Si tú me dices ven lo dejo todo y me planto en Artà

Mi prima Marta, que viste originalísima ropa de colores y sería una excelente interiorista –lástima de talento desperdiciado-, trabaja y reside en la localidad mallorquina de Artà desde hace un par de meses. Como está recién separada y la noté algo pachucha, volé a su encuentro para animarla un poco. Literalmente, claro: tomé un avión de Ryanair y me fui allí a pasar el fin de semana.

Debo reconocer que me he reconciliado con la aerolínea low cost irlandesa. Tras mi última y desastrosa experiencia con Vueling, decidí arriesgar y, mira por dónde, quedé gratamente sorprendida. De repente, todo el personal de Ryanair se ha vuelto afable, obsequioso, sonriente y solícito –incluso llegué a preguntarme dónde estaba la cámara oculta-. Te permiten llevar encima un pequeño bolso además de la maleta de mano -¡increíble, dos bultos sin tener que facturar!- y la tarjeta de embarque incluye asiento numerado sin extracoste. El único contratiempo fue que, al finalizar el trayecto Barcelona-Palma, como había turbulencias, más que aterrizar, casi nos incrustamos en la pista de Son Sant Joan. Nobody’s perfect.

Mi escapada mallorquina ha sido muy de estar por casa. Más que para hacer turismo, el motivo de mi visita era disfrutar de dos días con mi prima, así que enseguida me mimeticé con los lugareños y repartimos nuestro tiempo juntas entre Manacor, Cala Ratjada y, por supuesto, Artà.

majorica_workersManacor es una ciudad en mi opinión soslayable, a no ser que te pirres por las perlas –no es mi caso- y desees visitar la planta de producción de Majorica, donde a sus perlas falsas las llaman pomposamente perlas orgánicas fabricadas por el hombre, como si no hubiera ninguna empleada dedicada a ello –solo les faltaba apostillar para adornar a la mujer-. De hecho, las primeras perleras de Majorica –mujeres y niñas que trabajaban de diez a doce horas diarias- protagonizaron, en 1903, una de las primeras huelgas femeninas a nivel estatal. Y eso que la alemana familia Heusch se había trasladado a Mallorca huyendo de las revueltas sociales de Barcelona, donde habían fundado su negocio en 1892.

A la salida de Manacor –o a la entrada, según se mire- hay una de esas enormes tiendas Müller que se han propagado por la isla cual pequeña plaga, aunque, que yo recuerde, hace doce años –cuánto tiempo llevaba sin pisar la isla- todavía no existían. Supongo que no debería sorprenderme: no sé si será otra leyenda urbana, pero pulula la creencia de que muchos alemanes consideran a Mallorca como el lander número 17. Lo cierto es que cualquier cartelería isleña incluye siempre tres idiomas, catalán, castellano y alemán.

Cala Ratjada es, como quien dice, el puerto de Capdepera y donde se concentra buena parte del turismo estival de la zona. Como suele suceder con los desastres arquitectónicos perpetrados para albergar turistas a toda costa –nunca mejor dicho-, Cala Ratjada en invierno tiene un aspecto desangelado, tristón y un punto hortera, aunque sus establecimientos no están cerrados al 100%, cosa que se agradece enormemente en febrero.

A pesar de carecer de encanto alguno y de necesitar una limpieza más a fondo, el restaurante Can Maya ofrece unas bonitas vistas al puerto e ingredientes de calidad –delicioso el filete de gallo, aunque el pimiento y la cebolla de mi plato de verduras a la brasa, por lo demás muy sabrosas, estaban crudos-.

Ya entrada la noche, el Café 3 es un bar de copas sin pretensiones, con camareros simpáticos y clientela fija que, como es habitual en esta época del año, en su mayoría son viejos conocidos del lugar. Tras distraernos un poco a costa de algún que otro personaje allí presente –nos pasamos un buen rato intentando adivinar si un ser de sexo indefinido era un hombre con pinta de abuela, a lo Paul McCartney, o simplemente una alemana hombruna, que es lo que realmente era-, nos invitaron a unos chupitos cuatro mozalbetes –de veintiescasos a treintaypocos- que se conocían de jugar juntos a fútbol desde pequeños y hablaban con un encantador acento mallorquín –adoro escuchar el català de ses illes-. Marta seguro que vuelve al Café 3 más pronto que tarde, a mí me pilla un pelín lejos.

No obstante, de mi breve estancia en la Comarca de Llevant me quedo con Artà. Pese a estar prácticamente desierto en estas fechas, es un pueblecito con encanto que estoy segura de que en primavera lucirá, en todo su esplendor, sus pequeñas casitas típicamente mallorquinas, sus calles peatonales y sus alrededores tan mediterráneos. Se agradece que no hayan prosperado allí esos mamotretos de cemento que han asolado otros rincones de la isla.

El café-restaurante Sa Grípia, en la calle de la Rosa número 1, es una muy buena opción para cenar. Además de ubicarse en un espacio acogedor y con mucha personalidad, la camarera que nos atendió fue amabilísima y los platos que escogimos, excelentes –a destacar las exquisitas berenjenas rellenas de setas-. Desde allí vale la pena acercarse al número 20 de la calle Antoni Blanes, donde se esconde el Bar Total, una coctelería muy elegante con una amplia variedad de tónicas y ginebras.

En invierno, el domingo por la mañana Artà parece un pueblo abandonado. Pues no. Lo que pasa es que absolutamente todo el mundo está desayunando en la cafetería Almudaina, también denominada por las viejecitas del lugar como bar dels deixats, ya que, según ellas, allí se reúnen los hombres dejados por sus parejas -Marta, tendrás que investigarlo-. En la Almudaina cualquier bocadillo que pidas, también para desayunar, te lo sirven con aceitunas sevillanas y, si no especificas que lo quieres pequeño, te plantan en el plato media barra de pan rellena de tropecientas cosas. Yo pedí uno de atún y me lo sirvieron con juliana de lechuga, rodajas de tomate, alcaparras y las ya mencionadas aceitunas. Como curiosidad, el batido de chocolate local –nuestro Cacaolat de toda la vida- se llama Laccao.

Con un desayuno así entre pecho y espalda, una se atreve a casi cualquier cosa, incluso a bordear el litoral desde Cala Millor hasta Cala Murada –indescriptible ese chabacano horror de dimensiones estratosféricas llamado Cales de Mallorca-. Entre tanto, descubrí una letra inverosímil del inefable Melendi –a mi prima le gusta escuchar radiofórmula mientras conduce-. No lo pude evitar. En cuanto oí “tu amor de garrafón”, permanecí atenta al resto del engendro musical y mis orejas captaron, muy a su pesar, la que quizás sea la estrofa más deleznable que se haya pergeñado en el último lustro: “mis sentimientos van en chándal y los tuyos visten de Dior”. Digo yo que de tanto plancharse el pelo se le han chamuscado las neuronas.

Suerte que, de camino al aeropuerto, nos detuvimos en Llucmajor para comer. Me crié cerca de la plaza Llucmajor de Barcelona, en Nou Barris, y me hacía ilusión conocer la población, que no me defraudó. Escogimos un restaurante situado en el número 17 de la plaza de España, el Café Colón, y tuvimos la suerte de sentarnos en una mesa junto a los grandes ventanales que daban a la calle. Compartimos una inmensa ensalada de salmón ahumado con salsa de eneldo –en la mezcla demasiada mayonesa, además la odio- y ambas pedimos las manitas de cerdo, que para nuestra sorpresa iban acompañadas de patatas fritas de las de verdad, cortadas a mano, en su punto de cocción, sin chorrear aceite y deliciosamente saladas. Casi se nos saltan las lágrimas de la emoción. Así que me las tuve que comer, a pesar de mi colesterol. Qué buen sabor de boca antes de partir, ¿verdad?

No obstante, todo tiene su contrapunto. Porque tiene guasa que haya visitado Mallorca el mismo fin de semana que esa pequeña campechana que confía en su marido. Y que la susodicha haya anidado, con sus rubias larvas, en Suiza, paraíso de evasores y evadidos.

Pero no pasa nada. Nunca pasa nada. Seguro que el próximo verano los reales parásitos continúan disfrutando de Marivent con aquella desfachatez. Para ellos, para siempre jamás, como cantaban Los Mismos, será maravilloso viajar hasta Mallorca.

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2 comentarios en “Si tú me dices ven lo dejo todo y me planto en Artà

  1. Ayyyyy recuerdo las vacaciones con Marta! Amiga que bonito que la hayas ido a visitar! Eres un cielo! Un tesoro!

    Besos amiga, gracias por compartir y contarnos tantas cosas de una manera tan especial!

    Val

    Enviado desde mi iPad

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