Su primer galardón literario

sant-jordiHoy Ángela ha ganado un premio en los Jocs Florals que cada año se celebran en su colegio por Sant Jordi. Más allá de papá y mamá, sus admiradores más fervientes e incondicionales, un jurado ha reconocido su talento para escribir gracias a un texto que redactó en el aula, tras las mínimas indicaciones pertinentes –el tema: el mar-. Cuando nos lo enseñó en casa la felicitamos por su trabajo. Ahora que parece que nuestro subjetivo punto de vista se acerca a pareceres un poco más objetivos, quisiera compartirlo aquí, aunque sé que Ángela se morirá de vergüenza en cuanto lo sepa -por eso lo publico aprovechando que está en clase, con diurnidad y alevosía-:

La libertad de un pez humano

La arena, húmeda, se escapaba entre mis dedos. Estaba sentada en la orilla del mar, con la mirada perdida. <<¿Cuántas cosas se habían perdido en aquel pozo infinito de agua?>> era lo que me preguntaba cada vez que mis pies rozaban la arena mojada. Muchas veces había deseado convertirme en pez, o en tiburón, o en delfín, y así explorar los sitios más recónditos del mar. En el fondo sabía que eso no era un simple y mero deseo, sino algo que se haría realidad muy pronto.

Siempre me había gustado pasear de noche por la playa y fingir que el mar me tragaba y me alejaba de todo lo humano. Aquella noche de Año Nuevo, deseé con todo mi ser que mi anhelo se cumpliera. Pronto, dejé de notar mis pies, mis piernas, hasta la cabeza. Ya no notaba lo que siempre había tenido. En vez de eso tenía aletas, escamas, branquias. Comencé a nadar hasta que mis aletas me dolieron, hacia ningún lugar y muchos. Indagué en cada rincón, cada resquicio, cada pequeña brecha en las profundidades inexploradas del mar que encontraba a mi paso. Pero de repente ya no me sentía libre, algo nos cubría a mí y a los otros seres marinos cercanos. Era una red.

Lo que pensé antes de dejar este mundo no fue bonito, pero ni siquiera me había planteado que moriría, y menos siendo un pez, o mejor dicho, un pescado. Tenía apenas 15 años.

<<Nadie es libre>>

Qué hermoso Sant Jordi el de este año 🙂

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Hace falta valor

11No había estado nunca en el Círcol Maldà. Es un precioso salón decimonónico con capacidad para 50 personas que comparte rellano con el histórico Cine Maldà –donde recuerdo haber visto “Blue Velvet” de David Lynch en mi lejana juventud- y acoge espectáculos de música y teatro de pequeño formato. Allí se presentó ayer “La descoberta de valors, ensenyar, educar”, escrito por Anna Molas, exdirectora del centro concertado donde todavía estudian mis hijas. Inició la charla –y llevó el peso de la presentación- la cineasta Rosa Vergés, cómplice y amiga de Anna y madre de un exalumno. Ella ayudó a que algunas formas de expresión artística –cine, teatro- se integraran en el horario escolar de Escola Projecte.

Escuchando a Anna Molas siempre se aprende algo nuevo. Leyendo el centenar de páginas en las que comparte generosamente su dilatada experiencia en las aulas –más de 40 años, según sus propias palabras-, se comprende mejor su vocación. Más allá de enseñar, la idea de Anna siempre ha sido ayudar a crecer a esas pequeñas grandes personas que han asistido a sus clases –y al colegio que ella misma fundó- a través de la educación en valores como pilar fundamental.

Ya desde sus inicios, en 1980, Projecte se especializó en atender las necesidades especiales de niños y niñas con hemofilia. Cuando, poco después, el SIDA apareció en escena, los niños que convivieron con la enfermedad de sus compañeros –algunos de los cuales se quedaron por el camino, lo mismo que uno de los pedagogos fundadores, Hermini Tudela- aprendieron una gran lección de vida.

Ese espíritu permanece. Todavía hoy, lo mejor que se llevan los alumnos y alumnas de Projecte es una mochila repleta de respeto, solidaridad y espíritu de cooperación. Siempre que las familias también sumen, claro: a menudo, el peor enemigo está en casa. En lo que respecta a nosotros, intentamos acompañar a nuestras hijas por la senda de la reflexión, de no quedarse solo con una versión de las cosas –la oficial- y permanecer con la mente muy abierta.

STOPP-TIPP-300x300Justo hoy se celebraba en toda Europa una manifestación contra el TTIP, así que le pregunté a Ángela si consideraba que debíamos participar en ella.

– ¿Qué es el TTIP?

– El Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Europa.

– Y eso, ¿qué significa?

– Mira, para resumírtelo un poco, si se aprueba el TTIP en el parlamento europeo, cualquier empresa privada podrá demandar a cualquier estado si éste legisla contra sus intereses. O sea, cualquier corporación multinacional podría imponer su beneficio particular sobre la soberanía nacional.

– No lo entiendo.

– Por ejemplo, imagínate que por fin conseguiéramos tener un gobierno que apostara por las energías renovables. Y que esto fuera en contra de los intereses de una gran compañía energética que tuviera garantizado el suministro por el anterior gobierno. Pues con el TTIP, el estado tendría que indemnizar a esa empresa. Nosotros, con nuestros impuestos, tendríamos que pagar a una empresa privada un montón de dinero por querer ejercer la voluntad popular.

– Entonces tenemos que ir, mamá.

TTIPNada más llegar, un activista repartía ejemplares de la edición especial de Cafè amb Llet –con todo lo que los grandes medios ocultan sobre el TTIP y una excelente y didáctica infografía- y algunos participantes cantaban “L’estaca” y “Bella ciaio”. Nos hemos ubicado en la cola de la manifestación, junto a los Iaioflautas, y Ada Colau se ha acercado a saludarles. Se les notaba felices de reencontrarse en una nueva reivindicación. Enseguida hemos adelantado unas cuantas posiciones, atraídas por el eco de la batukada que animaba la marcha. Hasta que, justo delante de la pancarta de ICV, hemos podido ver, por fin, a cinco percusionistas de TokemXTutocamos por ti– que han sido el alma de la convocatoria. Desplegando una energía incomparable, sin dejar de atronar con su ritmo contagioso y ejecutando divertidas coreografías, nos han acompañado desde Paseo de Gracia hasta la Plaça de Sant Jaume sin desfallecer. Lo que ha servido de aliciente para Ángela: “Estoy muy cansada, mamá, pero si ellos continúan, que deben de estarlo más, yo también”. El mejor momento ha sido cuando una mulata sesentona ha animado a bailar a todo el mundo al grito de “¡Alegría, alegría, un mundo nuevo!”, sin dejar de mover las caderas con una agilidad pasmosa.

Entre la ecléctica multitud han desfilado banderas republicanas, alguna estelada –pero ojo, no la azul, sino la roja, la de los trabajadores- y alguna comunista, el sindicato de taxistas, Comisiones Obreras, la cooperativa Som Energia, camisetas violetas de Podemos, los técnicos en huelga de Movistar, que vendían bonos de ayuda de 2 euros para su caja de resistencia –en http://www.teleafonica.net indican números de cuenta para colaborar-, y la recogida de firmas para la ILP que pide la gratuidad de la enseñanza desde la guardería hasta la universidad.

– Mamá, me gusta porque hay gente muy diferente.

– Sí, eso es lo bueno de las personas que intentan unirse sumando sensibilidades distintas para conseguir algo mejor para todos. Pero también es lo malo: los del pensamiento único se visualizan compactos como un monolito. Y también se ponen de acuerdo más fácilmente, claro.

Ya de vuelta a casa, nos hemos topado con una desagradable sorpresa: la parada de los ferrocarriles de la Generalitat en la que nos hemos apeado ha cambiado de nombre y se llama CosmoCaixa Avinguda Tibidabo. Increíble pero cierto. “Toda la estación, desde el vestíbulo a los andenes -incluyendo ascensores y pasillos- luce ahora la imagen corporativa de Cosmocaixa”, leo, todavía estupefacta, en un artículo de La Vanguardia publicado hace dos días. Habrá quien opine que se ve estupenda, pero lo cierto es que le hemos vendido una estación de un transporte público a “la Caixa”. ¿Qué será lo siguiente? ¿Que Tous patrocine algún edificio público y un osezno gigante trepe por su fachada? Horrorizada estoy.

Hace falta valor, en el sentido de desvergonzado atrevimiento. Porque para perpetrar tamaña desfachatez hay que ser, más que osado, arrojadizo. Así que, si me disculpáis, voy a escuchar el legendario tema de Radio Futura, a ver si me distraigo un poco y se me olvida antes de que me dé un jamacuco.

https://www.youtube.com/watch?v=GYuwLyD2qJ4

Somos novios

Como agradecimiento a un pequeño favor, mi amiga Núria tuvo una idea fabulosa: regalarme una noche romántica en una de las suites abuhardilladas del Hotel Sant Agustí de Barcelona. Núria, que tiene dos hijos de la misma edad que las niñas de mis ojos, sabe muy bien lo difícil que resulta tener un poco de intimidad cuando tus retoños ya no son tan pequeños como para quedarse roques a una hora razonable, ni tan mayores como para volatilizarse y pasar por casa solo para, como quien dice, repostar. De modo que no podía habernos obsequiado con nada mejor. ¡Viva!

Gracias a esas mágicas redes de solidaridad que vamos tricotando las mamás desde que nuestros vástagos entran en el jardín de infancia –“por favor, ¿puedes recoger tú a mi hija, que no llego?”-, Ángela y Mariola fueron rápidamente acogidas en casa de sus amigas, para alborozo de todos. Sobre todo nuestro. ¡Por fin novios!

SantaMariaNuestro fin de semana fantástico empezó ayer en la Basílica de Santa Maria del Mar, el imponente templo gótico cuya construcción detalló Ildefonso Falcones en “La catedral del mar”, una muy bien armada y bastante bien documentada novela, que no bien redactada: su estilo es tan apasionante como el de un registrador de la propiedad. Aunque cuentan la malas lenguas que la verdadera autoría de la exitosa obra pertenece al taller de escritura del célebre Ateneu Barcelonès.

Tras pasear por el apacible interior mientras se celebraba el bautizo bilingüe -catalán y alemán- de un bebé llamado Serguéi, hicimos la visita comentada por las terrazas de esa magnífica joya del gótico meridional y aprendimos un poquito más sobre cómo se levantó y sobre nuestra propia ciudad. TerratsSantaMaria1Por cierto, supimos de una imprecisión de “La catedral del mar”: los sillares de Santa Maria del Mar no fueron transportados a hombros desde la montaña de Montjuïc, sino en las barcas con que los lugareños abordaban los navíos que se acercaban a la costa –en aquella época Barcelona todavía no disponía de puerto-. Claro que nuestra guía también cometió alguna inexactitud, por ejemplo, emperrarse en hablar de una hipotética corona catalanoaragonesa en lugar de referirse a la Corona de Aragón. Como si alguien denominara reino de euskadinavarra al antiguo Reino de Navarra. En fin. En cualquier caso, fue realmente hermoso poder contemplar las azoteas de los edificios cercanos, qué suerte tienen esos privilegiados vecinos.TerratsSantaMaria4

Una vez finalizado el panorámico periplo por los altos de Santa Maria del Mar, nos acercamos al infalible Bar del Pla, donde habíamos tenido la precaución de reservar mesa. Allí compartimos las indispensables croquetas de calamar en su tinta –dos son suficientes como tapa, son gigantes-, una cazuelita de berberechos -enormes, fresquísimos y jugosos-, carpaccio de champiñones con wasabi, uramaki de langostinos y un poco de pan de coca con tomate. Luego yo opté por una manita de cerdo deshuesada y rellena de rabo de buey estofado y mi querido consorte por un tartar de atún. De postre, un exquisito milhojas de crema y frambuesa –y una copita de Château Lafite para acompañarlo- y el toque autóctono, carquinyolis con vino moscatel. Y, después, lo mejor, la siesta en el hotel, qué lujo. ¡Gracias, Núria!

La plaça de Sant Agustí, donde se ubica el hotel del que hemos disfrutado hasta esta misma mañana, se llama así por un antiguo convento del que apenas quedan vestigios y por la iglesia neoclásica de esa misma advocación que se levantó entre 1728 y 1750 y todavía perdura. De hecho, la actual plaza era el patio delantero del templo, cuya fachada principal nunca se finalizó y todavía luce un rústico frontispicio de piedra vista. El Hotel Sant Agustí asegura en su página web que sus ilustres paredes formaban parte del mencionado convento.

El Palau Güell queda a cinco minutos de allí. Es un palacete imponente que diseñó Antoni Gaudí por encargo de su mejor cliente, Eusebi Güell. Aunque su obra más emblemática se desarrolló más adelante, en el Palau Güell pueden apreciarse rasgos característicos del imaginativo y extravagante reusense: el magnífico trabajo de artesanos ebanistas, vidrieros, ceramistas y orfebres, sus ingeniosas soluciones arquitectónicas –como sus proverbiales arcos catenarios- o su obsesión por cuidar hasta los menores detalles, que le lleva a proyectar escultóricas chimeneas o a rematar las barandillas de las escaleras con diseños orgánicos en hierro forjado. La visita está muy bien diseñada y puede seguirse fácilmente con la ayuda del mapa de ubicación y la práctica audioguía, que está incluida en el precio de la entrada. Incluso existen dos opciones de recorrido, la general y la exprés y juvenil. Verdad de la buena, tomamos una foto como prueba.Recorrido Exprés En la buhardilla del edificio, que en su día acogía los dormitorios de los empleados de la adinerada familia Güell, se expone la explicación de los recientes trabajos de restauración que han devuelto a la mansión su aspecto original. A pesar del proceso que gentrificación que está experimentando el barrio, desde la azotea del Palau Güell puede apreciarse que algunos vecinos del Raval todavía no son tan pudientes como los de La Ribera. Pero al tiempo.

Cultura aparte, el gran descubrimiento de la tarde fue que, por fin, han abierto una tienda Pylones en Barcelona. Concretamente, en la calle Cucurulla. J’adore! Qué felicidad. Durante nuestro paseo verpertino estuvimos a punto de hacer una pausa en La Perla de Oro, en el número 34 de la calle Unió, una pintoresca charcutería-cafetería-tienda de ultramarinos donde lo mismo puedes tomar un sabroso desayuno o un exquisito tetempié que comprar, ¡oh maravilla!, esa exquisitez gastronómica francesa que adoro llamada rillettes. No obstante, como preferíamos reservarnos para la cena, optamos por un batido de fruta fresca y un zumo de naranja natural en el Cafè de les Delícies de la Rambla del Raval, donde el camarero repartió monodosis de simpatía de manera voluble y caprichosa. Afortunadamente, nosotros le caímos bien.

El broche de oro de nuestra fantástica jornada lo puso la cocina de La Cucchiarella, un coqueto restaurante italiano con una simpatiquísima camarera que nos detalló todos los ingredientes empleados en los platos de la carta del día y mostró una paciencia infinita con unos papás con niño impertinente –aunque la culpa no era de la criatura, sino de su atontolinado progenitor- y unos amigos que habían reservado para seis pero acabaron amontonándose en alegre cuchipanda para ocho. Por un momento la velada me teletransportó a Nápoles: solo allí había comido antes una pasta tan al dente. Tras pecar un poco más con un tiramisú sublime, nos retiramos a nuestros aposentos, donde amenizaron nuestro descanso nocturno los gritos de los hoolligans de la zona –antes habíamos avistado una despedida de soltero con su muy británico protagonista disfrazado de Blancanieves- y la conversación de los alemanes del dormitorio contiguo. Sí, paredes de papel y pésima sonorización, no se puede tener todo en esta vida.

AmanecerSin embargo, esta mañana, desde nuestra encantadora ventana asomada al tejado, hemos podido respirar hondo, disfrutar del silencio y contemplar el rojo amanecer acompañados de las madrugadoras gaviotas. Luego hemos regresando a casa caminando, atravesando la ciudad todavía dormida –apenas los primeros corredores de la Cursa del Corte Inglés- y saboreando por última vez este reconfortante paréntesis del que hemos disfrutado tan intensamente.

Gracias de nuevo, Núria. Qué gran regalo.

No habrá paz para los corruptos

corrupcióAyer me acerqué a Cinemes Girona para asistir a la proyección de “Corrupción: el organismo nocivo”, un documental de Pandora Box TV en el que denunciantes de corruptelas varias y expertos en transparencia, derecho y ética toman la palabra. Es un proyecto que recabó fondos de donantes particulares para llevarse a cabo –yo misma colaboré con una aportación- y no está contando con repercusión alguna en los grandes medios de comunicación. Todos sabemos cuál es la mano que mece la cuna. O deberíamos saberlo.

Gracias a “Corrupción: el organismo nocivo” podemos escuchar a Fernando Urruticoechea, un interventor municipal consecuente y honesto que allá donde va –Ermua, Leganés, Castro Urdiales, Crevillent, ahora mismo Orihuela- descubre tramas opacas y las denuncia, lo que le ha condenado a una permanente trashumancia laboral. Ante nuestros atónitos ojos comenta que, para devolver una caja de vino, el último regalo con que han intentado comprar su predisposición a hacer la vista gorda –siempre lo hacen-, ha tenido que poner dinero de su propio bolsillo. Cualquier cosa antes de aceptar un soborno, por simbólico que sea: se empieza por algo baladí y se acaba con un sobre como los que repartía Bárcenas con tanta alegría como despreocupación.

Durante el visionado del documental, también conocemos de primera mano los testimonios de Maite Carol y Albert Gadea, que proporcionaron documentación clave para el Caso Pretoria, el de Carles Martínez, que denunció el desvío de subvenciones destinadas a cursos de formación para desocupados, el de Jaume Llansó, que dimitió de su cargo en el Instituto Municipal de Promoción Económica de Mataró para no colaborar con ciertas irregularidades, y el de Itziar González, que presentó su dimisión como regidora del distrito de Ciutat Vella para no participar en una maniobra de recalificación de edificios catalogados, instigada por Millet y sus secuaces con la connivencia del alcalde de Barcelona y sus adláteres.

Todos ellos, cuando se encontraron en situaciones comprometidas, mostraron una entereza indestructible, aun teniendo tanto en contra: la partitocracia y sus múltiples tentáculos –presiones, amenazas, incidentes-, colegas de trabajo que preferían mirar hacia otro lado, y el maltrato y el ninguneo de los medios. Son personas honestas. Valientes. Y, sobre todo, antisistema, como apuntó Albert Sanfeliu, el director del documental, en el breve coloquio que prosiguió a la proyección y en el que también participaron Maite Carol y Teresa Soler, la productora.

La soledad del corredor de fondo es la misma que la del verdadero antisistema, que es quien no se deja comprar. Quien denuncia. Quien da la cara sin amedrentarse. Y, sí, quien nos reconcilia con la especie humana. Creo que se merece que le arropemos y le acompañemos. Qué menos.

Las elecciones municipales están a la vuelta de la esquina, es nuestra oportunidad para dejar de ser cómplices y recuperar la soberanía perdida. Entre tanto, contamos con más armas para combatir las malas prácticas enquistadas en nuestras instituciones. El documental no solo denuncia la corrupción y la impunidad, sino que además anima al empoderamiento de la ciudadanía y presenta una plataforma que proporciona herramientas para controlar la gestión de los ayuntamientos, http://ocmunicipal.net/. Paralelamente, la prensa alternativa –que haberla hayla- colabora con https://filtrala.org/, una plataforma independiente que facilita hacer pública aquella información que se nos oculta al garantizar la confidencialidad de los denunciantes.

A por ellos, que son pocos y cobardes, aunque se hayan blindado tan bien. No habrá paz para los corruptos. O no debería haberla.

Semana Santa en Barcelona

Aunque nuestros planes eran otros, algunos compromisos profesionales nos han impelido a permanecer en Barcelona estos días de Semana Santa. No obstante, hemos podido compaginar el trabajo con paréntesis de ocio en nuestra propia ciudad que nos han cundido bastante.

Museu_del_dissenyFlanqueado por la flamante Torre Agbar y el galáctico recinto que acoge el Mercat dels Encants –no me acabo de acostumbrar a él, prefería las viejas y polvorientas paradas de antiguallas-, el Museu del Disseny de Barcelona se ubica en una fea mole trapezoidal creada por el equipo de arquitectos del estudio MBM –Josep Martorell, Oriol Bohigas, David Mackay, Oriol Capdevila y Francesc Gual- con el objetivo de presentar las colecciones de artes decorativas y aplicadas que forman parte del patrimonio de la ciudad. Su fondo se nutre de lo que en su día fueron el Museu de les Arts Decoratives –que también incluía muestras de diseño industrial-, el Museu de Ceràmica, el Museu Tèxtil i d’Indumentària y el Gabinet de les Arts Gràfiques. Además de cuatro exposiciones permanentes, el Museu del Disseny gestiona las visitas guiadas al piso-museo de la Casa Bloc, Vivienda 1/11, obra de los arquitectos Josep Lluís Sert, Josep Torres Clavé y Joan Baptista Subirana durante la Segunda República para alojar a familias obreras.

Embrace.-Incubadora-de-emergenciaNo obstante, lo que despertó mi interés por acudir al Museu de Disseny fue la interesantísima exposición temporal Diseño para vivir. 99 proyectos para el mundo real, que puede visitarse hasta el 17 de mayo. Los diferentes recorridos –diseño para proteger, para curar, para educar, para conectar, para facilitar la accesibilidad y para fomentar la sostenibilidad- muestran objetos tan increíbles como una incubadora portátil para niños prematuros, un collarín que, en caso de caída, funciona como un airbag y protege tanto la cabeza como las cervicales del ciclista, una nanocámara encapsulada que se ingiere como una píldora y ofrece la mejor de las endoscopias, una cuchara móvil que permite comer más cómodamente a los enfermos de Parkinson, una urna funeraria biodegradable de la que germina y crece un árbol, un diseño capaz de convertir cualquier asiento en silla de ruedas –uno de los pequeños protagonistas del documental “Camino a la escuela” utiliza una así-, y un sinfín de ideas maravillosas puestas al servicio de las personas y que, en mayor o menor medida, contribuyen a que el mundo sea un poco mWindow-Socket.-Boa-Oh-Kyuho-Song.-KO-2013-468x311ejor. Lástima que el catálogo de la exposición no esté disponible hasta mayo y que no haya ninguna tiendecita a la salida donde poder adquirir alguno de esos artilugios asombrosos a través de una compra solidaria. La fuente de alimentación solar para pequeños aparatos electrónicos, por ejemplo.

Anejo a esta exposición temporal puede curiosearse también el pequeño homenaje que rinden a la Escola Massana algunos de sus exalumnos, entre quienes figuran el propio comisario de “Diseño para vivir”, Óscar Guayabero, e ilustradores tan conocidos como Juanjo Sáez, Peret o Jordi Labanda, así como la diseñadora Nani Marquina.

La cafetería del Museu del Disseny es un soleado remanso de paz armado con palés y decorado con tiestos de margaritas, cuyo apetitoso mostrador –pan de corteza crujiente relleno de ingredientes exquisitos, cocas de verduras asadas decoradas con semillas de sésamo, buñuelos de viento, repostería casera…- invita a saborear tentadores bocados, mientras la conversación se desliza entre los reflejos de las escasas pero resultonas aguas cercanas y la refrescante hiedra que viste el cemento exterior. Otra opción para una pausa, a unos 10 minutos de allí, es El Cafè Blau, aunque nos quedamos con las ganas de probar sus legendarios bocadillos porque estaba cerrado. Como buena parte de los establecimientos que no viven de los turistas en estas fechas superfestivas, por otro lado. Claro que para alguna ocasión especial –y trabajar en vacaciones lo es- siempre quedan, ya cambiando de barrio, Casa Fernández, que desafortunadamente ha perdido mucho, y el infalible Montesquiu, dos de los tres establecimientos de Javier de las Muelas –el tercero es la coctelería Gimlet-, cocina abierta todos los días del año con un horario más que generoso y propuestas al gusto de todos los miembros de la familia.

La zona alta de Barcelona, que también cuenta con agradables puntos de interés, estos días presenta una gran ventaja respecto a las zonas más publicitadas de la ciudad: exceptuando los aledaños de la parada de inicio del Tramvia Blau y del funicular del Parque de Atracciones del Tibidabo, es un agradable oasis que soslaya las hordas de turistas. Por otro lado, pasear por el centro histórico de Sarrià cuando está prácticamente desierto es un raro privilegio que hay que saber valorar.

passatge_mallofréEfectivamente, es un verdadero placer poder perderse, sin tumultos y sin prisas, por rincones tan encantadores como el passatge Mallofré -que comunica Major de Sarrià con Clos de Sant Francesc-, la coqueta plaça de Sant Vicenç, la calle Canet, con sus 12 casitas idénticas y perfectamente alineadas –se construyeron para alojar a los trabajadores de la finca agrícola que da nombre a la calle-, la plaça del Consell de la Vila, presidida por la regia casa consistorial que hoy es sede del distrito, o la recoleta y diminuta plaça de Sant Gaietà, que se esconde tras el Mercat de Sarrià, un recinto que reabrió sus puertas en 2007 tras una remodelación que supo preservar su centenaria estructura metálica de obra vista original.

Sarrià fue la última población independiente que se anexionó a lo que hoy es la ciudad de Barcelona. 24 años antes –en 1897- lo había hecho Sant Gervasi de Cassoles, mi barrio.

Mirador-del-parc-de-putxetJusto detrás de casa, en la colina que le da nombre, se ubica uno de los mejores miradores –y también menos conocidos- de Barcelona, el Parc del Turó del Putxet, inaugurado en 1970 tras la expropiación de unos terrenos de la antigua finca Torre España de la familia Morató. Trepar por las empinadas escaleras y rampas del ajardinado altozano, que se escurren entre setos y arboledas, tiene su merecida recompensa: unas incomparables vistas sobre Barcelona.

En la zona más elevada del parque, uPícnicPutgetn par de mesas y cuatro bancos de madera invitan al pícnic. Allí mis hijas han disfrutado de muchas merendolas y de alguna que otra fiesta de cumpleaños de las amiguitas de clase. Familias con niños que me estáis leyendo, o urbanitas con ganas de mostrarle a vuestro can que hay vida más allá del cemento: no desaprovechéis la ocasión de improvisar un piscolabis campestre sin salir de Barcelona. Solo tenéis que apearos en la parada de metro de Vallcarca, subir por las escaleras mecánicas de República Argentina -frente al viaducto- y acceder al Parque del Putxet por la entrada de la calle Marmellà. Y entonces, por fin, respirar hondo. Sin polución. Sin ruido. Y, con suerte, bajo un primaveral azul sin nubes. Como el que nos ha regalado este soleado lunes pascual, sin ir más lejos.