Florencia

Nada como levantarse temprano para soslayar las hordas de turistas que, como nosotros mismos, asolan la Toscana durante la semana de ferragosto. Los adultos de la familia ya habíamos visitado Florencia años ha –yo en mi antediluviano viaje de final de curso de COU, luego embarazada de Ángela-, de modo que animamos a nuestras hijas a que decidieran ellas qué les apetecía inspeccionar. Y escogieron –más bien lo eligió Mariola- el Palacio Pitti.

Sobre las nueve y media hemos estacionado nuestro automóvil en el parking de Santa Maria Novella, hemos atravesado la Via del Moro, hemos orillado el Arno hasta el Ponte Vecchio y nos hemos dirigido a la taquilla del imponente palazzo, que antes de las diez de la mañana lucía extrañamente deshabitado. La modalidad de admisión vigente distingue entre dos tipos de entrada, una para la Galleria Palatina y la Galleria D’Arte Moderna, y la otra para los Giardini di Boboli y Bardini y la Galleria del Costume. Hemos optado por la primera porque con el clima incandescente no estábamos para paseos por el exterior. El acceso parcial nos ha costado trece euros por cabeza, suerte que los menores de 18 años no pagan.

El Palacio Pitti se denomina así porque su primer dueño fue Luca Buonacorso Pitti, un mercader que quería exhibir músculo ante los Médicis, sus eternos rivales. No obstante, la familia acabó arruinándose y Eleonora de Toledo, esposa de Cosme I de Médicis, lo adquirió. Tras algunas obras de mejora y ampliación, los prestigiosos mecenas florentinos abandonaron en Palazzo Vecchio y se instalaron en el barrio de Oltrarno, arrastrando tras ellos a los nobles de la época, que venían a ser como sus groupies. Seguro que hoy los Médicis arrasarían en Youtube.

4.Judith_y_HolofernesLa Galleria Pallatina ocupa las salas que configuran la fachada del edificio y, en la parte trasera, lo que en su día fueron los aposentos de invierno de los Médicis. En las adamascadas paredes, lienzos de Caravaggio, Rafael, Tintoretto, Tiziano, Ribera, Rubens y muchos otros artistas renacentistas, manieristas y barrocos. Es fascinante detenerse en algunas estampas en las que el autor ha sabido captar a la perfección el alma del retratado: un Médicis macho-alfa de mirada sardónica, un lánguido prelado de mirada triste, una inocente Judith blandiendo la cabeza de un apesadumbrado Holofernes, una Magdalena atómica precursora de Jesucristo Superstar…

8.Lagerfeld2Y, de pronto, el horror: Karl Lagerfeld expone hasta el 23 de octubre su mamarrachada Visions of Fashion. Al parecer, además de diseñador es fotógrafo ¡y director! Claro que, bien pensado, al final todo va de lo mismo: de la indolencia de quienes pueden invertir tiempo y dinero en patrocinar a Brunelleschis, Donatellos, Filippos Lippis y, ¿por qué no?, Lagerfelds.

11.Giuseppe_BellucciEn el Salón Celeste me sorprende el asombroso parecido de algunos Médicis allí retratados con los Austrias. Los mismos ojos saltones con bolsas. Las mismas napias apatatadas. ¿Tal vez también se reproducían entre ellos? Pensaba que solo era una práctica habitual de los Borgia, pero nunca se sabe. En cambio, en el cercano Salón de la Reina, me admiran tres óleos que exhiben un prodigioso dominio de cómo captar la luz natural. Lo que me recuerda a un fotógrafo de talento prodigioso pero mente errática que iluminaba sus bodegones con el solazo que se colaba por los ventanales de su estudio, sin apoyos artificiales: “El atardecer no me condiciona, ¡yo domino la luz!”

A la una habíamos quedado con mi amiga Eva y su pequeña familia para almorzar juntos, ellos están estos días en Roma y hoy se acercaban a Florencia en tren para pasar el día. John, el marido de Eva, nos ha sugerido comer en el restaurante Golden View Open Bar, desde donde se divisan unas preciosas vistas sobre el Arno, el Ponte Vecchio y el Corredor Vasariano, que unía el Palazzo Vecchio con el Palazzo Pitti para mayor comodidad –y seguridad- de los Médicis, que se desplazaban de un lugar a otro pasando por los Uffizi sin pisar la calle.15.Vista restaurante.jpg

Cuando nuestros amigos se han ido a la estación para tomar el tren de vuelta a su alojamiento romano, nosotros nos hemos acercado a la Officina Profumo-Farmaceutica di Santa Maria Novella. En 1221 llegaron a Florencia unos frailes dominicos que enseguida empezaron a cultivar en su huerto algunas especies medicinales que utilizaban para las recetas con que abastecían a la enfermería del convento –igualito que Severino da Sant’Emmerano en “El nombre de la Rosa”-. Gracias a la fama adquirida, en 1612 la farmacia se abrió, por fin, al público.

17.perfume2El establecimiento del número 16 de la Via della Scala es una primorosa joya histórico-artística: la Antica Spezieria, que hoy alberga la sección de herbolistería, expone una colección de productos que datan desde 1612 hasta 1848, mientras que en otra sala se pueden apreciar coloridos frescos románicos. La antigua botica real ofrece perfumes y jabones de elaboración artesanal con ingredientes naturales y algunos preservan fórmulas creadas para Catalina de Médici en el Cinquecento: allí se creó la primera agua de colonia, a petición de la futura reina de Francia, bajo la denominación de Acqua della Regina.

Hemos finalizado nuestra jornada florentina encaramándonos a un mirador excepcional. Tomando una carretera que serpentea durante 9 km entre elegantes mansiones decimonónicas y colinas cuajadas de cipreses –árbol típicamente toscano que, por cierto, trajeron los etruscos cuando se asentaron por estos pagos-, se alcanza Fiesole, desde donde se divisa una panorámica sobre la ciudad ducal que corta el aliento. En las estrechas callejuelas de la coqueta población cobran sentido esos minúsculos vehículos de choquetín que tanto abundan por Italia: nosotros casi nos convertimos en un emparedado entre dos muros de piedra hostiles. Cosas del GPS, que no sabe de anchuras ni perímetros.

18.Vista_mirador.jpg

Hemos regresado a casa no sin antes hacernos con un buen alijo de espirales antimosquitos como las que se usan en Sudamérica: la pasada noche ni el infalible Halley ni las velas de citronella pudieron con un único pero rabioso microvampiro. Asco de bichejos indígenas, a ver cómo nos va hoy…

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