minoría, un par de individuos pintorescamente ataviados con sendas barretinas y la indispensable estelada. Tomamos posiciones cerca de la única pantalla, que estaba instalada en el ángulo entre las calles Ciutat y Jaume I, y nos entretuvimos en observar a la ecléctica variedad de expectantes. Había diseñadores gráficos y arquitectos –o por lo menos iban vestidos como tales-, pandillas de estudiantes, señoras empoderadas, caballeros madurescentes, turistas curiosos y alguna que otra cara conocida, como el cupaire David Fernández –que siguió atentamente el pregón y en algunos momentos aplaudió a rabiar- y el actor y guionista Manel Lucas -imitador de Lluís Llach y Francisco Franco en el programa Polònia-.

Tras unos minutos de espera, Javier Pérez Andújar apareció en el monitor, menudo como un suspiro, rodeado por la plana mayor del ayuntamiento y la alcaldesa, quien explicó de manera concisa y diáfana que uno de los objetivos de las fiestas de este año era dar visibilidad a las ciudades invisibles –tales fueron sus palabras-. El pregonero empezó su discurso con ese hilo de voz tan suyo, suave, sereno, incluso delicado, y ya desde el inicio se elevó varios metros sobre el suelo y creció hasta el infinito. Porque, especialmente ayer, el mejor cronista de la Barcelona metropolitana estuvo inmenso. Como si recitara una larga oda a la cultura popular, verso a verso fue hilvanando su particular homenaje a barcelonesas y barceloneses lectores, escritores, ilustradores y maquinadores de historias, independientemente de dónde hubieran nacido, “eso no importa porque cuando pasó aún eran pequeños”. Fue un alegato brillante, emotivo, impecable y, sobre todo, reconfortantemente integrador. Tanto, que mi amiga María, que es vasca, ayer se sintió, también –sumando, nunca eligiendo-, más barcelonesa que nunca. Ella me enseñó un entrañable dicho de su tierra: “los de Bilbao nacemos donde queremos”. Pues los barceloneses, igual. Mal que les pese a algunos.

Qué hermoso pregón. Qué épico desde lo más cercano, desde lo más cotidiano, desde lo más vivido. Os adjunto el enlace por si lo queréis escuchar: https://vimeo.com/183878093

Personalmente, había previsto más pitidos, aunque en realidad no hubo tantos: los trolls acudieron en tropel a jalear al histrión monofásico de Vilanova i la Geltrú, cuya principal afición es repartir carnés de buenos y malos catalanes. No sé si Javier Pérez Andújar es un buen o un mal catalán, lo que, por otra parte, es irrelevante. Lo que verdaderamente importa es que, sin él proponérselo, lo que tiene más mérito, es un excelso barcelonés. Y La Mercè es la fiesta mayor de Barcelona. Lo comento porque, al parecer, hay quien anda despistado y todavía no lo ha pillado.

Como concluyó ayer nuestro más ilustre pregonero: ¡barceloneses del mundo, uníos!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s