De campamentos con niñas y niños franceses

La mejor manera de impregnarse de un idioma es hacer inmersión lingüística con sus hablantes nativos. Ángela, mi hija mayor, ha pasado ocho días en Burlats, una minúscula aldea medieval de Midi-Pyrénées, en unos campamentos de teatro musical. Era una de las interesantes propuestas del Instituto Francés de Barcelona que, además de cursos de verano más al uso, también ofrece estancias que facilitan la práctica del francés como lengua vehicular.

Nuestra llegada a Burlats hace nueve días coincidió con una vistosa boda y una colorida concentración de automóviles de época que nos dieron una cálida y alegre bienvenida. RioEl ignoto y pintoresco pueblecito es realmente mínimo, tanto como los otros núcleos de población que forman parte de la Communauté de Communes –valga la redundancia- de Sidobre Val d’Agout, que se han reagrupado para potenciar su oferta como destino turístico. Ubicado en el Parc Naturel Régional du Haut-Languedoc, y reverdecido por las refrescantes aguas del río Agout, Burlats es un lugar encantador donde podríamos disfrutar perfectamente de unas agradables vacaciones en familia.

Aunque cerca de allí se pueden visitar otras localidades más solicitadas del departamento de Tarn, como Castres o Albi, nosotros, una vez que depositamos a Ángela en su maison de vacances, nos dirigimos a Narbona, donde nos dedicamos a callejear lánguidamente por la ciudad que atraviesa el Canal de la Robine, una rama lateral del Canal de Midi que conecta el río Aude con el Mediterráneo. Pasear por los muelles que orillan el Canal de la Robine, es, según los narbonenses, la mejor manera de conectar con el alma de la ciudad. Aunque los dos días por semana en que hay mercadillo, ese alma está bulliciosamente transitada por paradas ambulantes y compradores curiosos.

Narbona fue la primera colonia romana fundada fuera de lo que hoy conocemos como Italia, como proclaman muy ufanos los lugareños en cuanto se presenta la ocasión. En la peatonal place de l’Hôtel de Ville, dominada por ese pétreo vigía que es el Palais des archevêques –especialmente admirable es su torre románica, el Donjon Gilles Aycelin-, pueden apreciarse algunos vestigios de la Via Domitia, la calzada adoquinada que unía la antigua Roma con Hispania. De la época romana se ha preservado también el Horreum romano, el depósito subterráneo de un mercado del que no queda ni rastro en la superficie. Sí que puede –y debe- visitarse, en cambio, el mercado de abastos de Les Halles, que abrió por primera vez sus puertas al público el 1 de enero de 1901. Su elegante estructura metálica de estilo Baltard alberga 70 comercios que atienden tanto a sus clientes habituales como a turistas como nosotros los 365 días del año, desde las siete de la mañana hasta la una de la tarde.

hérculesReposoBurlats está demasiado cerca de Castres como para obviar su visita, así que ayer, día de recogida de Ángela, nos detuvimos allí antes de acudir al espectáculo en el que participaba nuestra hija para despedir sus colonias musicales. El mayor interés de esta curiosa localidad, cuyo patrón es San Vicente de Zaragoza, es el Museo Goya, especializado en arte hispánico. Ubicado en la segunda planta del palacio episcopal del siglo XVII, compartiendo espacio con el ayuntamiento de la ciudad, y con el deliciosamente simétrico jardin de l’Evêché a sus pies, además de algunas obras de Francisco de Goya y Lucientes –quien para muchos fue el precursor de las vanguardias de los siglos XIX y XX-, pueden apreciarse también óleos de Ribera, Zurbarán, Murillo, Sorolla, Zuloaga, Fortuny, Picasso e incluso “El patio de los naranjos” de Santiago Rusiñol y un par de esculturas de Josep Clarà. No obstante, la obra que más me impresionó fue el magnífico “Hércules en Reposo” de Luca Giordano, una de las piezas en depósito del Louvre.

Hasta el 26 de octubre, en el Museo Goya puede visitarse también L’autre visage, Dalí & le livre d’art, una aproximación al excéntrico ampurdanés que se centra en su trabajo como ilustrador para encargos editoriales como “La Divina Comedia” o “El Decamerón”. Siempre me ha impactado la precisión técnica de Salvador Dalí, que le permitía dibujar cualquier idea que imaginara su mente, por estrambótica que fuera. RinoEsta exposición temporal me ha permitido, además, comprobar su excelente trabajo como grabador, desde el extraordinario “Rinoceronte” hasta “Les Caprices de Goya”, la serie de 80 grabados concebidos y realizados expresamente para el museo, de los que pueden admirarse ocho, junto con esos ocho del maestro de Fuentetodos que Dalí reinterpreta.Dali_clavos Además de numerosas visitas gratuitas guiadas durante los meses de julio y agosto –lástima que nuestro horario, muy acotado, no coincidía con la de ayer por la tarde-, después del verano hay programadas tres conferencias y un cineforum sobre la película “Recuerda” de Alfred Hitchcock. Os paso el enlace por si os apetece y se os presenta la ocasión de ir: http://www.musees-midi-pyrenees.fr/musees/musee-goya-musee-d-art-hispanique/expositions/dali-l-autre-visage-dali-et-le-livre-d-art-20140627/

Tras nuestro alto en el camino en Castres, llegamos a Burlats a tiempo para abrazar a Ángela antes de su participación en la obra “Art’s School”, en la que los jóvenes artistas cantaron y bailaron algunos temas de “Hairspray” y “Sister Act 2”, algunos con cierto talento musical y otros perdiendo el paso y desafinando, pero todos con muchísima ilusión. Quienes formábamos parte del entregado público, acabamos bailando junto con niños y monitores “Joyful, joyful”. Realmente nos sentíamos alegres y alborozados, en parte por el animado fin de fiesta, pero sobre todo por regresar a casa acompañados de nuestros cachorros tras su semana larga de recreo. À la prochaine!

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Y el verbo se hizo mujer y actuó ante nosotros

TEATRE_BARCELONA-El_testamento_de_Maria-CARTELL_GRECAyer tuve el privilegio de asistir a la última representación de “El testamento de María” en el marco del Grec 2014, el festival de verano de Barcelona. Hace unos meses, la publicación de esta obra del irlandés Colm Tóibín –que vive a caballo entre Barcelona, Estados Unidos y su país natal- desató cierta polémica: su monólogo teatral es una lúcida aproximación a la esposa de José de Nazaret que desmitifica la figura de Jesucristo.

Reconozco que la elección de la obra estuvo muy acotada por las circunstancias de mi amiga Valery, que tras sus dos semanas de vacaciones en Palamós solo disponía de tres días en mi ciudad. Así que, con las coordenadas “obra de teatro en castellano el 20 o el 21 de julio”, la opción era esta pieza de un solo acto que se representaba en la Capella MACBA. Que, por otro lado, nos interesaba muchísimo a ambas -de otro modo, hubiéramos seleccionado alguna otra actividad-. Hoy, tras presenciar la obra, creo que fuimos guiadas por un mágico orden cósmico, porque ayer tuvimos la inmensa fortuna de gozar de una pieza dramática excepcional.

Una iglesia gótica del siglo XV y otra renacentista del XVI son hoy, junto con un edificio contrafuerte añadido hace 30 años –llámale contrafuerte, llámale pegote infumable-, la Capella MACBA, un espacio sobrecogedor que por él mismo ya merece la asistencia a cualquier evento que acoja. No obstante, ayer ese marco arquitectónico incomparable pasó a segundo o tercer plano, porque se conjugaron tres poderosos factores que lo convirtieron en mero receptáculo de algo mucho más grande: el excepcional texto escrito por Tóibín, la plástica puesta en escena de Frederic Amat y, sobre todo, la arrebatadora, épica, sublime actuación de Blanca Portillo. Porque durante hora y media de conmovedor monólogo en el que solo interactúa con un pictórico escenario que, puntual y metafóricamente, le da la réplica, ese monstruo de la interpretación se cuela poco a poco entre los vericuetos del alma y perturba, convulsiona, zarandea y acaba catapultando al hipnotizado público a un limbo atemporal en el que permaneces varias horas después de que haya finalizado la representación.

María es la amorosa madre judía que está convencida de que aquel hijo al que amamantó solo supo rodearse de locos, pero también la mujer sencilla, iletrada y humilde que le reza a Artemisa y nos confiesa sus angustias y miedos, haciendo gala de una apabullante humanidad. La María que vimos ayer es tan abrumadoramente terrenal, tan disímil y a la vez tan necesariamente suplementaria al mito católico, apostólico y romano, que consigue ser, por fin, un personaje creíble. Aleluya.

El telón de acero de Billy Wilder

Una de las citas que alegran mi verano barcelonés es Phenomena Summernights. Gracias a esta maravillosa iniciativa cinéfila, hoy he tenido el placer de disfrutar de la gran película “Uno, dos, tres” de Billy Wilder.

Antes de la proyección, que empezaba a las nueve de la noche, nos hemos acercado al encantador Café Adonis -Bailén esquina Córcega- para compartir algunos platillos a modo de cena.

One_two_three43Cuando hemos llegado a los Cinemes Girona ya se estaba formando la cola –las entradas no son numeradas-. Se veía un público bastante ecléctico, desde entrañables abuelitas del barrio hasta jóvenes que seguro que no habían visto la película en su vida. No obstante, la sala no se ha llenado del todo, lo que sabe mal porque “Uno, dos, tres” es, como ya he dicho, una gran película. Yo hacía muchísimo que no la veía, y recuerdo haberlo hecho con mi padre, que se reía a carcajadas a mi lado. Es una ácida sátira tanto al comunismo soviético como al capitalismo más rampante, encarnado por la empresa Coca-Cola, paradigma de la american way of life. Nunca llegas a simpatizar con ninguno de los personajes, a cual más odioso –la única que tiene su gracia es la sufrida señora MacNamara- y las frases lapidarias del gran guionista Wilder son, por momentos, lacerantes como un afilado cuchillo.

Supongo que por eso no tuvo demasiado éxito cuando se estrenó, a diferencia de sus dos predecesoras, “Con faldas y a lo loco” y “El apartamento”. Hoy por hoy, el público todavía funciona así: los grandes éxitos de taquilla son producciones comerciales que no pretenden cambiar el mundo –más bien que nos conformemos con el establishment, aunque nos condene a una eterna minoría de edad-, mientras que el cine que cuestiona la manera en que nos hemos acostumbrado a vivir queda restringido a salas minoritarias, de pequeño aforo -nada que ver con los aforados, que sería otro tema-.

Tras la película hemos tenido el placer de poder participar en un cineforum en el que, gracias a Tonio L. Alarcón, coordinador de redacción de Imágenes de Actualidad, nos hemos enterado de que, tras la trepidante experiencia de acelerados diálogos a que le sometió Billy Wilder, James Cagney –cuya formación de bailarín fue infravalorada por la industria hollywoodiense- abandonó el cine. Solo volvió a participar, 20 años después, en la que sería su última película: “Ragtime” de Milos Forman. También hemos reflexionado sobre el precedente de “Ninotchka” de Ernst Lubitsch, en la que Wilder colaboró como guionista, y sobre el admirable trabajo de Alexander Trauner en “El apartamento”, donde, para simular unas oficinas inmensas, falseó la perspectiva y se valió de trucos como disponer hileras de mesas cuyo tamaño disminuía progresivamente y actores de cada vez más baja estatura, hasta llegar a utilizar niños figurantes en la zona más lejana a la cámara. A falta de presupuesto de producción, soluciones ingeniosas.

Al salir de los Cinemes Girona hemos querido cotillear en la vecina  Aigua del Carmen, que casualmente descubrimos ayer en la lista de propuestas de Time Out. Hace poco más de un par de años que sirven sus cócteles y, sobre todo, gintonics –es lo que más abunda en su carta- en un local decorado con esmero: suelo de tarima, arañas de cristal y hasta una bancada de madera de cine antiguo son detalles que hacen que el lugar sea de lo más acogedor. Aunque lo que más me ha gustado de la coctelería ha sido poder escuchar “Yummy, yummy, yummy” de Ohio Express, un tema que me ha dejado pegada a mi asiento porque no lo había vuelto a escuchar desde mi más tierna infancia. Con él os dejo.