Cármina Burana

Cármina Burana –aunque el término en latín no la lleva, la RAE recomienda la tilde para facilitar a los hispanohablantes su correcta pronunciación- podría traducirse como Cánticos procedentes de la abadía de Benediktbeuern. El libreto de la cantata que hoy conocemos forma parte de una colección de cantos y poemas medievales. Fueron descubiertos en 1803 durante la Säkularisation, un proceso equivalente a nuestra popular Desamortización de Mendizábal.

Los 228 poemas originales –materiales complementarios aparte- fueron escritos fundamentalmente en latín, aunque también hay algunas piezas en alemán medieval y occitano. Con ciertas dosis de humor y no poco regocijo, en aquellos versos suyos los jóvenes y goliardos autores celebraban los placeres terrenales y satirizaban los abusos de las autoridades civiles y eclesiásticas.

Aunque fueron publicados en Alemania en 1847, aquellos cánticos solo tuvieron cierta repercusión cuando Carl Orff se aproximó a ellos aportándoles su propia base musical. Ayudado por Michael Hofmann, un estudiante de derecho experto en griego y latín, Orff escogió 24 poemas para crear lo que él denominó una “cantata escénica” en tres actos, “Primavera”, “En la taberna” y “La corte del amor”.

La obra fue estrenada el 8 de junio de 1937 en Frankfurt con su título completo en latín: “Cantiones Profanae Cantoribus Et Choris Cantandae Comitantibus Instrumentis Atque Imaginibus Magicis” –que más o menos podríamos traducir como Canciones profanas para voces y coros para ser cantadas junto con instrumentos e imágenes mágicas-.

En su momento fue muy valorada por los rampantes fascismos que dominaban buena parte de Europa: Cármina Burana formaba parte de esa épica banda sonora que, según Woody Allen, impelía a invadir Polonia.

CarminaBurana.jpg

Esta tarde el teatro Tívoli acogía la última representación en Barcelona de la obra de Carl Orff versionada por La Fura dels Baus, que ha estado en cartel del 10 al 13 de marzo. Hemos llegado unos veinte minutos antes de las seis y nos hemos acomodado en nuestros asientos del segundo piso: los precios de la platea y el anfiteatro se escapaban del presupuesto. No obstante, previsora que es una, estábamos ubicados en las mejores localidades, fila 1, butacas 44 y 45, en mitad del cielo de la sala –más arriba, el techo-.

El suelo temblaba bajo nuestros pies según entraba cada nuevo grupo de espectadores. Inquietante. La acomodadora ha incrementado nuestro desasosiego con una perentoria advertencia: “No os apoyéis en la barandilla, podría caerse el proyector y os tendríamos que poner una multa”. A mí la penalización monetaria me ha parecido un tema insignificante comparado con la verdadera amenaza: el artilugio estaba suspendido, precariamente sujeto a una estructura bastante básica, sobre algunas personas del primer piso. Solo de pensarlo me entraban sudores fríos. Pero ha sido apagarse las luces de la sala, comenzar el grandioso espectáculo y pasar pantalla.

“Oh, Fortuna” ha desatado todo un torrente de emociones, desbordado por la magnífica puesta en escena –escenografía, vestuario, iluminación, montaje audiovisual-, las soberbias voces y los extraordinarios músicos, dirigidos por un Josep Vicent en estado de gracia. Ante nuestros ojos, borbotones de imágenes proyectándose sobre la pantalla cilíndrica que preside el escenario. Alegres ninfas recreando una ducha virtual bajo cascadas de agua o correteando, traviesas, por todos los rincones, cual perfumadas luciérnagas. Vendimia y taberna unidas en chapoteos de vino. Hombres que lloran por amor. Y vírgenes ondulando las cadenas de sus húmedos sueños. Tras el “Oh, Fortuna” de cierre, aplausos atronadores. Y, de repente, la grata sorpresa: unos bises. Tras permanecer ocultos al público durante la hora larga de representación, Josep Vicent y los músicos, flanqueados por los coros, han interpretado con un ímpetu insospechadamente renovado el emblemático tema. Qué gran ovación.

Hoy hace 78 años que nació mi padre. Le hubiera encantado este espectáculo. Y a mí todavía más disfrutar de su siempre grata y eternamente añorada compañía.

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2 comentarios en “Cármina Burana

  1. Amiga del alma! Q belleza de descripción!!! Gracias!!! Feliz cumple! Celebro el pasaje de tu padre por aquí y q lo hayas tenido en tu vida! Q suerte haber tenido tan maravilloso padre! Q bonito q hayas visto en su día algo q hubiese disfrutado contigo, aunque yo sí creo q estaba allí! Te quiero amiga!

    Val

    Enviado desde mi iPhone

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