Older & Wiser & Better Than Ever (Yes!)

No puedo –ni quiero- evitarlo, me sale así de manera inconsciente: cuando hablo con mi amiga Valery o con sus hijos, de repente me escucho a mí misma voseando y empleando vocabulario que me es ajeno sin darme cuenta –heladera, computadora, celular, pileta…-. Supongo que son pequeñas estrategias de aproximación para que la comunicación fluya de manera más ágil y, sobre todo, más cómplice.

Valery vive en Frankfurt y el pasado fin de semana cumplía 50 esplendorosos años. Hace meses que compré mis billetes de avión para acudir a tan señalada cita, no me la hubiera perdido por nada del mundo. Tuve la fortuna de coincidir –y convivir- con su hermano Ron y su adorable y amorosa mujer, Violeta, quienes volaron desde Buenos Aires para acudir al evento –qué hermosa prueba de amor fraternal-. Ha sido un fin de semana entrañable que ha transcurrido como un suspiro y se me ha hecho cortísimo, snif.

La fiesta fue fabulosa. Valery lo tenía todo minuciosamente planeado y, ya desde la puesta en escena, fue una celebración espectacular, a la medida del auto-homenaje que se regaló: candelas en la escalera de acceso a su apartamento –su hijo Niko estuvo limpiando previamente cada escalón-, buqués de flores frescas y velitas en las mesas de apoyo –era una cena de pie-, prosecco italiano bien fresco y en copas de cava para recibir a los invitados, un parmeggiano de dimensiones colosales, bien troceadito, para picar, la exquisita sopa de mango con gambas de Boris –al día siguiente también me preparó una infusión de agua y limón para aliviar la tremenda resaca, glups-, y una brigada de italianos elaborando para todos las cositas ricas que nos iban llegando, casi mágicamente, mientras conversábamos las unas con los otros y la otras con los unos. Corrió el vino blanco y el tinto argentino, y luego Tito, el hijo de la indispensable Marcela, preparó unos combinados escandalosamente irresistibles –mojitos con Havana Club 7 años, mmm-.

En Alemania en las reuniones sociales se acostumbra a ir cambiando de interlocutor cada cierto tiempo, así que maridos y esposas se van incorporando alegremente a grupitos diferentes –en cenas formales los ubican en la mesa siempre separados-. Es una buena manera de conocer a gente nueva y ampliar tu círculo de amistades. Yo solo había coincidido en anteriores ocasiones con una mínima parte de los asistentes –Sonia, Carme, Gemma, Boris-, pero desde el primer minuto me sentí como en casa, entre otras cosas porque todos los alemanes allí presentes hablaban también español –alguno asombrosamente bien- o inglés. Ya me lo había adelantado Valery: “No he invitado a nadie por compromiso o para quedar bien. Todas y cada una de las personas que están aquí son quienes quería que estuvieran hoy conmigo, por uno u otro motivo”. El ambiente era sofisticado –Val pidió que cada cual acudiera guapo a su manera- y, al tiempo, cálido, acogedor y casero. Al fin y al cabo, se trataba de la familia alemana de mi amiga –una gran y estupenda familia, cabe decir-. A cada nuevo corrillo que llegaba, en cuanto me presentaban como “la amiga de Valery de Barcelona”, me asaltaban con la misma pregunta, “¿qué pasa con Cataluña?”, como si se pudiera explicar someramente el estado de ánimo de las dos mitades en que está fracturada la población catalana. En fin. Enfín -que diría mi amiga Susana-. Pero regresemos a la fiesta.

Valery lucía arrebatadora, iluminada por una incandescente y contagiosa felicidad interior que nos alumbró a todos. Enfundada en un estiloso vestido negro y con la voluptuosa melena caracoleando a su alrededor en mullidos bucles, mi amiga, que ya es muy alta, esa noche se encaramó a unos taconazos de vértigo y se elevó casi hasta la estratosfera, metafórica y literalmente hablando. Yo estrené los flamantes zapatos de flamenca que me hicieron en Jerez -a medida y exactamente como los quise-, aunque cuando empezó el momento discoteca –divertidísimos los complementos fluorescentes para iluminar al personal- preferí bailar descalza porque mis pies no daban más pero el resto de mi cuerpo sí. ¡Y cómo! Aunque empezamos a cenar temprano, nos acostamos a las cinco y media de la mañana. Así que podríamos decir que iniciamos la velada a la europea y la acabamos mediterránea y divinamentemente. Que, por otra parte, es la mejor manera de vivir la vida. ¿Verdad, Val?

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2 comentarios en “Older & Wiser & Better Than Ever (Yes!)

  1. > no paro de emocionarme contigo!!!! eres un sol y tienes esa mirada maravillosa de las cosas…. si me lo permites… se los mandare a mis mejores amigas q estaba en la fiesta porque es un homenaje a ellas también…. has homenajeado a todos y tus zapatos guapa son la locura!!!! > Haz una foto a tus zapatos y suela a las fotos de la pag del cumple!!!!!!!!!! > ellos también merecen su homenaje! > Gracias Hellen! > MIL MIL Gracias! > te quiero con el alma! > val

    trate de dejarlo en tu blog pero no puedo porque no tengo forma de log in! porfas copialo y escribelo por mi!!!!! quiero q tus amigos sepan q te amo!!!!!!!

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