Tras la pista de los druidas

Hoy el día se ha levantado muy atlántico, así que hemos optado por investigar los aledaños de nuestro pennti. Al fin y al cabo, tenemos el privilegio de alojarnos en Cap-Sizun, que alberga doscientas hectáreas de espacio natural protegido repleto de senderos que serpentean junto al borde de los acantilados.

Según cuenta la leyBaieTrépassésenda -una de tantas, los bretones son grandes aficionados a los relatos de criaturas fantásticas-, el topónimo de la Baie des Trepassés -Bahía de los Muertos- se remonta a tiempos pretéritos, cuando las exequias de los druidas partían desde esa playa para alcanzar la cercana Île-de-Sein, donde recibían sepultura. Hoy, en cambio, la bahía ha perdido su ceremoniosa solemnidad: es un pequeño paraíso para los surfistas. Incluso cuenta con una escuela de iniciación donde los más pequeños aprenden a manejarse con su tabla en ese mar salvajemente embravecido.

PointeDuVanA su lado se eleva la imponente Pointe du Van, un lugar excepcional, muchísimo menos populoso que la vecina Pointe du Raz pero, desde nuestro punto de vista, bastante más recomendable. Las panorámicas que permite admirar desde varios salientes de su arisco perfil –desde algunas atalayas da vértigo observar el romper de las olas, varios metros más abajo en perfecta vertical- son extraordinarias, aun con el cielo ceniciento y frecuentes ráfagas de lluvia, como hoy. En su cima, la Chapelle Saint-They desafía cualquier tormenta o ventisca. Por supuesto, esta pequeña iglesia marinera también atesora su propia leyenda, que cuenta que su campana tomaba vida propia y sonaba sin cesar para acompañar a las embarcaciones en peligro y advertir a sus tripulantes que harían bien en encomendarse a su santo.

Por la tarde mis hijas han hecho huelga adolescente –necesitaban haraganear en casa- y su padre y yo nos hemos ido, solos, a visitar Locronan, una caricatura de la población gala y luego bonita villa medieval que en su tiempo sin duda fue. En agosto os podéis ahorrar el viaje, es como acudir a Santillana de Mar en temporada alta. Nosotros no hemos dado la excursión por perdidColmenaa porque hemos podido adquirir en una tiendecita especializada en productos melíferos –hasta tenían una colmena dentro del establecimiento- una botella de hydromel, chouchenn en bretón, el elixir que proporcionaba vigor y alegría a los druidas galos. Para los celtas, era la bebida que tomaban los dioses, a diferencia de la cerveza, que era la preferida por los aguerridos guerreros. En cambio, para los romanos, era un poderoso afrodisíaco del que se les daba un vaso a los jóvenes esposos antes de que pasaran su primera noche juntos.

Por inverosímil que parezca, me quedo con la versión gala del bebedizo. Así que reservaré mi preciosa botella de hidromiel para cuando estemos de nuevo en Barcelona. Quizás experimento una transustanciación druídica y de repente empiezo a preparar pócimas mágicas, en plan Panoramix. Ya os contaré.

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2 comentarios en “Tras la pista de los druidas

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