No me busquéis en Argelès-Sur-Mer

A pesar de haberlo intentado fervientemente -por desgracia demasiado tarde-, el fin de semana pasado mis amigas y yo tuvimos que abandonar la idea de pernoctar en la solicitadísima Collioure, así que optamos por un hotel de la playa de Argelès-Sur-Mer que era mínimamente aceptable según la valoración de TripAdvisor -ya no reservo nunca sin consultar previamente allí-.

La fachada marítima de Argelès-Sur-Mer es una ecléctica mezcla de edificios funcionales y construcciones inverosímiles, a cuyos pies se extiende un arenal tan vasto que me hizo pensar en largas carreras bajo el sol para alcanzar el agua en lo más duro del caluroso verano -una auténtica pesadilla-. Separando ambos mundos, un rectilíneo paseo jalonado de pinos discurre a lo largo de esa inmensa, apabullante playa, y proporciona al turista un efímero paréntesis de íntima felicidad.

A finales de septiembre, las calles de la zona comercial del puerto de Argelès se ven tan desangeladas como cuando se acaba la temporada de verano en Port d’Alcúdia o Calella de la Costa. Es un déjà vu del litoral mediterráneo más degradado: tiendecitas de souvenirs espeluznantes, restaurantes con menús turísticos, bares con neones imposibles, take-aways de pizzas y kebabs… Cenamos en el establecimiento que nos pareció más aceptable -más bien merendamos, estábamos hambrientas y nos adaptamos al temprano horario francés con gran agilidad- y la experiencia fue gratamente sorprendente, salvo el pésimo Tequila Sunrise que se me ocurrió pedir como aperitivo: qué manía de ponerle a los cócteles azúcar a gogó -desde ya, los cócteles, solo en el Stinger-.

No eran ni las nueve de la noche cuando iniciamos el camino de regreso al hotel por el mencionado paseo marítimo. Cuando habíamos recorrido más de la mitad del trayecto, vimos a un hombrecillo a nuestra derecha -lado playa, pero mirando hacia el interior- que, con los pantalones bajados y la mirada de estornino, intentaba rendirle a Onán su particular homenaje. Aunque le ignoramos y pasamos de largo, en cuanto se percató de que continuábamos como si tal cosa por el paseo, que se adentraba en una especie de bosquecillo sin demasiada iluminación, agarró los pantalones como pudo con la mano que le quedaba libre y empezó a perseguirnos correteando, mientras su cinturón repiqueteaba contra el suelo. Tenerle cerca era tan patético como repugnante: aunque le increpamos reiteradamente para que nos dejara en paz, tuvimos que alejarnos de allí -nosotras no íbamos con la ropa arremangada y teníamos las manos libres para darnos impulso, lo que nos daba cierta ventaja- hacia una zona más iluminada para que desistiera.

A las nueve y cuarto llegamos a nuestro hotel, todavía asqueadas y estupefactas, y nos encerramos a cal y canto en la habitación. Oímos unos golpecillos, pero no les dimos importancia hasta que empezaron a transformarse en lo que parecía una pequeña batalla campal. Empezábamos a pensar que aquel estruendo in crescendo era fruto de un episodio de violencia doméstica cuando nos pareció que llamaban a la puerta. No hicimos caso porque no esperábamos visitas -aquella noche, menos que nunca-, pero volvieron a llamar. Sí, alguien golpeaba suavemente sus nudillos contra la puerta de nuestra habitación. Un poco inquietante, ¿verdad? Pero abrí. Era una de las empleadas de la recepción, quien me comentó -más bien me susurró- que los inquilinos de la habitación de arriba se habían quejado de nosotras -¿los mismos que tiraban muebles contra el suelo para protestar por nuestra simple presencia?- y que si, por favor, podíamos hablar más bajo (!). Yo le contesté que eran las nueve y media de la noche, que solo estábamos conversando -aunque reconozco que mi voz se parece a la de Bárbara Rey- y que ni siquiera habíamos encendido la tele. Y ella, desolée, desolée, que aquellos huéspedes eran muy mayores y que por favor, por favor, por favor. O sea, como en el Monasterio de Silos, pero con un perturbado merodeando semidesnudo por los alrededores.

Tomad nota: Grand Hôtel du Lido, qué gran hallazgo.

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4 comentarios en “No me busquéis en Argelès-Sur-Mer

  1. Genial!!! Que experiencias! Es increíble, no sólo siempre tienes cuentos para contar sino que de todas las cosas sabes hacerlos cuentos para contar… Se no es el caso porque este si que es un tremendo tema para contar…. Jajajaja Me encanta leerte!!!!! Gracias por compartir! Besos!!! Escribe algo sobre la velada del cumple de tu maridin!!! Me encantaría verlos esa noche! Besos amiguita

    Enviado desde mi iPad

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