Semana Santa en Barcelona

Aunque nuestros planes eran otros, algunos compromisos profesionales nos han impelido a permanecer en Barcelona estos días de Semana Santa. No obstante, hemos podido compaginar el trabajo con paréntesis de ocio en nuestra propia ciudad que nos han cundido bastante.

Museu_del_dissenyFlanqueado por la flamante Torre Agbar y el galáctico recinto que acoge el Mercat dels Encants –no me acabo de acostumbrar a él, prefería las viejas y polvorientas paradas de antiguallas-, el Museu del Disseny de Barcelona se ubica en una fea mole trapezoidal creada por el equipo de arquitectos del estudio MBM –Josep Martorell, Oriol Bohigas, David Mackay, Oriol Capdevila y Francesc Gual- con el objetivo de presentar las colecciones de artes decorativas y aplicadas que forman parte del patrimonio de la ciudad. Su fondo se nutre de lo que en su día fueron el Museu de les Arts Decoratives –que también incluía muestras de diseño industrial-, el Museu de Ceràmica, el Museu Tèxtil i d’Indumentària y el Gabinet de les Arts Gràfiques. Además de cuatro exposiciones permanentes, el Museu del Disseny gestiona las visitas guiadas al piso-museo de la Casa Bloc, Vivienda 1/11, obra de los arquitectos Josep Lluís Sert, Josep Torres Clavé y Joan Baptista Subirana durante la Segunda República para alojar a familias obreras.

Embrace.-Incubadora-de-emergenciaNo obstante, lo que despertó mi interés por acudir al Museu de Disseny fue la interesantísima exposición temporal Diseño para vivir. 99 proyectos para el mundo real, que puede visitarse hasta el 17 de mayo. Los diferentes recorridos –diseño para proteger, para curar, para educar, para conectar, para facilitar la accesibilidad y para fomentar la sostenibilidad- muestran objetos tan increíbles como una incubadora portátil para niños prematuros, un collarín que, en caso de caída, funciona como un airbag y protege tanto la cabeza como las cervicales del ciclista, una nanocámara encapsulada que se ingiere como una píldora y ofrece la mejor de las endoscopias, una cuchara móvil que permite comer más cómodamente a los enfermos de Parkinson, una urna funeraria biodegradable de la que germina y crece un árbol, un diseño capaz de convertir cualquier asiento en silla de ruedas –uno de los pequeños protagonistas del documental “Camino a la escuela” utiliza una así-, y un sinfín de ideas maravillosas puestas al servicio de las personas y que, en mayor o menor medida, contribuyen a que el mundo sea un poco mWindow-Socket.-Boa-Oh-Kyuho-Song.-KO-2013-468x311ejor. Lástima que el catálogo de la exposición no esté disponible hasta mayo y que no haya ninguna tiendecita a la salida donde poder adquirir alguno de esos artilugios asombrosos a través de una compra solidaria. La fuente de alimentación solar para pequeños aparatos electrónicos, por ejemplo.

Anejo a esta exposición temporal puede curiosearse también el pequeño homenaje que rinden a la Escola Massana algunos de sus exalumnos, entre quienes figuran el propio comisario de “Diseño para vivir”, Óscar Guayabero, e ilustradores tan conocidos como Juanjo Sáez, Peret o Jordi Labanda, así como la diseñadora Nani Marquina.

La cafetería del Museu del Disseny es un soleado remanso de paz armado con palés y decorado con tiestos de margaritas, cuyo apetitoso mostrador –pan de corteza crujiente relleno de ingredientes exquisitos, cocas de verduras asadas decoradas con semillas de sésamo, buñuelos de viento, repostería casera…- invita a saborear tentadores bocados, mientras la conversación se desliza entre los reflejos de las escasas pero resultonas aguas cercanas y la refrescante hiedra que viste el cemento exterior. Otra opción para una pausa, a unos 10 minutos de allí, es El Cafè Blau, aunque nos quedamos con las ganas de probar sus legendarios bocadillos porque estaba cerrado. Como buena parte de los establecimientos que no viven de los turistas en estas fechas superfestivas, por otro lado. Claro que para alguna ocasión especial –y trabajar en vacaciones lo es- siempre quedan, ya cambiando de barrio, Casa Fernández, que desafortunadamente ha perdido mucho, y el infalible Montesquiu, dos de los tres establecimientos de Javier de las Muelas –el tercero es la coctelería Gimlet-, cocina abierta todos los días del año con un horario más que generoso y propuestas al gusto de todos los miembros de la familia.

La zona alta de Barcelona, que también cuenta con agradables puntos de interés, estos días presenta una gran ventaja respecto a las zonas más publicitadas de la ciudad: exceptuando los aledaños de la parada de inicio del Tramvia Blau y del funicular del Parque de Atracciones del Tibidabo, es un agradable oasis que soslaya las hordas de turistas. Por otro lado, pasear por el centro histórico de Sarrià cuando está prácticamente desierto es un raro privilegio que hay que saber valorar.

passatge_mallofréEfectivamente, es un verdadero placer poder perderse, sin tumultos y sin prisas, por rincones tan encantadores como el passatge Mallofré -que comunica Major de Sarrià con Clos de Sant Francesc-, la coqueta plaça de Sant Vicenç, la calle Canet, con sus 12 casitas idénticas y perfectamente alineadas –se construyeron para alojar a los trabajadores de la finca agrícola que da nombre a la calle-, la plaça del Consell de la Vila, presidida por la regia casa consistorial que hoy es sede del distrito, o la recoleta y diminuta plaça de Sant Gaietà, que se esconde tras el Mercat de Sarrià, un recinto que reabrió sus puertas en 2007 tras una remodelación que supo preservar su centenaria estructura metálica de obra vista original.

Sarrià fue la última población independiente que se anexionó a lo que hoy es la ciudad de Barcelona. 24 años antes –en 1897- lo había hecho Sant Gervasi de Cassoles, mi barrio.

Mirador-del-parc-de-putxetJusto detrás de casa, en la colina que le da nombre, se ubica uno de los mejores miradores –y también menos conocidos- de Barcelona, el Parc del Turó del Putxet, inaugurado en 1970 tras la expropiación de unos terrenos de la antigua finca Torre España de la familia Morató. Trepar por las empinadas escaleras y rampas del ajardinado altozano, que se escurren entre setos y arboledas, tiene su merecida recompensa: unas incomparables vistas sobre Barcelona.

En la zona más elevada del parque, uPícnicPutgetn par de mesas y cuatro bancos de madera invitan al pícnic. Allí mis hijas han disfrutado de muchas merendolas y de alguna que otra fiesta de cumpleaños de las amiguitas de clase. Familias con niños que me estáis leyendo, o urbanitas con ganas de mostrarle a vuestro can que hay vida más allá del cemento: no desaprovechéis la ocasión de improvisar un piscolabis campestre sin salir de Barcelona. Solo tenéis que apearos en la parada de metro de Vallcarca, subir por las escaleras mecánicas de República Argentina -frente al viaducto- y acceder al Parque del Putxet por la entrada de la calle Marmellà. Y entonces, por fin, respirar hondo. Sin polución. Sin ruido. Y, con suerte, bajo un primaveral azul sin nubes. Como el que nos ha regalado este soleado lunes pascual, sin ir más lejos.

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