Mi preciosísima Vespa Primavera del 83

Querida nueva propietaria de mi primera moto,

Te escribo estas líneas porque la Vespa de la que te enamoraste a primera vista viene con un extra: un bonito currículum emocional que he pensado que, quizás, te gustaría conocer. Así que lo comparto contigo.

En su juventud, mi padre recorrió miles de kilómetros en su Lambretta. Incluso viajó con ella a Portugal para visitar a una novia que tuvo antes de conocer a mi madre. En su opinión, esa scooter legendaria era mejor que la que fabricaba Piaggio: mientras que el motor de la Lambretta estaba centrado, el de la Vespa, en cambio, estaba instalado en un lateral, lo que en cierto modo la desequilibraba. Por lo menos eso me explicó mi padre. No obstante, en mi adolescencia, hace 30 años, la moto prototípica era la Vespa y, por otro lado, su adorada moto milanesa tampoco se comercializaba con tanta profusión como antaño.

Durante los veranos que pasábamos en la casa que mis padres tenían en Montserrat, todos nos movíamos por caminos de montaña en moto –mi hermana y yo de paquete-. Sin licencia. Sin casco. Sin teléfono móvil. Tragando polvo y algún que otro bichejo volador. Qué maravillosa sensación de libertad.

Por fin, llegó el esperado momento de mi motorización. Mamá, aterrorizada, quizás visualizándome en un catastrófico accidente a causa de ese recurrente pánico que todas las madres padecemos respecto a nuestros retoños, se opuso con vehemencia. No obstante, papá la convenció con una sola frase: “Me fío más de ella que de cualquiera de esos amigos suyos con los que va de paquete”. La decisión ya estaba tomada. ¡Viva!

En 1983 se llevaban las hombreras y en la radio sonaban “Moonlight Shadow” de Mike Oldfield, “Blue Monday” de New Order y “Change” de Tears For Fears, aunque el temazo que triunfaba en todas las pistas era “Last Night A DJ Saved My Live” de Indeep –que nosotras tarareábamos como “las maravillas de bailar”-:

Yo cumplía los 16 en agosto y Tráfico cerraba ese mes por vacaciones, así que tuve que pasar otro verano más sin moto. Mi padre era así, muy legal. Por fin, llegó septiembre. Aprobé el examen de conducción y el de circulación y, ya con mi permiso A-1 en mano, fuimos a por mi nueva y flamante Vespa Primavera. Qué preciosa era. Qué preciosa es, ¿verdad?

vespa-primavera-1Empecé 3º de BUP y abandoné el autobús como medio de transporte: lógicamente, prefería utilizar mi nueva moto para moverme por Barcelona. La cabeza, bien protegida con un casco integral –innegociable en casa que llevara uno de esos cascos tipo orinal-. Siempre acompañada, por mi hermana o por alguna amiga. Siempre feliz. Y cada verano, 50 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta para desplazarme en Vespa durante mis vacaciones en Montserrat. Incluso paseé con ella por Ibiza: la embarqué conmigo cuando me escapé una semana a Figueretes con dos amigas de la facultad.

Años más tarde, mi hermana heredó esa moto. La cuidó amorosamente, como has comprobado tú misma. Fue repintándola, retapizando el asiento y añadiéndole preciosos accesorios. Hasta hoy. Fue allí precisamente donde te topaste con ella: en su última puesta a punto en el taller.

Mi padre falleció hace 14 años. Uno de los recuerdos que nos queda de él, porque formaba parte de esas pequeñas cosas que él adoraba, es la Vespa Primavera que ahora será tuya. Confieso que una parte de mí está triste por ello. Pero, por otro lado, también reconozco que me reconforta que seas justamente tú, y no otra persona, su nueva dueña. En cierto modo, es como pasarte el relevo: una moto así no merece ser pieza de museo, sino permanecer en marcha. Facilitar la movilidad de alguien. Bueno, de alguien no, de ti. La has deseado durante largo tiempo. Y la quieres para un obsequio muy especial: el regalo de boda de tu futuro marido. Así que, después de todo, no podría estar en mejores manos. Es bueno que sea así.

Gracias por haber empezado a quererla un poco. Espero que seas tan feliz con ella como lo fue mi padre al regalármela y como lo hemos sido mi hermana y yo disfrutándola. Y, por favor, cuídala bien: es un poco como de la familia.

Felices kilómetros por delante. Ahí fuera, en la calle. Pero, sobre todo, en lo mucho que os queda por vivir juntas.

Anuncios

2 comentarios en “Mi preciosísima Vespa Primavera del 83

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s