Barceloneando

Viernes de madrugada, en el cruce de Balmes con General Mitre:

– Dime que no hemos bebido tanto y que eso es un jabalí.

– Joder, sí que es un jabalí. Habrá bajado de Collserola.

– Pobre, se le ve muy desorientado, me da mucha pena.

– A mí me da más bien pavor, como le dé por embestirnos…

Mi amiga Mireia y yo vimos al confundido cerdo salvaje cuando regresábamos de cenar en La panxa del bisbe -Torrent de les Flors 198-, donde habíamos compartido sabores, aromas, texturas y un par de botellas de Blau –delicioso vino del Montsant- con Berta y Josep Maria, los otros dos miembros del cuarteto. Durante la velada cayeron unas croquetas parcas en bechamel y generosas en tropezones de pollo y verduritas, unas sardinas marinadas con quinoa y mutabal, un exquisito ceviche de caballa con guacamole, un bonito suavemente escabechado con crema de calabaza, una pata de pulpo a la brasa con tirabuzones de apio y puré de patata, unos tiernos calamarcitos y, de postre, unos crujientes hatillos de pan de coca, recién salidos del horno, rellenos de trufa y aliñados con aceite de oliva y escamas de sal. Es un restaurante más que recomendable.

El avistamiento de animales ajenos a la fauna local –básicamente ratas, palomas y cucarachas, puaj y requetepuaj- continuó ayer, cuando Ángela y yo observamos, estupefactas, cómo un vecino paseaba a su mapache. Lo llevaba atado con una correa y el pobre animalillo salvaje, secuestrado de su boscoso hábitat natural, olisqueaba la acera cual cánido doméstico. Daban ganas de ponerle un bozal y unos grilletes a aquella bestia -me refiero al homínido, naturalmente-.

andre-dorineMi hija mayor y yo veníamos de asistir a la representación de tarde de “André y Dorine”, una extraordinaria pieza de Kulunka Teatro. Garbiñe Insausti, José Dault y Edu Cárcamo consiguen multiplicarse sobre el escenario gracias a sus máscaras y durante hora y media sobrecogen, enternecen, turban, entusiasman y enamoran al ritmo de la música del argentino Yayo Cáceres –imprescindible en la concepción dramática-. Más allá de saber expresar plásticamente el avance implacable de la enfermedad de Alzheimer, es una arrebatadora historia de amor que te sacude el alma. Están de gira y hoy actuaban en Igualada. Si tenéis ocasión de presenciar el espectáculo, no la dejéis perder.

El torrente de emociones –la conmoción de “André y Dorine” me duró hasta que concilié el sueño, unas cuantas horas después de salir del teatro Poliorama- ha continuado hoy con el homenaje con que me ha obsequiado mi queridísima amiga Mónica. Porque nosotras lo valemos. Porque sí. Pero, sobre todo, porque le ha dado la gana. Muy ella, que es una mujer de rompe y rasga –cada vez más, olé-.

Habíamos quedado poco antes de mediodía en la parada de metro de Liceu. La mañana era mediterráneamente radiante y algunas calles del centro de Barcelona estaban cortadas por las fiestas de la Mercè, patrona de la ciudad. Mónica me ha acompañado hasta el corazón del Raval y allí me ha desvelado la sorpresa: hemos entrado en el imponente Barceló Raval para disfrutar del variado brunch que proponen los domingos por la mañana de 12:00 a 16:00 h. Tras escoger lo que nos ha apetecido del variado bufé, hemos subido a por nuestro cóctel a la azotea perimetral, que corona el edificio cual terraza-periscopio. De las tres opciones que nos ha desgranado el barman, hemos optado por el Bloody Raval: gengibre, salsa worcester, Tabasco, vodka, zumo de tomate, un golpe de pimienta, una ramita de apio y hielo pilé. ¡Atómico!

Unas francesas se han sentado en el borde de la pequeña piscina, vasos en mano y pantalones remangados, para sumergir sus níveas piernas y deslizar miradas, palabras y risas. Junto a ellas otros turistas, de aspecto escandinavo, se tostaban en las hamacas sin mediar palabra, concentrándose en la agradable sensación de los rayos de sol sobre su pálida piel. Nosotras hemos preferido saborear nuestro refresco para adultos en un cómodo banco a la sombra, el mismo en el que habíamos cuchicheado anécdotas, temores y confidencias antes de almorzar. el_abrazoHa sido entonces cuando Mónica me ha regalado una preciosa pulsera –sabe que me chiflan- que reproduce un fragmento del Friso de Stoclet de Gustav Klimt: El abrazo. Así solo tendré que tocar mi brazalete-ideograma para pensarla. Para sentirla cerca. Incluso para transmitirle telepáticamente mi apoyo incondicional.

Aunque, en realidad, a una amiga del corazón la llevas siempre contigo. Vaya a donde vaya. Pase lo que pase. Esté donde esté. Al fin y al cabo, como suelo decir, los amigos son la familia que tú eliges. Y yo escogí muy bien.

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