Juntos por el sí y separados por el no

Pocos días después de iniciar 4º de ESO, algunos compañeros de clase de Ángela que se cuestionaban el independentismo como dogma de fe formularon la petición de un debate, argumentado y plural, sobre una posible disociación de Cataluña del estado del que forma parte. Desde el colegio decidieron, muy acertadamente –desde la vuelta de vacaciones se respira un tenso atrincheramiento-, posponer la multitudinaria asamblea reflexiva hasta después del 27 de septiembre. Y así se hizo.

Ángela nos comentó su convicción de que, con 15 años, carecía de suficientes elementos para formular una opinión sobre un asunto tan complejo, al tiempo que manifestó su interés por escuchar distintos puntos de vista, a fin de tener una panorámica más amplia y poder llegar a sus propias conclusiones. Como se trataba de valorar, sopesar y deliberar, compartimos con ella algunas dudas razonables que podrían surgir durante el debate. Y la disertación fue más o menos así…

El famoso “Espanya ens roba” es la letanía independentista que más ha arraigado en el pensamiento colectivo. Dejando de lado otras consideraciones –como qué grado de falacia esconde la sentencia o quién nos roba de verdad- asoma un inquietante matiz insolidario en el planteamiento. Los barceloneses también podríamos mostrarnos insolidarios con las comarcas interiores catalanas. El Área Metropolitana de Barcelona (Alt Penedès, Baix Llobregat, Barcelonès, Garraf, Maresme, Vallès Occidental y Vallès Oriental), es decir, el conjunto formado por la ciudad de Barcelona y su área de influencia, aporta buena parte del PIB catalán. Luego, ¿podríamos decir que Cataluña roba al Área Metropolitana de Barcelona? ¿Incluso llegar a afirmar que esta práctica habitual –el hecho de que Barcelona “pague las facturas” de Cataluña- se ha institucionalizado? Un ejemplo paradigmático: los ayuntamientos de la Seu d’Urgell y de Puigcerdà –y algunos representantes electos que se sienten muy catalanes pero tal vez poco o nada barceloneses- pretenden que Barcelona presente su mediterránea –y carísima- candidatura a los JJOO de Invierno y, adicionalmente, se ocupe de sufragar los gastos que pueda ocasionar la pintoresca extravagancia.

Un apunte: las comarcas donde las candidaturas a favor de una declaración unilateral de independencia –la famosa DUI- no alcanzaron el 50% de los votos son buena parte de las del Área Metropolitana de Barcelona, más el Baix Penedès, el Tarragonès, el Baix Camp y la Val d’Aran, que, por motivos diferentes a las demás, es la comarca menos independentista, con tan solo un 31% de sufragios a los dos partidos pro DUI. Este es otro tema interesante: la Val d’Aran. Los araneses son los grandes olvidados. Y negligidos. Excepto la CUP, ningún candidato ni ningún representante electo se ha molestado en proponer que el alumnado catalán aprenda ni tan siquiera unas nociones básicas de aranés en el colegio. ¿Qué respeto podemos pedir a los demás si no empezamos por valorar nosotros mismos nuestra propia diversidad y riqueza cultural?

Otra premisa que convendría poner en duda: de la misma manera que Cataluña no es Convergència ni Junts pel Sí, España no es el PP. Tenemos un grave problema: la ley electoral vigente. El PP obtuvo su mayoría absoluta con el apoyo de tan solo el 31% de la población con edad de votar, o lo que es lo mismo, careciendo de la legitimidad de una mayoría social. Ello no le ha impedido perpetrar las más inverosímiles medidas involutivas a golpe de decreto-ley, aun en contra de los anhelos y aspiraciones de buena parte de la ciudadanía.

esconsEn Cataluña el marco electoral no es mejor, como refleja el listado publicado en el periódico digital Sentit Crític “¿Cuántos votos cuesta cada escaño?”, que detallaba: “La cotización depende también, como avanzábamos, de la barrera electoral, el 3% de los votos totales en la provincia. Por eso UDC no ha podido rentabilizar ninguno de sus 102.870 votos, 75.405 de ellos en Barcelona, que doblan el precio medio final del escaño en la provincia. Si la barrera se hubiera reducido, por ejemplo, al 2%, UDC hubiera entrado en Barcelona con dos diputados, en detrimento de JxSí y del PP.”

En Holanda -16,8 millones de habitantes- funciona un sistema electoral exóticamente alícuota, con un distrito único, listas abiertas y máxima proporcionalidad: se divide el total de votos entre los escaños a repartir y se establece un cociente electoral (a los escaños que quedan pendientes de asignar sí que se les aplica la lei de Hondt). Los gobernadores provinciales son escogidos por el gobierno, que está más que habituado a pactar y encontrar fórmulas de consenso, ya que no se exige ningún mínimo porcentaje de votos a ningún partido para acceder a los órganos de elección popular.

Y todavía más dudas. Como se preguntaba Rosa Cañadell en eldiario.es antes de las famosas plebiscitarias, ¿qué sería mejor, una Cataluña independiente gobernada por la derecha, o una Cataluña formando parte de un estado que estuviera gobernado por la izquierda? En el fondo -aunque no en las formas-, la derecha catalana y la española guardan un parecido sobrecogedor: ambas están salpicadas por escándalos de corrupción y han sumido en la indefensión y la precariedad a buena parte de la población con sus recortes. Es más, la derecha catalana ha sido tan aplicada haciendo los deberes que ha desmantelado nuestra sanidad pública –como explica Teresa Forcades a quien quiera escucharla-: Cataluña se ha precipitado a la cola de la clasificación de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP), que mide las diferencias en la atención sanitaria entre las diferentes comunitades autónomas: mientras que en 2009 figuraba en la 5ª posición, en 2015, después de perder cuatro posiciones respecto a 2014, ocupa el antepenúltimo lugar.

Una última reflexión: en esta Europa controlada por los mercados financieros –¿os suena Grecia?- y en una aldea global dominada por los lobbies, ¿independentes de quién?

-¿Qué tal el debate sobre pros y contras de la independencia?

-No he aprendido nada.

Ángela quedó claramente insatisfecha tras su sesión en el aula: se dedicaron más a seleccionar y coleccionar noticias de la prensa convencional que a analizar la información recabada. ¿Quizás para evitar dinámicas que pudieran degenerar en acerada guerra dialéctica? Entre tanto, me cuentan que algunos cachorros independentistas amenazan con votar al PP en las elecciones generales de diciembre, en plan táctica guerrillera: con Rajoy les va mucho mejor. Como decía Einstein, la estupidez humana no tiene límites.

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