Hasta los confines de la France

1248 kilómetros separan Barcelona de Esquibien, la pequeña localidad donde se ubica la casita que hemos alquilado para estas dos semanas de vacaciones. lluvia_caminoAsí que, cuando planeamos el viaje, decidimos hacer del tirón los primeros 975 y pasar la noche en un Novotel de Nantes, capital de Bretaña mientras ésta fue independiente de Francia y hoy perteneciente al departamento de Pays de la Loire. Somos así de arrojadizos. Sí, se nos hizo eterno el último tramo de ayer. Bueno, en parte porque tuvimos que atravesar la Gran Barrera de Agua, una lluvia torrencial que nos hizo aminorar el ritmo por debajo de los 50 kilómetros por hora. Nos costó, pero llegamos. Por fin.

Hace año y medio tuvimos la suerte de disfrutar de una escapada sin niñas a Nantes. En el impresionante Castillo de los Duques de Bretaña, que alberga el museo de historia de la ciudad, se puede disfrutar de una interesante panorámica a lo largo de varios siglos, que incluye la autocrítica a su condición de primer puerto negrero francés. Aunque tardaron casi 150 años en admitir su participación en el tan lucrativo como ignominioso negocio de la trata de personas: tras la abolición de la esclavitud en 1848, simplemente corrieron un tupido velo. Primero, por la contrariedad de perder una buena fuente de ingresos –siempre hay seres poco escrupulosos que eso de la ética no lo tienen muy en cuenta, todavía hoy-. Luego, por vergüenza. Y claro, al final llegan los remordimientos. Quizás por eso han inaugurado hace un par de años el Mémorial de l’abolition de l’esclavage. Os animo a que ampliéis información en su web:

http://memorial.nantes.fr/es/le-memorial/decouvrir-le-memorial/le-parcours-commemoratif/

Si vais a Nantes con niños o tenéis corazón de Peter Pan, debéis visitar, necesariamente, Les Machines de l’Île, un original parque temático que rinde homenaje a Julio Verne –el afamado fabulador nació en Nantes- en los antiguos astilleros. Yo creo que Martin Scorsese y su nutrido equipo de dirección artística se inspiraron en este curioso lugar para recrear la onírica escenografía de “La invención de Hugo”.

Esta mañana hemos salido hacia Vannes poco después de las ocho, lo que nos ha permitido pasear por sus encantadoras callejuelas peatonales antes de que fuera la hora punta del mercado semanal. Vannes es la principal población de la bretona región de Morbihan. A su recinto amurallado se puede acceder por tres accesos: la puerta Prison, la puerta Poterne o la de Saint-Vincent, patrón de la ciudad. Se trata del valenciano San Vicente Ferrer, a quien está dedicada la Catedral de Saint-Pierre, construida entre los siglos XV y XVI, y donde se ubica su sepulcro. Lo cierto es que el templo no impresiona demasiado, excepto la grimosa figura de cera que representa a Pierre René Rogue, el beato guillotinado en 1796 –no, la escultura no tiene el cráneo separado del torso-. VannesSí que merece la pena acercarse a La Cohue-Musée des Beaux Arts, un lugar histórico levantado en el siglo XIII y ampliado durante los siglos XIV y XVII, que funcionó primero como mercado –de hecho su nombre procede de su expresión en bretón, koc’hu– y posteriormente como sede del departamento de justicia. Su pasaje central, que atraviesa las tripas del edificio desde la place Saint-Pierre hasta la rue des Halles, está abierto al público en verano gratuitamente. Hasta el 5 de octubre acoge la “Suite Musicale” de Alain Kirili, una exposición de estelas que se inspira en los alineamientos megalíticos de la cercana Carnac.

moulesLas multitudes le producen urticaria a mi sensible marido, así que a la hora del almuerzo nos hemos escapado de Vannes y hemos recalado en Saint-Goustan, el pintoresco barrio de Auray que antaño se dedicaba a la actividad portuaria y hoy ofrece a los turistas, además de los exquisitos moules de bouchot que nos hemos metido entre pecho y espalda -no serán los últimos-, agradables paseos orillando la ría o callejeando por la rue du Petit Port, en la que todavía se conservan encantadoras maisons à colombages, con sus bonitas fachadas vestidas de entramado de madera. Este estilo de construcción, típico de los países del centro de Europa, podría tener su origen en los opus craticium romanos -tuve la suerte de observar esta técnica para levantar muros y paredes cuando visité Herculano-.

Otro antiguo y adorable tipo de edificación es el pennti, la típica casita bretona donde nos hemos instalado hace unas horas. Le Gîte de Roz Ar Floc’h tiene el tamaño ideal para nuestra familia y dispone, además, de un bosquecillo que forma parte de la finca, para uso y disfrute de los huéspedes. Gérard me ha contado que, cuando Michèle y él se jubilaron, compraron el casoplón donde ellos viven, el pennti donde nos alojamos –que tuvieron que restaurar, estaba en ruinas- y todo el terreno anexo, por el precio de una vivienda en los suburbios de París. Increíble pero cierto. Quizás tengamos que mudarnos a esta penúltima frontera de Europa, nunca se sabe…

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4 comentarios en “Hasta los confines de la France

  1. Que lindo saber de ustedes y tus relatos siempre tan nutridos!!!! Gracias amiga! Coman “moules” de mi parte! Recuerdas en nuestras vacaciones en Bretagne? Mmmmm que rico! Besos y sigue disfrutando!

    Enviado desde mi iPad

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