Mamá

Mamás incondicionales, que quieren a sus hijos tal y como son, con sus virtudes, pero sobre todo con sus defectos. Desde el respeto y el amor infinitos. Sin adoctrinar. Sin juzgarlos. A menudo, sin acabar de comprenderles del todo. Ni falta que les hace: donde la razón no alcanza, siempre les llega el corazón.

Mamás eternamente ausentes. Ni están ni se las espera. No recuerdan cuál es el plato preferido de sus cachorros, ni lamen sus heridas cuando llegan tristes a casa. Andan permanentemente atareadas en cualquier otra cosa y no ven más allá de ellas mismas -qué fastidio que el niño tenga fiebre justo esta noche, pero da igual, ¿a que luzco divina con mi traje de cóctel para la cena de empresa?-.

Mamás vulnerables. Hacen lo que buenamente pueden, pensando que tal vez no es suficiente, o que quizás se equivocan. Nadie les ha dado el manual de instrucciones y dudan, dudan mucho. De si están haciendo lo correcto. De si podrían obrar mejor, que seguro que sí. De sí mismas, porque se fustigan constantemente rememorando los errores cometidos. Su única certeza es que sus vástagos son el ombligo del mundo. El centro del universo. Su razón de ser.

Mamás sobreprotectoras, que aman tanto que ahogan. O más bien aman mal. Que celan, que temen, que asfixian. Que transmiten sus fobias a sus criaturas y las aprisionan en una cárcel de chocolate y caramelo, a lo Hansel y Gretel, condenándolas a una eterna inmadurez de niños viejos.

Mamá. Dos simples letras repetidas con tantos significados.

Mi madre es una mujer difícil -con permiso de John Irving-, una de esas personas que dan su opinión aunque nadie se la haya pedido y están encantadas de conocerse. Mejor para ella, que tiene una autoestima a prueba de bomba.

De mamá me quedfotoo con aquellos domingos por la mañana remoloneando juntas en su cama, toda yo melena alborotada y mis pies diminutos calentándose entre sus piernas. Me visualizo, acompañada de mi hermana, colándome en secreto en su dormitorio, rebuscando los regalos de Reyes por los armarios y zangoteando dentro de sus pequeños zapatos, que entonces parecían inmensos. Recuerdo con precisión orgánica los bocadillos que nos preparaba, de paté con rodajitas de aceitunas, de jamón de york con chorizo, de pan con vino y azúcar –sí, hoy tan políticamente incorrecto-. El mejor de todos, el de tortilla de ajos tiernos con que acogollaba mis veinteañeras noches de invierno. Pero lo que más me viene a la memoria cuando pienso en su peculiar manera de ejercer la maternidad es su amor de madre incondicional, casi de mamma siciliana, en dos momentos clave de mi vida. Al final solo queda lo que verdaderamente importa.

Mamá cumplió 80 el pasado domingo. Muchos años ya a sus espaldas. Se le notan en los cada vez más frecuentes vaivenes de la memoria. En la risa casi infantil. En la inusitada dulzura de algunos retazos de conversación. En el lento caminar –ella, que siempre fue tan andarina-. En su fragilidad. En la amenaza cada vez más cercana de su muerte, aunque su energía incombustible me anima a pensar que, por suerte, aún le quedan muchos años por delante.

Celebramos su cambio de década en familia, durante todo el fin de semana. Tan solo unas horas después, en la madrugada del lunes, se acabó de apagar la madre de mi amiga Mónica. Su luz de madre cariñosa, entrañable y encantadora dejó de alumbrar a sus cuatro hijas, a quienes tanto quiso. Y quienes tanto la querrán por siempre jamás. Porque no importa cuán mayor sea ya tu madre. Cuán enferma esté. O cuán complicada haya sido la convivencia con ella. Cuando falta, algo se te queda enredado entre los entresijos del alma y hace que, aunque en el fondo la lleves siempre contigo, la eches de menos. Caí en la cuenta de ello durante una conversación que mantuve hace poco con Ángela:

– No quiero morir demasiado mayor, prefiero morir joven.

– ¡Mamá! ¿Cómo puedes ser tan egoísta?

Ay, mamá, qué complicado resulta a veces quererte. Y, sin embargo, cuantísimo te quiero.

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3 comentarios en “Mamá

  1. Q belleza!!! Siempre cual bruja escribes algo que necesito reflexionar. Las maletas listas parto domani para buenos aires a ver a mi madre que es complicada y no quiere o puede tener una relación madura. Yo me alejo y siento que no me cuesta la distancia. Sin embargo …. sí debo pensar en ella y se me retuerce el estómago con su forma de maternidad … una forma de la que con tanto esfuerzo me separo y aprendo a ser diferente. Ahora logre un equilibrio mayor y me toca acercarme …. ojalá fuese tan madura, tan dulce, tan empatica como tu! Q corazón tienes! Gracias por este texto !!! Lo releeré en el avión antes de aterrizar !! : ) Que bello escribes y que increíble tu Ángela con su frase. ….. Tiene copyright ??? De hecho podría utilizarla estas semanas porteñas, no??

    Besos

    Valery

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