Morgat y Cap de la Chèvre

En la costa sur de la península de Crozon, en un extremo de la bahía de Douarnenez, el antiguo puerto sardinero de Morgat se convirtió, a finales del siglo XIX, en la ciudad balnearia de moda por obra y gracia del Grand Hôtel de la Mer que, aunque en sus mejores tiempos exhibió el arrebatador encanto de la Belle Époque, hoy es lo más cercano a un Grand Hotel Budapest en versión bretona.

En el muy recomendable restaurante Saveurs et Marée del puerto de Morgat, 52 boulevard de la Plage, he tenido el placer de probar una choucroute de la mer, que incluía cuatro porciones de pescado fresquísimo –como todos por Finistère- y en su perfecto punto de cocción: limanda, merluza, bacalao y arenque ahumado –no era un pescado en salazón, era un filete jugoso y tierno que sabía a ahumado-. La col fermentada, que no me encanta, combinaba muy bien con la ligera salsa de mantequilla y el cebollino picado con que habían aderezado el plato. En fin, una delicia.

La empresa Vedettes du Rosmeur organiza excursiones guiadas por las grutas de los alrededores, aunque nosotros no hemos llegado a tiempo porque solo se puede navegar hasta allí cuando la marea está alta. Así que hem39.Morgat_playaos paseado, una vez más –nunca nos cansaremos de hacerlo-, por el estran del puerto, el terreno que queda descubierto cuando se retira el mar por unas horas. Mientras los demás contemplábamos los originales bancos del muelle, que se inspiran en las clásicas tumbonas de playa, y las fachadas pintadas de brillantes colores, Mariola ha intentando, en vano, poder acercarse a unas gaviotas. Y eso que se las veía apaciblemente ociosas, acurrucadas sobre la arena como si estuvieran incubando o a punto de sestear.

Hemos entrado en una pequeña tienda donde servían café y vendían, además de algún libro con fotos surferas, confortable ropa de algodón muy adecuada para el clima atlántico, Hoalensal en bretón-, http://www.hoalen.com/. Conversando con el chico que atendía tras el mostrador, nos ha comentado que tenían tienda en Barcelona, en el número 348 de la calle Muntaner, aunque la empresa es de Brest y su compañero catalán, Yago, cobra su nómina desde Francia. Tanto la venta online como las seis tiendas que tienen abiertas, me cuenta, tienen en común, sobre todo, el surf. “Pues en Barcelona, surf, nada de nada”, le he soltado yo. Y me ha respondido con una risita tonta. Así que sospecho que a su jefe le molan los inviernos mediterráneos. Si no, hubiera abierto su primera y única tienda fuera de Francia en, por ejemplo, Euskadi. Eso, o tiene alguna historia en Barcelona.

Conjeturas irrelevantes a parte, hay unos 10 km desde Morgat a Cap de la Chèvre, un lugar bastante obviable si se compara con alternativas mejores y cercanas –la mejor, la Pointe de Dinan, que ya visitamos-. El entorno está bastante desfigurado por varios crímenes arquitectónicos que ha perpetrado allí el ser humano, a saber: una descomunal torre de control de la marina francesa, el recurrente monumento patriótico a los heroicos combatientes fallecidos y una placa de agradecimiento al general Patton, que lideraba a los soldados que vencieron al general Ramcke y sus fuerzas de élite en la batalla de Brest.

Pero aún hay más. También ha proliferado allí una ridícula moda que por lo visto se ha adueñado de algunos enclaves turísticos: crear pequeñas pilas de pedruscos. Efectivamente, tras la ola de absurdos candados destrozando puentes por toda Europa –desconozco si esta práctica deleznable se ha extendido ya, cual insidiosa plaga, por otros lugares del mundo-, ahora compruebo, estupefacta, lo que podría ser una nueva muestra de la inconmensurable estupidez humana. Porque cuando recalamos en Canet-sur-Mer vimos minimontículos parecidos, aunque construidos con cantos rodados. Qué ganas de desmontarlo todo a patadas.

40.Morgat1Lo que sí merece la pena es el sentier côtier GR 34, que une Morgat con Cap de la Chèvre por una serpenteante vereda –se puede acceder fácilmente a los últimos 4 km del tramo- y ofrece unas vistas impresionantes sobre la bahía de Douarnenez. Por cierto, en esa ciudad hoy y mañana actúa el Circ La Piste d’Or. Sí, en Francia tadavía perdura ese sádico espectáculo de tortura animal al que acuden familias enteras. Qué escalofrío ver las terroríficas jaulas desde la carretera, mientras regresábamos hoy a casa. Aunque supongo que a Toni Cantó le encantaría asistir. Como dijo el torero Lagartijo –otro maltratador de animales-, hay gente pa tó.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s