Estado de Objeción

Hoy ha llamado un tipo que se ha identificado como empleado del Instituto Nacional de Estadística (INE). Me conminaba a que nuestra microempresa entregara la encuesta que habían enviado tanto por correo electrónico como por correo ordinario -vaya a ser que no te des por enterado-. Y como garantía de tal encuesta, me informaba de que él representaba a un organismo público, no a una entidad privada -reconozco que tanto protocolo me ha dado mala espina-. Yo no sabía de qué me estaba hablando porque no soy la administradora y la comunicación duplicada no se había dirigido a mí, así que le he respondido que ya la enviaríamos si teníamos tiempo y si no, pues no. “En ese caso, tendremos que sancionarles”. En ese momento me hubiera gustado ser una brillante abogada para denunciar al estado por coacción, aun a riesgo de acabar como Baltasar Garzón. Pero no lo soy. Si creyera en la reencarnación, me pediría serlo en mi próxima vida. Pero tampoco: soy una descreída. Cuántas contrariedades en un solo día.

La susodicha encuesta -que en realidad no es tal encuesta, sino una lista interminable de casillas que es necesario rellenar con innumerables datos contables, o sea, un formulario- digo yo que servirá para que los preclaros hombres y mujeres del INE puedan lanzar proclamas del tipo “el 99% de pymes facturan menos de tropecientos millones de euros al año” o “el 99% de las grandes empresas tienen su sede en paraísos fiscales” -eso no se les escapará nunca, pero, puestos a elucubrar, conjeturo lo único que me apetecería saber-.

Los cráneos privilegiados del INE -o de quienes dicten sus órdenes- podrían haber buscado otra fórmula para recabar esos datos. Por ejemplo, incentivar la colaboración en lugar de penalizar la insumisión. O analizar ellos mismos la documentación que entregamos, año sí, año también, tras cada cierre fiscal. O aplicar la creatividad para que una tarea que, obviamente, no quieren hacer ni ellos porque es un auténtico peñazo, se convierta en algo atractivo, ilusionante, prometedor. Ah, no, que ellos solo trabajan con tabulaciones y parrillas.

A mí estos episodios no hacen más que acentuar mi vena anarquista, que últimamente está abandonando su estado de latencia y transmutando hacia un estado de efervescencia y convulsión. Por culpa del estado, valga la redundancia. Un estado que coacciona, ordena, controla, amenaza y chantajea. Que, entre otros abusos de autoridad, coarta mi libertad de elegir si colaboro o no con el INE. Porque podría pasar que no quisiera. De la misma manera que nunca doy mi permiso para que mis hijas salgan en fotos panfletarias del conseller de turno inaugurando el camí escolar o visitando el colegio.

Ahora mismo me encantaría poder montar una pequeña república independiente en algún lugar remoto. La llamaría Estado de Objeción. Sería bonito:

– ¿Y tú, dónde vives?

– En Estado de Objeción. Permanentemente.

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2 comentarios en “Estado de Objeción

  1. Genial!!! Me encantan tus pensamientos! Es increíble como siempre tienes un tema que puedes expresar tan bien, tan revolucionariamente, tan bien pensado!

    Besos cansada pero quería igual leerlo antes de dormirme Besitos amiga!

    Ya no falta nada para verte!,,,,

    Enviado desde mi iPad

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