Un paladar en el Turó Park

Ayer mi queridísima Eva rizó el rizo del más difícil todavía y nos regaló una velada que superó, de largo, cualquier expectativa. Se trataba de la despedida de Lourdes De La Sota, que desde Volkswagen-Audi España salta al merecidísimo estrellato de las alemanias y se instala en el país teutón por una larga temporada. Así que allí fuimos el equipo Mostaza y nuestros colegas de Nexe, bien acompañados por nuestras parejas.

Se nos convocó en un lugar que no puedo ni quiero desvelar, de otro modo dejaría de ser un restaurante secreto. Una joven tan guapa como encantadora nos acompañó, desde el portal, hasta la vivienda familiar, que en noches como la de ayer se convierte en un restaurante privado en el que no falta de nada: dos o tres ambientes diferentes –uno de ellos se habilitó improvisadamente como zona de humos, nunca entenderé el tabaquismo pertinaz-, una iluminación cuidada y acogedora y una decoración tan curiosa como reconfortante.

Llegamos los últimos. Y reconozco que nos demoramos con conocimiento de causa: simplemente no contemplamos como posibilidad, ni siquiera remotamente, que la impuntual Eva acudiera, por una vez, no solo a tiempo, sino incluso con media hora de adelanto, oh maravilla de las maravillas. Así que, en cuanto hicimos acto de presencia, nos dirigimos todos al comedor.

Había tres mesas dispuestas primorosamente para acoger a los 24 comensales, dos grandes y una más pequeña, de cuatro, en la que nos instalamos. Tras los emotivos parlamentos de la anfitriona y la homenajeada, fueron llegando viandas exquisitamente preparadas: jamoncito rico, foie a la plancha, huevo revuelto con trufas al Jerez, lubina con tartar de tomate, magret de pato con cebolla caramelizada y patatitas… Abundó el vino durante la cena y nos sirvieron de postre un exquisito pastel de hojaldre relleno de crema, aunque el postre de verdad fue lo que todavía estaba por llegar.

En efecto, de repente aparecieron en la sala dos actores. Uno de ellos era Víctor, que no es su verdadero nombre, pero así se llamó cuando formó parte de la presentación de Lourdes en la convención de 2011. Víctor y su compañero representaron ante nosotros, atónitos comensales, una pequeña pieza teatral sobre las filias y las fobias de dos hermanos, asesinato por envenenamiento incluido.

Fiesta 3Pero todavía había otra sorpresa-bombón, el broche de oro final: la actuación de Antonia, una jovencísima cantante londinense -23 primaveras- de voz prodigiosa, belleza silvestre y encanto irresistible. Todos, tanto hombres como mujeres, nos quedamos prendados de ella. De hecho, creo que incluso podría enamorar a perros, gatos, ornitorrincos o cualquier bicho viviente. Tiene ángel y un aura de criatura celestial.

La voz aterciopelada de Antonia nos invitó a dejarnos llevar por la música, a deslizarnos sinuosamente bajo aquella media luz, a ser verdadera aunque efímeramente felices mientras la escuchábamos. Jamás había disfrutado antes de un espectáculo de música en directo tan cercano, tan íntimo, tan especial.

Fue una noche mágica, aunque no única, porque seguro que vendrán muchas más, ¿verdad, Eva?

Hasta luego, Lourdes.

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